Si cierro los ojos en estas madrugadas frías y sobrecogedoras, aún puedo escuchar la voz de mi madre. Mi madre tenía una voz alegre que ni la enfermedad logró arrebatarle. Esa es la voz que yo escucho cuando todo está en silencio y dejo de leer o escribir por unos instantes. Y que, en días como hoy, decía qué bien huele en la cocina, qué música es esa, qué mantel tan bonito... Esa es la voz que escucho cuando cierro los ojos y que es la voz de mi madre cuando entraba por la puerta de esta casa la última noche del año, mi preferida de todo este agotador periplo navideño. Hace dos años que escuché esa voz por última vez en Nochevieja. No sabíamos que iba a ser la última Nochevieja juntos, pero lo celebramos como si lo hubiésemos sabido porque con mi madre, y la enfermedad siempre vigilando, aprendí a hacerlo todo de esa manera. Otra lección aprendida, aunque ella no era dada a dar lecciones ni monsergas de ningún tipo. Era una mujer práctica y cariñosa, generosa y vital, que agradecía cada día en este mundo como si en realidad también fuese el último. Todo ha dejado de tener un poco de sentido desde que ella no está, pero sé que tengo una familia que me necesita tanto como yo a ella. Por lo tanto, debo avanzar en mi camino. Y eso es lo que hago: avanzar. Unas veces con más facilidad que otras, pero los superhéroes sólo existen en las películas. Y, a diferencia de aquella maravillosa película de Woody Allen, nadie sale de ellas (desgraciadamente).
martes, 31 de diciembre de 2024
La voz de mi madre
domingo, 29 de diciembre de 2024
Sigrid Nunez
He leído muchos libros este año. He escrito artículos sobre ellos en El Cuaderno o los he mencionado de alguna u otra manera por aquí. Todavía no he podido leer los libros que compré en las semanas anteriores y posteriores a la muerte de mi madre (y, entre ellos, hay varios de amigos a los que aprecio y valoro). Así son las cosas que se nos escapan. Les llegará su turno en cualquier momento, no lo dudo. He leído libros buenos, muy buenos en ocasiones, pero si tuviese que señalar un descubrimiento total, uno de esos similares a los deslumbramientos de la juventud, señalaría los libros de Sigrid Nunez, a quien no había leído previamente. Puede que no sean lecturas fáciles. Puede que sea una de esas autoras a las que amas o te dejan frío e indiferente, sin términos medios. Pertenezco, como digo, al primer grupo. Y me muero de ganas de leer sus nuevas publicaciones.
miércoles, 25 de diciembre de 2024
El abuelo Tomás, treinta años después
"Tengo cinco años y voy con mi madre a ver a mi abuelo al centro de rehabilitación donde está ingresado. Las visitas están permitidas un día a la semana, supongo que serán los sábados o domingos, aunque esto no lo recuerdo con exactitud. El abuelo dice que está bien. Tiene buen aspecto, sigue siendo un hombre muy atractivo. Tiene un aire importante a Gary Cooper, aquel actor de aspecto muy masculino nacido en Montana en 1901. Hace bromas. Ríe. Me pregunta por el colegio. Nos dejan pasear por los jardines, sentarnos en los bancos, jugar en los columpios y beber refrescos de cola con una piedra de hielo y una rodaja de limón puesta con desgana."
domingo, 22 de diciembre de 2024
Los propósitos y la música
Podría pedir muchas cosas, pero sé que la única que deseo con todas mis fuerzas no me va a ser concedida ni en el más desmedido de los propósitos. La realidad siempre se impone, nos pongamos como nos pongamos, eso que vamos aprendiendo. Así que no me molesto y no pido nada. Que la vida -si puede, si sabe- me sorprenda. Hay que aprender a relativizarlo todo y dejar el mundo correr: todo eso que vas aprendiendo con los años. Tengo salud (con sus pequeñas y llevaderas historias), amor y ganas de seguir escribiendo (y gentes que desean leer eso que estoy escribiendo: no es poca cosa). Toco madera. Días duros para nuestras familias. Las sillas vacías. Pero habrá que hacer todo lo posible por seguir adelante. Y pienso hacerlo, lejos o cerca. Seguir adelante con dignidad y serenidad, también eso os deseo a quienes pasáis habitualmente por este muro. Queda, como siempre, la música.
miércoles, 18 de diciembre de 2024
Marisa Paredes, la hija de la portera
La vida se puede romper de un momento a otro. Un dolor inesperado y se baja precipitadamente el telón. Sucede todos los días, en todas las partes del mundo, a cualquier hora del día o de la noche. Todos estamos sobre esa cuerda floja, que nadie se engañe. Ayer, cuando ya estaban anunciadas las fechas para su próximo espectáculo teatral (un monólogo, 'Cargada de futuro', de la mano de su amigo Lluís Pasqual), le tocó a Marisa Paredes. 78 años. La hija de la portera, decía con orgullo. La hija de la portera, convertida ya en diosa, seguía siendo la hija de la portera. Siempre tenía el agradecimiento a su madre en la boca, en aquellos labios casi siempre pintados de rojo. Lo que viene a explicar muchas cosas, y todas ellas buenas. De jovencísima actriz hasta ese vídeo que colgó en las redes el festival de Cannes a modo de homenaje al enterarse de la noticia de su muerte. Ahí es nada. Marisa, en la interpretación, podía ser pobre o rica, feliz o desgraciada, transparente o misteriosa. Modular aquella maravillosa voz a su antojo. O al antojo de directores y poetas. Marisa, en la vida real, como le dijo Carmen Maura, podía ser la duquesa de Alba con un vestido de tres pesetas. Hay cosas -la elegancia, el porte, la actitud, la integridad...- que, afortunadamente, no hacen diferencias entre las clases sociales. Marisa era mucha Marisa, y complicado es quedarse con uno de sus papeles. Ella sostenía que 'Tras el cristal' y 'La flor de mi secreto' eran sus mejores interpretaciones. Y aquí hoy no vamos a contradecirla. Aunque pudiese ser las divas de 'Tacones lejanos', 'Sonata de otoño' y 'Todo sobre mi madre' o las mujeres de la tierra de 'El olivar de Atocha', 'Las bicicletas son para el verano' o 'El cojo de Inishmaan'. El abanico podía ser infinito. Como el talento y la capacidad de comprender a quien se tiene enfrente. "Dame una copa y yo haré que sea Nochevieja", le decía a Juan Echanove al final de 'La flor de mi secreto'. Esa era su magia (la magia de las grandes): hacer que fuese Nochevieja aunque estuviésemos en lo más tórrido del verano.
lunes, 16 de diciembre de 2024
Lo mejor que me ha pasado este año
Lo mejor que me ha pasado este año (literariamente hablando): publicar Mi madre y yo, el trato de las librerías (mención especial para Leticia Sánchez Ruiz, que, en la presentación de Oviedo, dada la temática y el parecer de la escritora, colocó mi libro al lado de los de Ricardo Menéndez Salmón, Umbral, Joan Didion o Sergio del Molino), la poderosa reseña de Ernesto Calabuig García y la buena acogida que tuvo entre todas las personas que me hicieron llegar a través de diversos medios su opinión. Gracias y que los próximos días os sean propicios.
domingo, 8 de diciembre de 2024
John Lennon, cuarenta y cuatro años después
La primera vez que uno visita Nueva York se siente tan impresionado y tan insignificante que, después del primer contacto (siempre un poco atolondrado y a la deriva), lo más sensato es sentarse en un banco, respirar hondo, ver a la gente pasar como si estuvieras en una de esas películas que conforman nuestra memoria y empezar de nuevo. Trazar líneas, emborronar mapas, y ser consciente de que tendrás que volver muchas veces para comprender la verdadera dimensión de una ciudad casi inabarcable. También tienes que ser consciente de que no te vas a encontrar a Lauren Bacall (entonces, en aquella primera visita, aún vivía) paseando a su perro por Central Park. Ni siquiera, por mucho que lo desees, vas a verla saliendo del Dakota cuando tú pases por allí. Si acaso, y serás ya un afortunado, te encontrarás con una mendiga arrastrando un carrito con sus pertenencias que tiene un aire lejano a la diva y que, con suerte, tuvo alguna vez un minúsculo papel en una obra de Broadway muchos años atrás, cuando todavía era rubia y estaba lúcida y sobria. Pero estás ahí (ahora estoy ahí de nuevo), delante del Dakota con el agradable aire de principios de septiembre y la cara de pocos amigos del portero del edificio. Ese portero que mide dos metros y te mira como si fueras a sacar una pistola del bolso en cualquier momento y hacer una imitación de Travis Bickle como los adolescentes de los 80 las hacían de Michael Jackson. Estás ahí porque es el domicilio de la Bacall, porque es el escenario de 'La semilla del diablo' y porque es el lugar donde mataron a John Lennon. Qué más puede pedir un mitómano. ¿En qué punto aquel tipo acabó con su vida? Ni se te ocurra preguntarle al portero. En realidad, la pregunta es un poco morbosa. Sin embargo, sabes que en ese trágico momento comenzó la leyenda, si es que no había empezado ya algunos años atrás. Los Beatles, la disolución del grupo, la paz, el amor, Yoko Ono, un puñado de buenas canciones y todo eso que nadie ha olvidado. Han transcurrido cuarenta y cuatro años. Y ahí sigue, en camisetas y memorias colectivas, convertido en icono indiscutible, casi arrollador. Un mito más fuerte que el márketing que le rodea, aunque alguna gente pueda pensar lo contrario. En tardes melancólicas o en noches de insomnio, escuchando ese puñado de brillantes canciones, permanece lo que nos importa: la música.
miércoles, 4 de diciembre de 2024
La madre de Íñigo
Me despedí de ella el lunes, en el hospital, noche cerrada de invierno en el norte. Le cogí la mano, tibia aún, y le deseé un buen viaje. Ya no podía oírme. La madre de Íñigo. Era elegante, divertida, comunicativa, inquieta, habladora, cariñosa, alegre, vasca por los cuatro costados, gran anfitriona. Una de esas mujeres que siempre se traen entre manos muchas cosas, muchos proyectos, muchos planteamientos, muchas ideas. Como si la vida nunca tuviese fin. Lecturas, cines, óperas, viajes, presentaciones (nunca se perdía las de mis libros), cafés con las amigas, comidas con antiguas compañeras del colegio o de la universidad, largas sobremesas con la familia... Todo era un gran acontecimiento para ella. Todo le hacía disfrutar. Se modernizaba con los tiempos, nunca quedaba atrás. Muchas veces le decía que si tuviese una cámara, la iba a convertir en una estrella (que ya lo era a su modo). Pero nunca tuve una cámara y ahora el tiempo se ha agotado. Algo que, en su caso, parecía imposible. Como si la vida.
domingo, 1 de diciembre de 2024
Los años nuevos
No habla del amor, sino de su destrucción. O eso imagino tras ver el quinto y apabullante capítulo de la serie: tan triste, tan demoledor. Y aquí (atención personas sensibles: pequeño spoiler) es necesario hacer alusión a ese momento de sexo (la chica masturbando a su pareja): no se sabe si hace más frío en las calles sombrías y nevadas o dentro de la habitación de ese hotel de Berlín. Ese momento puede resumir perfectamente todo lo que no vimos desde la Nochevieja anterior. 365 días que cada uno debe imaginar para ajustar el puzle, para completarlo. Me imagino que los cinco capítulos que quedan se centrarán en esa destrucción. Del amor, que también lo hay evidentemente, más que hablar se expresa a través de las miradas y las pieles, capítulo dos (aunque es el menos interesante, resulta necesario para la narración) y capítulo tres respectivamente. El amor y también el caos que siempre supone vivir (todo lo que rodea a los enamorados). El capítulo cuatro, centrado en la cena del último día del año con la familia, es antológico. Y qué bien recuperar el talento de Ana Labordeta para este medio. En realidad, empezando por los protagonistas, todo el reparto está espléndido. Sobre todo, ellos, claro, los protagonistas, Iria del Río y Francesco Carril: cómo evolucionan sus personajes, cómo se afianzan, cómo miran y dejan de mirar. Otro gran Sorogoyen. El más intenso me atrevería a decir, dado el tema que trata y con esa segunda parte aún por ver.
lunes, 25 de noviembre de 2024
Caleb Landry Jones
Primero vi 'Dogman', de Luc Besson, que es salvaje y despiadada, y luego 'Nitram' (basada en hechos reales), de Justin Kurzel, más sutil pero igual de buena. Las dos están protagonizadas por Caleb Landry Jones: qué descubrimiento, qué pedazo de actor, qué carrera -viendo lo visto y teniendo en cuenta que nació en 1989- le espera si sigue en esta línea. Dos personajes diferentes, sin medias tintas y con un nexo en común: ambos están al borde. Al borde de todo y por distintos motivos. Por 'Dogman' se merece todos los reconocimientos del año, y por 'Nitram' se llevó el premio en Cannes en 2021. En esta última, la gran Judy Davis -cómo fuma, cómo mira, cómo susurra- recrea una de esas madres inolvidables. Anthony LaPaglia, en el papel de padre perdedor y vulnerable, también está perfecto.
lunes, 18 de noviembre de 2024
La literatura de Àlvaro Pombo
Lo sé desde mis tiempos de librero: Álvaro Pombo no es un escritor para todos los gustos. Por mucho que mi entusiasmo se empeñara, incluso con lectores y lectoras de buen nivel, no había manera: lo intentaban con mi encendida recomendación, pero no repetían. El mundo de la literatura es complejo y cada cual, evidentemente, tiene sus gustos. La labor del librero es mostrar su entusiasmo, pero no insistir si la cosa no funciona. Supongo que Pombo, como tantos otros creadores de primer orden, es uno de esos autores que si lo amas lo amas mucho y si no, poca cosa o apenas nada. Yo guardaba silencio y pensaba: ustedes se lo pierden, qué le vamos a hacer, mientras aguardaba impaciente la nueva novela del santanderino. Pombo tiene novelas deslumbrantes. 'El metro del platino iridiado', 'La cuadratura del círculo', 'Donde las mujeres', 'El cielo raso', 'Contra natura' o 'Santander, 1936'. Y otras que, un punto por debajo de ese nivel, están repletas de hallazgos y alta literatura. Pienso en el resto de las publicadas por Anagrama y las publicadas por Destino (de estas me quedaría con 'La transformación de Johanna Sansileri'), incluyendo 'La fortuna de Matilde Turpin', ese Planeta que casi nadie reivindica cuando se hacen listas de los mejores libros con ese premio. O los 'Cuentos sobre la falta de sustancia', 'Ocho cuentos de azufre', 'Cuentos reciclados' o los jugosos perfiles reunidos en 'Alrededores'. Sin olvidarnos de su poesía. Nadie escribe como Pombo y me arriesgaría a decir que, a diferencia de otros escritores (Umbral, por ejemplo: imitado, con mayor o menor fortuna, hasta la saciedad), nadie se atreve a imitarlo. Su escritura, por tanto, es única. Un escritor inmenso que hace tiempo que se merecía el Cervantes. Mientras tanto, si alguien quiere conocer su particular mundo, aparte de las mencionadas, ya está en las librerías su nueva novela, la magnífica 'El exclaustrado'
domingo, 17 de noviembre de 2024
La espera
Todo es sucio, doloroso y oscuro, pese al sol y al calor infernal. Todo, a raíz de un suceso que conviene no desvelar. Lo costumbrista da paso a una serie de acontecimientos cercanos al terror, la maldad y la brujería. Y en ese proceso -muy bien interpretado por Víctor Clavijo- está lo más interesante de la película de F. Javier Gutiérrez. Siempre es un placer ver a Ruth Díaz, aunque sea en un pequeño papel. Y a Pedro Casablanc, Manuel Morón y Luis Callejo.
sábado, 16 de noviembre de 2024
Opening night
Ayer se cumplieron nueve años de la entrega del Oscar honorífico a Gena Rowlands. Como particular homenaje, me puse a ver de nuevo 'Opening night'. No importa las veces que veas la película: Gena Rowlands deslumbra en cada fotograma por su belleza y, sobre todo, por su inmenso talento. Deslumbra aún más, en mi opinión, que en 'Una mujer bajo la influencia', y eso ya es decirlo todo. John Cassavetes, siendo un director tan innovador y moderno, se ha convertido en un clásico. Y Ben Gazzara, como de costumbre, no se queda atrás en ningún momento.
domingo, 10 de noviembre de 2024
Siluetas pensantes
'Siluetas pensantes', el nuevo libro de Ernesto Calabuig, es una especie de diálogo con sus alumnos en las clases que imparte de Filosofía que, negro sobre blanco, se convierte en diálogo con el lector. Diálogo donde las preguntas ocupan un lugar destacado, y esas preguntas, como afirma el escritor, son base fundamental de la esperanza. Mientras alguien se haga preguntas, las que sean, habrá esperanza en medio de este caos que nos está tocando vivir. ¿Acaso el caos no estuvo siempre presente en cada época de la historia? He ahí otra pregunta. Sin embargo, siguiendo cierta tendencia actual, preocupa más el aquí y ahora que todo lo anterior. O quizá se trate de que tanto embrollo y extrañeza nos incapaciten para echar la vista atrás. Aunque, en ocasiones, Calabuig en el libro lo hace, echa la vista atrás, consciente de que las encrucijadas y contradicciones siempre estuvieron presentes en cualquier época. No estamos solos, pese a lo que se puede deducir de los tiempos de aislamiento en los que vivimos, estos tiempos en los que cada uno va a lo suyo sin importarle demasiado lo que sucede a quienes le rodean, más allá, eso sí, de los mundos virtuales, donde todo parece cocerse a gran velocidad y lo de hoy deja de tener importancia mañana. Pero, en el fondo, no es cierto: no estamos solos, ahí están los que pensaron y escribieron antes que nosotros. Y también los que se hicieron preguntas. ¿Qué preguntas? Las que fueran. Quizá, en un momento dado, las mismas que podemos hacernos nosotros a día de hoy, en este mismo instante. Vuelven las preguntas. Vuelve, por tanto, la esperanza. No todo está perdido. Y así se recupera el afán por seguir adelante, por encontrarle un sentido a la propia existencia, conscientes -no puede ser de otro modo- de la fugacidad del asunto.
domingo, 3 de noviembre de 2024
Juego de luces
Cuando el año pasado entré en la catedral de Colonia, Alemania, encendí una vela. No soy creyente, pero era una manera de decirle a mi madre que desde aquella parte del mundo también me acordaba de ella. Más que ingenuidad, que también, era una forma como cualquier otra de agarrarse un poco más a todo esto y no enloquecer definitivamente. A veces, no importa la fecha, enciendo una vela y la coloco cerca de las fotos que tengo de ella en el estudio. Levanto la vista del libro o del ordenador y veo la luz temblorosa iluminando la sonrisa de mi madre. No estoy en paz, pero me reconforta. Y vuelvo a lo mío. O recuerdo tramos de tiempo vividos juntos. Tantos tramos. Antes de que la muerte, implacable, hiciera su trabajo.
martes, 29 de octubre de 2024
Como un personaje de Ray Liotta
A mi madre le encantaban los dulces. Todos los dulces, sin excepción. Quizá los de chocolate eran los que menos le gustaban. Prefería el chocolate blanco al negro, los milhojas de crema a los de merengue, los helados de bola a los de corte. Por lo demás, todo le iba bien. Mejor dicho: mal. Los medicamentos que tomaba para su enfermedad ya le subían bastante el azúcar y tenía que tenerla constantemente controlada. A veces, hacía una excepción. ¿Qué sería de nuestras vidas sin esas excepciones? Algo mucho más triste, sin duda. Cuando llegaban estas fechas, finales de octubre, y todos los supermercados se llenaban de los característicos dulces navideños, se le hacía la boca agua. El turrón y los mazapanes. El turrón blando y esos mazapanes que tienen forma de animales o algo así. Rama dura, vaya. Le gustaban más en esta época que durante los propios días navideños. Caía en la tentación, sin pasarse. Compraba tímidamente, con miedo. Mamá, le decía, con cuidado. Vete con cuidado. Como me decía ella cuando yo era joven y salía por las noches o cuando nos íbamos de viaje al extranjero. Advertencias de madre, advertencias de hijo. Todo el día hay que ir por la vida con advertencias. No vaya a ser que.
lunes, 28 de octubre de 2024
La sustancia
No suelo escribir de las películas que no me gustan, pero como no hay cosa que me moleste más que perder el tiempo y, de paso, el dinero, hoy toca decirlo: no me ha gustado nada 'La sustancia'. Burda, tosca, sin rastro de sutileza. Eso es, precisamente, lo que más me ha molestado: la falta de sutileza. Como un desatado Brian de Palma sin gota de gracia (cuando Brian de Palma se desata tiene esa gracia setentera/ochentera con la que, por los menos, te ríes, algo es algo). ¿Es necesario todo ese desagradable gore -gore y más gore- para denunciar la injusticia de las actrices cuando llegan a determinada edad? Hay otras maneras, otras formas, otros caminos. Recordemos la brillantez e inteligencia de John Cassavetes para abordar el mismo tema en la imprescindible 'Opening night'. No entiendo tampoco el revuelo por Demi Moore, que está correcta y punto. Margaret Qualley sale airosa del asunto, y Dennis Quaid con sus asquerosos dientes y su asquerosa grosería parece un personaje de 'Pobres criaturas', la peli de Yorgos Lanthimos.
lunes, 21 de octubre de 2024
El Mieres de entonces, el Mieres de hoy
Ayer, por primera vez desde la muerte de mi madre, fuimos a Mieres. Como sabéis quienes habéis leído mi último libro, Mieres es un lugar muy especial para mí: allí vivió mi madre hasta que se casó con mi padre, y allí íbamos todos los fines de semana hasta que los abuelos desaparecieron. Allí está enterrada mi madre. Todavía no he podido ir al cementerio y no creo que pueda ir nunca. Mieres: sus calles, sus terrazas, sus puestos en el mercado (también de libros: encontré por tres euros dos libros de la escritora irlandesa Jennifer Johnston, publicados por Akal Literaria, lo cual, aunque desconocía a la autora, es sinónimo de calidad), sus gentes. Hacía mucho calor y bebimos vino blanco en la calle como si estuviésemos en agosto. Y entonces me vi, muchos años atrás, caminando por aquellas mismas calles de la mano de mi madre, siempre guapa y sonriente. Me puse un poco triste -los recuerdos, los recuerdos-, pero la mano que me sostiene en esta terrible época de duelo supo ahuyentar la tristeza por un rato. Comimos dos pinchos en el Café Carolina, que nada tiene que ver con el Café Carolina de mi infancia, pero como la memoria sigue siendo buena pude explicarle a Íñigo cómo era entonces. Allí, señalé, en aquel rincón, con mis padres y mis abuelos, tantos años atrás. Todos tan jóvenes. Jóvenes y guapos. Allí estaban. Allí estábamos. Como si el tiempo se hubiese detenido por un instante. Mi memoria conserva, como tantas otras, esa fotografía en blanco y negro que no existe en papel. Mejor la memoria que el papel, dónde va a parar. A lo lejos, me pareció ver a una amiga de juventud de mi madre. Caminaba con paso decidido y un cigarrillo entre los dedos -el rostro completamente arrugado-, pero no le dije nada. Mejor la memoria. Mejor conservar la serenidad en un domingo de otoño que ni parecía domingo ni parecía otoño. Ni siquiera una ligera brisa mecía las hojas que estaban a mis espaldas. Fui consciente, por unos segundos, de estar atrapado en aquella fotografía en blanco y negro. Luego, la sensación se desvaneció y regresamos a la ciudad en silencio, sin demasiadas ganas.
sábado, 19 de octubre de 2024
'La habitación de al lado', bellísimo poema
Es muy íntima la conexión que se establece entre la persona que se está muriendo -muerte elegida, dada la magnitud y lo irremediable de la enfermedad, en el caso de Martha, la protagonista de 'La habitación de al lado'- y la persona que la cuida y la acompaña en ese dificilísimo trance. No hablo de pañales, desnudeces o comida que se derrama cuando tiembla la mano, que también es otra clase de intimidad, sino de algo más profundo, más hondo, más poético. La última poesía antes de la desaparición definitiva. El último acto poético en este caso entre dos amigas, Ingrid y Martha. La nieve que cae inesperadamente, la cultura (cine, música, arte, literatura...) que une y ayuda en determinados momentos, los abrazos que aquí no están rotos sino que reconfortan, las palabras que alivian, los silencios cómplices, la amistad inquebrantable. Todo esto nos cuenta la última película de Almodóvar. Además, como se sabe, de una defensa de la eutanasia cuando la vida ya no merece la pena ser vivida según la persona -Martha, en este caso- desahuciada. Ella, Martha, viene a decir algo así como que la gente debe comprender que esa decisión que ella ha tomado es también una forma de lucha. Otra forma de lucha. Y así, evidentemente, debe ser comprendido por la sociedad. Cada uno es dueño de elegir la manera de morir cuando la vida resulta insoportable. No es una obligación, es una decisión. Este es el mensaje, en medio de la poesía y la nieve que cae inesperadamente, que quiere transmitir Almodóvar a través del personaje de Tilda Swinton. La decisión personal. La más personal.
jueves, 17 de octubre de 2024
Aitana Sánchez-Gijón, Goya de Honor 2025
Estaba esperando a que cambiase la luz del semáforo, miré a mi izquierda y allí estaba ella, Aitana Sánchez-Gijón, a la que vería un poco más tarde en el teatro Campoamor, convertida en Maggie, la gata de Tennesse Williams, aquel escritor que ahogaba sus penas en abundantes copas de vino blanco y ensoñaciones sureñas. Iba con el pelo (media melena corta) alborotado, la cara lavada, unos sencillos vaqueros y una americana beis y algo arrugada. Parecía una chica normal, pero no lo era. No lo era en absoluto. Hay muchas chicas esperando a que se cambie la luz de los semáforos: todos los días, a todas las horas, en todas las ciudades. Pero aquella era diferente. Deslumbraba. Destacaba de un modo especial. Sí, pese a la sencillez de su ropa y de su pelo, lo hacía. No pasaba inadvertida. Llamaba la atención poderosamente. Por su evidente belleza y por esa otra cosa que se tiene o no se tiene: podríamos llamarlo magnetismo, encanto, o algo así. Aquella chica a la que había visto en el mismo teatro unos años atrás representando 'El hombre deshabitado', de Alberti, estaba allí, esperando que se cambiase la luz del semáforo. Cuando lo hizo, del rojo al verde, ella desapareció. Entró en el teatro por la puerta de atrás. Ya faltaba menos para verla sobre el escenario, reprochándole a su marido ese estado ausente en el que se encuentra durante toda la obra. Reprochándole que no piense en ella, Maggie, la gata sobre el tejado de zinc caliente, como un marido piensa en su mujer.
domingo, 13 de octubre de 2024
Los destellos
[Este texto no es una crítica. Se trata tan sólo de las impresiones que me produjo 'Los destellos', extraordinaria película de Pilar Palomero que está a la altura de la historia de Eider Rodríguez en la que se basa, y contiene algún spoiler, aviso por si acaso]
sábado, 12 de octubre de 2024
A día de hoy
No tengo madre. Tengo un marido que por decir que es mi marido me ha impedido acceder a trabajos en esta ciudad. Somos todos muy modernos hasta que. Hasta que lo dices en voz alta (un día os contaré, si acaso). Yo siempre lo he dicho en voz alta, así me va. Soy así, tómame o déjame, ahora es tarde, señora. Tengo un marido con los ojos azules y un corazón más grande que la propia ciudad. Está aquí, a mi lado. Está aquí, a mi lado, desde hace casi dieciocho años. Está aquí, a mi lado, ahora que no tengo madre. Antes, también. Y yo sigo diciendo que es mi marido. Porque lo es, que se joda quien se tenga que joder, sorry. Y porque lo demuestra, sí, cada día. Aunque yo no tenga trabajo (de la escritura no se vive, amigas, gracias de todas formas por comprar mis libros) y, lo que es peor, mucho peor, muchísimo peor, no tenga madre. Escribo, qué ingenuo, hasta dejar las pestañas, el corazón, las visceras y el hígado. Vale. No tengo madre. Tengo un buen marido. Escribo. Con eso no es suficiente. Cuento todo esto, así a lo tonto, porque él, mi marido, cumplió 49 años el otro día. Lo conocí cuando tenía 31 y desde entonces no nos hemos separado, que se jodan los que piensan que no existe el amor entre dos hombres (o dos mujeres). Que se jodan bien jodidos. Sé que teníamos que habernos ido a otra ciudad. Lo sé, lo sé muy bien. Pero aquí estaba mi madre, y por eso no nos fuimos. Mi madre, que hoy está muerta. Mi marido, que respira a mi lado, vivo, con 49 años recién cumplidos. No es motivo de poca celebración. Vivo. A mi lado. 49 años. Respiro. Respiramos. Aunque yo ya no tenga madre.
domingo, 6 de octubre de 2024
La voz de Emma Prieto
He ido leyendo los nuevos cuentos de Emma Prieto poco a poco. Me gustaba leer una de sus historias y luego pensar en ella mientras hacía otras cosas (pasear, cocinar, ordenar la casa, hacer la compra...). Son historias muy bien trazadas y narradas, llenas de esa crueldad propia de la vida cotidiana de la que a veces no podemos escapar y también de una ternura que hace un poco más llevadera esa mencionada (¿inevitable? me temo que sí, inevitable) crueldad. Pienso ahora, por ejemplo, en el cuento 'Brad'. Aunque ya conocíamos la historia por los periódicos, Prieto, metiéndose en la piel de una pobre incauta (ah, la soledad no deseada: otro de los grandes problemas de nuestro tiempo de continua conexión a las máquinas), consigue emocionarnos con su manera de contarla. Las trampas del mundo y las trampas que nos inventamos para hacer más llevadero lo más áspero del propio mundo. Algo de eso hay en ese relato y podría decirse que también en el resto de las historias. Hay también, en ocasiones, misterio. Ese misterio, alejado del género, que nos preguntarnos los porqués, los cuándos, los cómo, y que para tratar de desvelarlo (o no, finalmente) está la persona que tiene el libro entre las manos (pienso en 'El mar, que todo lo invade').
sábado, 28 de septiembre de 2024
Albóndigas
Abro la nevera y saco el paquete que me entregó ayer el carnicero. Le quito el papel y vuelco el contenido en una fuente que tiene tantos años como mi relación de pareja. Un kilo de carne picada. Cada vez me da más pereza hacer albóndigas, pero ya no tengo a nadie que me las prepare, así que si quiero comerlas no me queda más opción que espabilarme. Le pongo sal, pimienta, un huevo y un diente de ajo muy picado, y hundo mis manos en la carne. Roja y esponjosa. Les voy dando forma -pequeñas, redondas, bien prensadas con el pan rallado- y las coloco cuidadosamente en un plato grande y limpio. Aún me queda trabajo por delante y ya empiezo a sentir molestias en la espalda. Y es entonces, en medio del imponente silencio de la madrugada (entrar en ese silencio es como entrar en el mar, escribió Marguerite Duras), cuando me doy cuenta de las similitudes que existen entre cocinar y escribir. Da igual el plato que prepares, da igual el género literario que escojas. Ahí está, una masa de carne a la que darle forma. Ahí está, una historia que te ronda y a la que también debes darle forma. Siempre queda trabajo por delante y siempre termina por resentirse la espalda. Nunca, en todo caso, puedes huir. Dejar las cosas a medias si ya te has metido en el berenjenal, ya sean unas albóndigas o un nuevo libro. A ambas cosas hay que darles las atenciones y el tiempo que precisan. La misma paciencia. Lo contrario, abandonarlo todo, puede que sea otra manera de rendirse. De envejecer definitivamente. De encararte con la muerte antes de que llegue la hora.
jueves, 26 de septiembre de 2024
Turrón en septiembre
Hoy se cumplen quince meses de la muerte de mi madre. Y hoy, precisamente, mientras estaba esperando en la cola del supermercado para pagar unas cosas (kiwis a cinco euros el kilo, ¿qué es todo esto?) descubrí las estanterías con el turrón. La Navidad ya no existe para mí, pero qué bajonazo. Con las noticias todo el día hablando del sobrepeso y de los elevados índices de azúcar en la población, ¿es necesario ofrecer turrón en septiembre? Calentando motores, imagino. Tira, tira. A punto estuve de decirle al chico de la caja, lento hasta la desesperación, que se animaran el año que viene a poner el dichoso turrón en junio, entre las chanclas de playa y los bronceadores. No vamos hacia el esperpento, no, ya estamos cómodamente instalados en él desde hace un buen rato.
viernes, 20 de septiembre de 2024
Segundo premio
No hace falta ser fan de Los Planetas (no lo soy) para que te guste esta película. La historia va más allá del típico (o clásico) biopic de un grupo musical. Aquí se trata de otra cosa. Digamos las raíces del meollo. O, mejor aún, las tripas. Donde más duele. La relación entre los miembros y la relación con la propia creación. Ahí está el delicado asunto. Y sobre ese complicado equilibrio se desarrolla esta historia con un permanente e inevitable giro hacia la tristeza. No creo que tenga muchas posibilidades en Hollywood (ese es otro asunto), pero es una buena película.
domingo, 15 de septiembre de 2024
Mi charla en la tele con el periodista Óscar López
Se puede ver en youtube, poniendo en el buscador mi nombre y el título del programa, 'El arpa de Bécquer'.
domingo, 8 de septiembre de 2024
Bravo por Almodóvar
Cuando se estrenó en esta ciudad 'La ley del deseo', en los desaparecidos cines Brooklyn, mucha gente abandonaba la sala a mitad de la proyección maldiciendo por lo bajo. Ese era el nivel entonces de parte de la sociedad ante una historia que mostraba la homosexualidad sin tapujos. Recuerdo esta anécdota a menudo, dados los revueltos tiempos que vivimos: sin caer en el pesimismo porque, a pesar de todo, el avance en las mentalidades es más que evidente. Aunque no convenga bajar la guardia en ningún momento.
jueves, 5 de septiembre de 2024
Los tipos de gentileza de Yorgos Lanthimos
'Kinds of kindness' es cruel, salvaje, despiadada. Brutal. Yorgos Lanthimos no se anda con medias tintas (no creo que lo haya hecho nunca), no le interesa quedar bien con el espectador mayoritario (¿por qué tendría que hacerlo?) ni mostrar el lado amable del mundo. Le gusta, eso sí, rodar con elegancia y que una buena fotografía lo ilumine todo. Que la buena fotografía ilumine el mal del mundo (también a los intérpretes, camaleónicos y sobresalientes), que sí existe, a diferencia del título de la última (y decepcionante) película de Ryūsuke Hamaguchi. El mal está en todas partes, no hay que ir a las zonas de guerra, cada vez más numerosas. Está ahí, a la vuelta de la esquina, en la cabeza de un señor de buen aspecto que se toma un vino blanco en la barra de un local lujoso y encantador, en una señora que se resiste a abandonar a una panda de chiflados con la que convive en una especie de secta macabra o en un marido que duda de que su mujer, tras un duro trance, sea realmente su mujer. Sí, el mal puede estar ahí, según Yorgos y su guionista, Efthimis Filippou. Y está. Como seguramente también está presente en algunos lugares de los que posiblemente no nos atreveríamos a dudar. No hay que ir a las guerras ya mencionadas o a la zona de interés, que nos contaba Martin Amis. Zonas oscuras, sombrías, despiadadas. Las que le interesan a Lanthimos y a Filippouue. Las que el director muestra sin rubor. Esto es lo que hay detrás de un bonito paisaje otoñal, en el interior de un bar caro y elegante o tras las hermosas facciones de una entregadísima (de nuevo) Emma Stone. Lanthimos camina por el lado oscuro, oscurísimo. No hay que engañarse, parece decirnos. Las películas, incluso tan tremendas como esta, sólo reflejan una parte de lo que está al otro lado, la realidad que vemos cada día en las noticias, cómodamente instalados en la rutina y en esa impotencia ante todo eso que nos desborda (violencias de varios tipos, guerras, injusticias...) y a la que no sabemos muy bien cómo enfrentarnos. Lanthimos traspasa las barreras y coloca lo más despiadado ante nuestros ojos. No engaña a nadie.
lunes, 2 de septiembre de 2024
La escritora Emma Prieto leyó este verano 'Mi madre y yo'
"Hay mucho dolor en este libro escrito por Ovidio Parades, tras la muerte de su madre. Y sin embargo hay también mucha vida en esta emocionante carta de amor y gratitud hacia ella. El autor adopta un lenguaje claro, sencillo, sin adornos, para hablarnos del tiempo pasado a su lado -ha sido ella una gran compañera en su vida- intercalando de forma certera y conmovedora presente y pasado. El libro se convierte también en testimonio de una época y en la búsqueda por parte del autor del consuelo y equilibrio que le proporcionan la literatura, el cine y la música."
domingo, 1 de septiembre de 2024
Septiembre
Septiembre siempre es una incógnita. Septiembre y todo lo que viene después. El verano ha sido largo y complicado. Aunque no tanto como el del año pasado, todavía camino a tientas, agarrado del brazo de quien me sostiene incansable desde que mi madre se fue. Comienzo este septiembre leyendo unas palabras de la escritora Sigrid Nunez (de quien acabo de terminar 'El amigo', tan fascinante como 'Cuál es tu tormento'): "De alguna manera, ver morir a alguien es una historia de amor". Y, aunque resulte doloroso, estoy de acuerdo. Hay que ser muy valiente, pienso con la perspectiva de los meses transcurridos, para vivir esa historia de amor a la que se refiere Nunez. Aparte de esa valentía, hay que sentir un amor desmedido por la persona que se está despidiendo de este mundo. Creo que por eso nos cuesta tanto volver a ser nosotros mismos, si es que alguna vez lo logramos, después de ese complicado tramo. Septiembre ya no tiene la emoción de otros años, ¿qué sucederá en esta especie de nuevo año que hoy empieza?, pero no importa demasiado. Si algo importa, es que ese ligero aire que entra en esta habitación al abrir la ventana aún me reconforta en cierta medida. La incógnita de septiembre, si es que en algún momento lo hace, ya se irá despejando poco a poco, día a día. Sin mayores planteamientos.
miércoles, 28 de agosto de 2024
Ligar en el Mercadona
No entiendo muy bien todo este revuelo que se está montando con lo de ligar en el Mercadona. La historia de la literatura y del cine está llena de situaciones así. ¿No os acordáis de Michael Caine y Barbara Hershey en aquella librería de la película de Woody Allen? ¿O de James Spader en aquel garito donde trabajaba Susan Sarandon? ¿O de Meryl Streep y Robert De Niro? O de algunos poemas de Bukowski. Y en la vida real, lo mismo. En nuestra juventud no había aplicaciones ni chats. Había barras de bar, librerías, cines, incluso supermercados, donde hacías todo lo posible por coincidir con aquella persona que te gustaba (que podía ser también el camarero o la cajera) y dejar caer cualquier tema de conversación. Ahora bien, si todo esto sirve para que la gente ligue mientras escoge entre vino blanco o tinto, o se decide entre muslo o pechuga, o judía verde o brócoli, me parece perfecto. Que tengáis suerte si os animáis. Que el amor es muy bonito y el sexo, si no tienes una pareja estable, también es muy necesario. Pero nada nuevo bajo el sol.
domingo, 25 de agosto de 2024
Corrientes de amor
Filmin acaba de estrenar 'Corrientes de amor' (Oso de oro en Berlín), de John Cassavetes. Aunque la tengo en DVD y la he visto varias veces, regreso a ella. Qué manera más extraordinaria tiene Cassavetes de retratar la soledad. El personaje del propio Cassavetes, escritor, pese a estar siempre rodeado de gente, de mujeres principalmente a las que paga por su compañía, ya sea por sexo o por juerga, en el día o en la noche, no puede estar más solo. Busca refugio ahí, en esas mujeres que se ríen junto a él por un puñado de billetes, y en el alcohol. Su hermana, Gena Rowlands, con alteraciones emocionales y con otro tipo de soledad sobre sus hombros. La soledad del que no asume que su relación de pareja se ha roto. De la lejanía de ese amor y también de la lejanía de su hija, que ha optado por quedarse al lado del padre. Dice Gena: "El amor es como una corriente de agua, fluye continuamente, no para nunca". Eso piensa, eso quiere pensar. Su hermano piensa que el amor es cosa de adolescentes, que ya no está, que se ha ido. Dos personajes, los de Gena y John, que navegan a la deriva, que se buscan para aliviar esa soledad, pero que, pese a ello, no es suficiente. Otro tipo de amor, el de los hermanos, ese tipo de protección, muy bien tratado en la película. Pocos directores han reflejado el desequilibrio emocional, siempre provocado por la propia vida y sus vaivenes, como Cassavetes. Junto a "Una mujer bajo la influencia", 'Gloria' y, sobre todo, "Opening night", mis favoritas. Cuatro interpretaciones magistrales de Gena Rowlands, que sabe bordear como nadie esa fina línea que separa la cordura de ese estado al que en cualquier momento podemos vernos abocados, el desequilibrio emocional. No importan los motivos. Ahí está el vértigo. Ese vacío, ese miedo, esa fragilidad. La cara de Rowlands, inestable y hermosa como pocas, que lo dice todo sin grandes aspavientos, con mínimas expresiones. Los silencios, los gestos, los movimientos de sus manos hacia su pelo o hacia la copa, siempre cerca.
sábado, 24 de agosto de 2024
Mi madre, mi biblioteca
Mi madre. Ella me compró mi primer libro, y muchos más a lo largo de los casi 52 años de vida que compartimos. Ella es, por tanto, el origen de mi biblioteca. Quizá, referido a lo material, lo más preciado que tengo. En ella, muchas veces, está mi salvación. Antes de su muerte y, con más razón, después de su muerte. Varias fotografías de mi madre, en una época y otra de la vida, están entre esos libros, a la vista. Parte de mi refugio. Muchos libros. Muchas escritoras. Muchos escritores.
jueves, 15 de agosto de 2024
Ha muerto Gena Rowlands
Ha muerto Gena Rowlands. No sé muy bien qué escribir, después de tanto como he escrito sobre ella. Voy a intentarlo. Gena es (fue) una de las mejores actrices del mundo. Creo que nadie ha superado -no, nadie lo ha hecho- su interpretación en 'Opening night'. Ese constante estado de desvalimiento. Esa fragilidad. Esa borrachera, durante casi todo el metraje, tan bien interpretada. Y, con ella, con esa borrachera, llegar al final de la función dentro de la película. Sinceramente, y aun adorando a actrices descomunales, creo que nadie ha logrado llegar a ese punto. Gena, que vino al festival de San Sebastián, cuando a Lauren Bacall le dieron el Donostia y nadie se dignó a darle otro Donostia a ella. Gena, allí, en las fotos, con la Bacall, sin decir nada y siendo tan grande como ella o incluso más. Gena, en películas menores y grandes interpretaciones, siempre enorme en belleza y, sobre todo, en talento. Se ha muerto a los 94 años, perdida en su memoria. Y qué decir de aquel adolescente (yo), de aquel joven (yo), de aquel hombre maduro (yo), que tanto la admiró. Que tanto la admira. Qué decir. Poca cosa en esta madrugada insomne, otra más. Ella lo dice todo, como siempre. Con esa belleza, con ese talento, con esa inteligencia. Con esas grandes interpretaciones. Ella, y disculpen, está en mis dos últimos libros, de una forma u otra. Con respeto. Con veneración. Con absoluta adoración. Otra mujer, dijo Allen. Otra mujer, vale. Esta enorme mujer. Sigue aquí.
martes, 13 de agosto de 2024
Lo que Manuel Astur escribió sobre mí
jueves, 8 de agosto de 2024
Comida veraniega
Vamos a comer al apartamento de mi hermana, que ha comprado un tocadiscos y nos hace ilusión escuchar esos viejos vinilos que tenemos en casa de mis padres. Muchos vinilos que mi madre nos compró cuando éramos jóvenes y que escuchábamos allí cuando ella vivía y hacíamos comidas en su casa. Esos tiempos que jamás volverán y que recordamos a cada instante. Como siempre, termino cocinando yo (no me importa, pero a veces me gustaría llegar a un sitio y sentarme y que me lo den todo hecho). Los discos suenan bien, están todos impecables, pero un resorte nos lleva a esa casa, la de mis padres, cuando nos reuníamos allí y el verano entraba por las ventanas abiertas. Éramos felices y lo sabíamos. Yo lo sabía, como digo siempre. Cada instante era un momento para aprovechar porque no sabíamos lo que sucedería al instante siguiente teniendo una madre enferma. El recuerdo me hace daño y me consuela también, casi a partes iguales. El verano no está siendo muy bueno (no nos vamos a engañar), con la excepción de la escritura, pero seguimos avanzando con la presencia que no está y con las presencias que lo están. La ausencia siempre es una amenaza. Suena la música. Esa música que evoca al primer amor, a los veranos que parecían interminables, a los escritos aún balbuceantes... Como interminable parecía entonces la vida. La de mi madre y la nuestra. Suena, insisto, la música. Y lo recomendable es dejarse llevar. Y lo hacemos, nos dejamos llevar, con todas las consecuencias.
martes, 6 de agosto de 2024
Victoria Abril es Medusa
Medusa, en versión y dirección de José María del Castillo, es una mujer que -alejándose de embrujos, conjuros, mentiras, juramentos y habladurías- nos cuenta su historia. La versión de su propia vida. Con derecho propio, huyendo de tergiversaciones y malos entendidos. De todo lo escrito y dicho anteriormente sobre ella. Medusa, todavía con la maldición encima (a todo el que la mire se le petrificará la visión) y numerosas serpientes entrelazadas adornando o amenazando su cabeza, atraviesa el tiempo y se convierte en una mujer actual. Una mujer que lucha por la justicia, el respeto, la igualdad; que rehúye ese mundo de las apariencias, las falsedades y el miedo. Una mujer que necesita ser escuchada. Y, a través de numerosos monólogos, lo consigue. Logra alzar su voz, contradecir mentiras, poner las cosas en su sitio, a pesar de las dificultades. La historia ahora es suya. Como suyo ahora es el cuerpo y la voz de Victoria Abril. La actriz, a veces cómica y a veces dramática, celebra sus cincuenta años de carrera con este papel que le encaja a la perfección. Abril demuestra sobre las imponentes tablas del teatro Romano de Mérida lo que siempre ha sido: furia, torrente, pasión, máxima seducción. Una fiera interpretativa a la que nada se le pone por delante. A ratos dulce, a ratos irónica, a ratos juguetona, vulnerable o perversa. Dominando la voz -grave, menos grave- a su antojo y devorando en todo momento la escena como lo que es: una de las mejores actrices de todos los tiempos. Una ductilidad al nivel de, por ejemplo, Isabelle Huppert (no en vano, siempre he pensado que Abril hubiese bordado el papel de Huppert en 'La ceremonia', de Claude Chabrol, sin ir más lejos o yendo, precisamente, tan lejos).
lunes, 29 de julio de 2024
Edna O`Brien
Ha muerto Edna O'Brien. El 27 de julio, el mismo día que Mísia (también este sábado) y Sam Shepard (en 2017). No lo tuvo fácil Edna. Nacida en un pueblo irlandés, en 1930, pronto fue repudiada por hablar del deseo femenino en su primera obra. Sus memorias, 'Madre Irlanda' y 'Chica de campo' (más poético y completo) son una auténtica radiografía de las dificultades por las que tuvo que atravesar. Posteriormente, su marido, celoso por su éxito literario, la abandonó con dos hijos que sacó adelante ella sola. Aunque no es nada nuevo, sigue removiendo el cuerpo este tipo de actitudes. Edna se aferró a la escritura y salió adelante. Construyó una carrera importantísima (lástima de Nobel, para la que alguna vez fue propuesta), que, manteniendo su incuestionable relevancia, va más allá de la célebre trilogía sobre las chicas de campo ('Las chicas de campo', 'Las chicas de ojos verdes' y 'Chicas felizmente casadas'). Hay, junto al tomo de memorias 'Chica de campo', tres libros imprescindibles para comprender su mundo literario (y que son los que, particularmente, más me gustan). 'La luz del atardecer' (el primero de los suyos que leí y que hoy se encuentra descatalogado), donde narra las relaciones -secretos y desavenencias- entre una madre enferma y su hija. 'Objeto de amor', un volumen de cuentos prodigiosos, seleccionados para Lumen por la escritora Marta Orriols (poco se habla de ella, por cierto) y protagonizados por mujeres. Escribe O`Brien: "El amor es como la naturaleza, pero al revés: primero vienen los frutos, luego las flores; al cabo de un tiempo parece marchitarse y finalmente cala hondo, tan hondo que nadie lo ve, y a menudo morimos con ese amor secreto escondido dentro de nosotras". Y, por último, una deliciosa novela corta, 'Noche', donde, con ecos de James Joyce (de quien escribió una biografía, así como otra de Lord Byron, que acaba de reeditar Cabaret Voltaire), una mujer repasa su vida en una noche de insomnio.
sábado, 27 de julio de 2024
Trece meses sin mi madre
No soy supersticioso, pero el trece, sin mi madre, es un número tan espantoso como cualquier otro. Tan espantoso como la ausencia. Su ausencia. Camino a buen paso para tratar de no pensar, pero el pensamiento es más rápido que yo. Aunque el sol se resiste a salir, hace calor. Un ambiente de bochorno que deja entrever la cercanía de la lluvia. Es temprano y aún hay poca gente caminando. Las tres mujeres que me encuentro casi todos los días por el mismo camino, que ríen y hablan en voz alta, acelerando el paso para regular sus niveles de colesterol, tensión arterial o azúcar. Noto que a veces están tentadas a saludarme, pero algo las detiene. Será que, como dice mi amiga Marga Sancho, las ausencias se reflejan en nuestros ojos. Y hay reflejos, pienso, ante los que es mejor guardar silencio. Entro en la farmacia y le digo a la farmacéutica, que era clienta de la librería en la que trabajaba, que siento la muerte de su madre. Me da las gracias y me dice que aún no está preparada para leer mi libro, pero que lo leerá. Le digo que lo entiendo, aunque salgo de allí pensando que hay libros sobre el dolor que también nos alivian de los nuestros. Como si al identificarnos con el dolor de los demás sintiésemos una especie de pequeño consuelo. Me ha ocurrido estos días leyendo el precioso y estremecedor poemario de Julia Navas Moreno, 'Bailarinas de rafia'. Hay tanta belleza y verdad en esos poemas que uno se siente menos solo al leerlos. Escribe Julia: "Hay un dolor punzante/ que me recuerda que estoy viva./ Siempre he sabido que sufrir/ es un estado más/ y que entre las sierpes del daño/ se desperezarán los gozos/ y sus inyecciones de esperanza./ Intuía el miedo tras las puertas,/ que la palabra podía anunciar la peor de las tragedias".
jueves, 25 de julio de 2024
Civil War
Sigo pensando que hay películas para ver en las pantallas de los cines. 'Civil War' es una de ellas. Pese a haberla visto en Filmin, me ha gustado mucho. Dura, realista, poética, intensa. Bien dirigida e interpretada.
sábado, 20 de julio de 2024
Premios Emmy
(Por cierto, a ver si HBO España se digna a subir 'The Great Lillian Hall', también con Lange y también, en contra de los pronósticos, sin nominación.)
miércoles, 17 de julio de 2024
Lola
Ayer, pese a que la ciudad parecía el lejano Oeste, no me encontré con Stella Stevens ni con Sam Shepard, pero sí con mi hermana. Iba con Lola, que empezó a ladrar al verme y se lanzó a mis piernas como la gran zalamera que es. Dimos un paseo y, sin pretenderlo, pasamos por delante de la casa de nuestros padres, donde ahora vive mi padre solo. Lola, que no va esa casa desde hace mucho tiempo, se aceleró, tiró de la correa y se plantó delante del portal, esperando que abriéramos la puerta. Sabía bien lo que hacía, quiénes vivían allí. Nos miró extrañada. ¿Por qué no sacan las llaves del bolso? ¿Por qué no entran aquí? ¿Por qué no entramos aquí? Su cara expresaba todas esas incógnitas. Guardamos silencio, seguimos caminando, reprimiendo las emociones. Lola, de vez en cuando, se daba la vuelta y nos miraba, se subía por nuestras piernas: buscando caricias era ella la que las ofrecía. Y creo que eso también lo sabía. Lo sabía, sin duda.
domingo, 14 de julio de 2024
Gafas nuevas
He perdido visión y necesito gafas nuevas. Dos gafas: para lejos y para cerca. Cosas de la edad, dice amablemente la chica de la óptica. Cosas de la edad, murmuro, aunque lo que pienso es: envejecer en un año lo que estaba previsto para cinco. Pruebo unas y otras, y enseguida me decido, quiero salir pronto de allí. Todos los establecimientos, a excepción de las librerías, me agobian. Sólo entro en el supermercado si no veo colas en las cajas. Ya me apañaré con lo que tengo por la nevera, pienso. Dos gafas (y su correspondiente desembolso económico): para lejos y para cerca. Como mi abuela, como mi madre. A ellas las recuerdo mayores de lo que yo soy ahora cuando empezaron a usarlas, aunque quizá no lo fueran. La edad siempre se distorsiona en nuestra cabeza juvenil. Se pierde un poco la perspectiva. De regreso a casa, voy haciéndome a la idea de los cambios. Para animarme, entro en una librería de segunda mano y me encuentro con un libro de cuentos de Antonio Ferres, el casi desconocido escritor de la generación de los cincuenta que nació en 1924. Está publicado en la antigua colección de Alianza y tiene la letra muy pequeña. No importa. Lo compro. En unos días, tendré gafas nuevas. Dos gafas. Y podré leerlo sin ningún problema.