domingo, 12 de mayo de 2019

Pequeño homenaje a Antonio Vega

No somos verdaderamente conscientes de que vamos envejeciendo hasta que la zarpa de alguna enfermedad se clava en nosotros o en los seres a los amamos. Hay otras zarpas pero no son tan contundentes como esa. Entre tanto, continuamos el viaje: siempre extraño. Y recordamos aquel tiempo en el que la noche no tenía fin y bailábamos hasta sentir el cansancio por todo el cuerpo. Era -es necesario apuntar esto- un cansancio reconfortante. Ahora los cansancios ya son de otra manera, y está bien que así sea. Bailábamos (y cantábamos: con mala voz o con voz quebrada) 'La chica de ayer' como si no hubiera un mañana. O como si desconociésemos el significado de esa expresión. Anda, pon aquí la última copa, que todavía es temprano. Todavía era temprano aunque nadie mirase el reloj. Los relojes se deshacían, como en aquel cuadro de Dalí. Pero eso sólo era un espejismo, una figuración: los relojes siempre están alerta. Y se imponen sobre los calendarios, arrasándolos. 
Hemos llegado hasta aquí, desafiando los zarpazos (los de las enfermedades y los otros), y eso es lo importante. No te voy a mentir, Antonio: todavía seguimos buscando el sitio de nuestro recreo. Creo intuir que en esa búsqueda está la clave de todo, pero tampoco estoy muy seguro. 

lunes, 29 de abril de 2019

Michelle

Ya aliviados, tranquilos, serenos, después de tantos nervios y tensiones, no encuentro mejor manera de empezar este día que recordando la icónica imagen de Michelle Pfeiffer -que hoy está de cumpleaños, y aunque no lo estuviera aquí nunca la olvidamos- cantando sobre el piano. Comenzando una nueva etapa. Como en esas mañanas frías y soleadas de año nuevo en las que, pese a la resaca, no hay dolor: sólo muchas ganas de que sucedan cosas buenas, lejos de tinieblas y griteríos. 

domingo, 28 de abril de 2019

Votar

A mi amiga Loli, siempre de nuestro lado, allá donde se encuentre.


Con la compañía de las personas que quiero y el recuerdo de las que ya no están y lucharon por sus libertades y las nuestras, es la hora de hacer que pase y la hora de hacer que no pasen. 
También pienso en mis abuelos maternos. Su amor fue más poderoso que todas las cosas a las que tuvieron que enfrentarse, incluido el fascismo. Siempre les tengo presentes cuando voy a votar. Hoy, como podréis imaginar, más que nunca. 
Que las diosas o los dioses en los que cada cual crea repartan suerte. 


sábado, 27 de abril de 2019

Reflexionemos

Reflexionemos. Cuando yo era muy joven, principios de los 90, una de las escritoras más vendidas de las ferias de libros era Carmen Martín Gaite, los premios significativos los ganaban autores como Soledad Puértolas o Antonio Muñoz Molina, las ciudades estaban llenas de cines, y muchas de las películas que se proyectaban en ellos eran españolas, y esas películas -españolas, sí- iban abriéndose paso en el mundo y daban la imagen de un país abierto, tolerante, moderno. Con ganas de dejar atrás la caspa y la tristeza de muchos años de dictadura y colores demasiado grisáceos. No estoy en contra de los avances tecnológicos, ni mucho menos, pero me gustaría que se recuperase un poco de aquel espíritu. No son batallas de alguien que se va acercando a los 50, sino expectativas a las que uno le gustaría agarrarse para continuar el viaje. Y que la gente joven supiese que esos escritores que he citado anteriormente (y tantos otros como ellos) no tienen nada que ver con las belenesesteban de turno que arrasan ahora en ferias y demás. Un respeto. 
Luego, tras muchos esfuerzos y muchas luchas, llegarían las leyes que regulaban el aborto, las leyes contra la violencia machista y las leyes que aprobaban el matrimonio igualitario. Todo eso que la sociedad fue aceptando con naturalidad (siempre con excepciones, claro, pero la mayoría vivíamos -¡al fin!- ajena a esas excepciones: la tolerancia y el respeto -repito palabra, pero creo que es esencial en todo esto- eran más potentes que los gritos de los cuatro fanáticos de turno) y que llegó para quedarse. Pongo estos tres ejemplos porque son leyes muy significativas de una sociedad tolerante y avanzada. Y porque cuando la intolerancia se revuelve, las mujeres y el colectivo gay son las primeras personas afectadas. Sólo por esto, que ya es mucho, ni un paso atrás. Todo lo contrario: aún queda mucho por hacer, por avanzar, pero las bases están ahí, instauradas. Y únicamente deberían tocarse para mejorarlas. 
Vivimos en un país libre y cada uno, como es natural, vota a quien mejor le parece. Volver a la caverna puede ser más sencillo de lo que pensamos. Hay que mirar hacia delante, recuperar del pasado sólo lo positivo (Martín Gaite frente a Belén Esteban, por ejemplo). Hay que reflexionar (mucho) y no dejarse llevar por esas voces peligrosas detrás de las que se esconden mensajes aún más peligrosos. No todo vale. En esta ocasión, menos que nunca. 
Que la cordura y la serenidad se antepongan a todo lo demás. Y el respeto (insisto) a la dignidad de quien está enfrente. 

lunes, 22 de abril de 2019

Día del Libro

Con estas palabras, que son un resumen de las publicadas (hasta la fecha) desde que 'Mujer en el bar' llegó a las librerías el pasado diciembre, os deseo desde ahora mismo una buena jornada del libro. Y comprad, comprad, que la historia también va de eso. 

"Los cuentos de Parades me resultan adictivos, aunque en ellos apenas pasa nada (y si pasa, pasa fuera de escena). Será la delicadeza, la humanidad, la sutileza con que atisba vidas y retrata personajes, sobre todo femeninos". Laura Freixas, escritora. 

 "Ovidio Parades reúne 21 relatos cuyo tema gira alrededor de las mujeres, tomadas en distintas situaciones vitales, acariciando el detalle de la vida cotidiana y de la supervivencia con esa capacidad para subrayar la ternura, la reparación, la bondad, que el escritor ha demostrado ampliamente en libros anteriores, y que en este, a mi juicio, alcanza cotas muy logradas". Lola López Mondéjar, escritora. 

"Les invito a que pasen y lean. No se arrepentirán". César Inclán, periodista.

"Ovidio Parades ya nos tiene acostumbrados a historias de mujeres en las que parece que no pasa nada, pero que contienen un mundo. En 'Mujer en el bar' se supera, si ello era ya posible. Relatos precisos y preciosos, que dejan con la sensación de que Ovidio nos conoce como nadie". Maite Núñez, escritora. 

"Un relato de Ovidio Parades podría ser una canción de Tom Waits. Y una canción de Tom Waits podría ser un relato de Ovidio Parades". Belén Suárez Prieto, escritora y crítica musical. 

"Conjunto de cuentos, sencillo sólo en apariencia y magníficamente construido, con que el autor nos asoma al abismo, al naufragio a veces, de otras vidas, siempre con una mirada compasiva hacia sus personajes y una melancolía suave que no hiere". Marta Navarro, escritora. 

lunes, 15 de abril de 2019

En la muerte de Diego Galán

Mi memoria conserva la imagen de Diego Galán acompañando a una fragilísima Bette Davis cuando, a finales de los ochenta, la actriz americana vino a recoger su premio Donostia (quince días después moriría en el Hospital Americano de París). La cara de Diego era la cara de cualquier cinéfilo rendido a los pies de la que posiblemente sea la actriz más grande de todos los tiempos. Nosotros, tan jóvenes entonces, éramos Diego Galán en aquellas fugaces imágenes que emitía televisión española. Nuestra cara hubiese sido la misma. Luego vendrían más premios Donostia, más ediciones del festival en el que Jack Lemmon nunca estuvo, como dice el título de su jugoso libro sobre cine, y la cara de Galán ante personalidades tan importantes era la misma. La cara de un cinéfilo empedernido que no ocultaba la satisfacción de estar al lado de aquellos seres a los que tanto admiraba desde pequeño. 
Leímos sus libros, vimos sus documentales, seguíamos puntualmente sus artículos. Pero yo hoy, cuando me encuentro con la triste noticia de su muerte en esta tarde de tormentas, pienso en aquellas caras de satisfacción ante tantos hombres y mujeres irrepetibles. Y pienso que tal vez se pueda ser igual de feliz en otras circunstancias, pero, desde luego, no más de lo que él lo fue en aquellos momentos. El cine también eran aquellas caras de Diego Galán. Nuestras caras. 
Descanse en paz. 

domingo, 14 de abril de 2019

Tarde de viernes

La luz de la tarde transmite sosiego después de tantos días de ajetreo. Es viernes y hace calor. Los dos hombres beben vino tinto en una terraza. Desde que estuvieron en Londres, donde la gente tomaba vino a las cinco o a las seis de la tarde, no tienen complejo por beber vino a la hora que les apetece. ¿Por qué hay que esperar a las ocho? Hay ciertas costumbres un poco estúpidas, la verdad. Se nota cierto revuelo alrededor. A pocos metros, Vox inicia su campaña con un mitin aquí, heroica ciudad que hoy ha decidido no dormir la siesta o ha decidido dormirla para siempre, no sé.  
De repente, se oye un gran revuelo. Al parecer, el recinto se ha quedado pequeño para tanta gente y el líder ultraderechista ha salido a la calle a saludar a los que no han podido entrar. "¡Presidente, presidente!". Es el grito de numerosas personas. Los dos hombres se miran, sin decir nada, y le piden otro vino al camarero. Dos mujeres -madre e hija, no hay duda- pasan por su lado. La mayor lleva una banderita de España en la mano. Las dos dicen: "¡Qué guapo es, qué guapo es!".  
Los dos hombres no dicen nada porque ya está dicho todo. Sólo queda beber algo más de vino y, como a pesar de ciertas cicatrices son de carácter positivo, confiar. Y eso hacen, bajo esa luz que sigue transmitiendo ese necesario sosiego, beben y confían.