lunes, 14 de agosto de 2017

Los paraísos perdidos

Ayer estuve viendo de nuevo 'Los paraísos perdidos', de Basilio Martín Patino, que es la mejor manera (creo) de homenajear a alguien que se acaba de ir. Me interesan mucho los temas que aborda: como espectador, como lector y como escritor. La vuelta a los orígenes, el regreso a los paisajes de la infancia, la muerte de los padres, el paso del tiempo, el olvido... Temas esenciales, evidentemente. Me gusta ese modo de narrar, que a veces casi parece un documental. Y la voz de Charo López leyendo las palabras escritas por Hölderlin. Charo compone muy bien ese personaje de mujer comprometida, intelectual, con algunas heridas a sus espaldas, que se resiste al olvido. Y que, a pesar de los vaivenes de su propia existencia, decide que es mejor arriesgarse a un baile que quedarse sentada de brazos cruzados. Esas determinadas maneras de posicionarse en aquellos tiempos en los que se rodó la película (1985) y también en estos. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Carteles

En el primer piso del edificio donde vivían mis abuelos maternos, en Mieres, había una peluquería. Una de esas peluquerías, tan características por entonces, situadas en una de las habitaciones de la casa de la propia peluquera. Mi abuela, que vivía unos pisos más arriba, bajaba todas las semanas y mi madre también se arreglaba allí muchos sábados. De niño, me gustaba el olor y el ambiente de aquel lugar. Las risas de las mujeres, el sonido de los secadores, el olor de todos aquellos productos, el pelo (de diferentes colores) recién cortado sobre las baldosas. A veces, entre ellas, también se peleaban y, ante mi asombro, se decían de todo para, minutos después (la peluquera era la que ponía un poco de orden), volver a reírse alegremente, aquí paz y después gloria. Todo ese jolgorio era mucho más divertido que aquellos otros locales masculinos, tan serios y envarados, donde mi madre me llevaba a cortar el pelo, dónde iba a parar. 
Ayer, unas calles más arriba de nuestra casa, me encontré con el cartel tan setentero de una peluquería que me hizo recordar todo aquello. 

domingo, 30 de julio de 2017

Elvira Lindo y 'Los días raros'

Por razones que no vienen al caso aquí, este verano está siendo muy complicado. Por eso, más que nunca, aprecio los gestos positivos. Valoro, como sabéis, todas las opiniones sobre mis libros, pero cuando vienen de alguien a quien admiro tanto desde hace años, la alegría es un poquito mayor. Elvira Lindo acaba de leer 'Los días raros' (Ediciones Trabe) y ésta es su opinión:

"Leí tu libro y, como siempre, me conmovió la sensibilidad y la humanidad que hay en tu mirada del mundo. Es precioso."

Muy agradecido, querida Elvira, por tu tiempo y por tus palabras. Palabras que en este verano de 2017 se hacen, para mí, aún más valiosas. 

sábado, 29 de julio de 2017

Celia Pinto

Celia Pinto. Hay veces que conviene dejar los problemas en casa y salir a la calle. Eso pensó ayer mi hermana y dijo: os invito a cenar, escoged el sitio que queráis. Escogimos Celia Pinto. Teníamos muchas ganas de ir porque nos habían hablado muy bien de él. Y cuando esto pasa, temes que la cosa te defraude. No fue así. Un lugar para comer bacalao. Con aires portugueses, evidentemente. La música de fondo, el ambiente, la temperatura del vino y ¡la comida! El bacalao y los postres. Qué maravilla. Por un momento, casi te imaginabas allí, en alguno de los rincones de Lisboa (también quiero volver), mecido por esa lentitud y esa calma que al caer la noche se siente en la capital portuguesa. Creo que hay que denunciar esos sitios donde te toman el pelo (cada vez con más frecuencia) y esos otros donde merece la pena invertir el dinero. Celia Pinto es de estos últimos. Por eso escribo esto. 

martes, 18 de julio de 2017

Veranos

Hay veranos para las risas, para las bicicletas, para las noches interminables. Hay veranos para hundir los pies en la arena caliente, en el mar helado, en la hierba húmeda del jardín. Hay veranos para dejarse llevar por esa corriente de algarabía, de cerveza helada, de sol intenso. Hay veranos sin relojes. Y luego hay otros veranos en los que cada minuto cobra su importancia, en los que la incertidumbre persigue nuestros pasos y en los que te gustaría que el 18 de julio fuese ya el 18 de octubre (como poco). 
Hay veranos maravillosos y hay otros, en fin, sobre los que te gustaría pasar de puntillas. Como si uno no fuera uno mismo sino una sombra extraña que se hiciera un hueco en nuestro cuerpo.  

sábado, 8 de julio de 2017

Días de lluvia

Hoy tampoco habrá paseos por la playa, ni cervezas heladas en las terrazas. Saldré a la calle y, mientras Íñigo termina de trabajar, daré una larga caminata y recogeré en la biblioteca uno de los libros que tenía reservados. Tal vez, en la biblioteca, encuentre otro hallazgo y, a la salida, me anime a comprar un pequeño ramo de flores en uno de los puestos del FontánLuego, llegaré a casa de mis padres y prepararé un pisto casero para los tallarines, y abriré una botella de vino tinto, y tomaremos queso y piña de postre. Y escucharemos la lluvia con la ventana abierta mientras bebemos un gin-tonic y recordamos el sol de otros veranos. Estoy seguro de que también recordaremos otras cosas. Y caerá la tarde, y regresaremos a casa, en silencio, bajo ese paraguas azul y negro que compramos el otro día cuando nos pilló por sorpresa la tormenta, y ninguno de los dos pronunciará la palabra otoño ni la palabra invierno. Porque las únicas horas que cuentan son éstas, las que viviremos a lo largo de este día oscuro y lluvioso de principios de julio. 

jueves, 6 de julio de 2017

Escribir

Hay días en los que, aún queriendo, no puedes escribir nada. No es por falta de tiempo, ni por cansancio. Es por ciertas cosas que tienes en la cabeza y no puedes dejar de pensar en ellas. Quieres escribir, avanzar en lo escrito, inventar algo nuevo, investigar. Es imposible. Entonces, siendo honestos, lo mejor es dejarlo. Cerrar el cuaderno y no buscarte más líos. Lo mejor es sentarte a la mesa de la cocina, abrir la ventana, escuchar los sonidos que proceden del patio. La algarabía de los niños, el sonido de un televisor lejano, una música demasiado alta, alguien que bate huevos para una tortilla. Escuchar esos sonidos. El runrún de las vidas ajenas. 
Y comer una manzana muy verde, disfrutarla despacio, como si fuera el último acto que fueses a hacer en esta tierra.