sábado, 19 de mayo de 2018

Aquel 19 de mayo

Te miro y sigues siendo el mismo de aquella madrugada que cambió nuestras vidas para siempre. La misma inocencia, la misma bondad, la misma inteligencia, la misma belleza. El amor, sí. Han pasado muchas cosas desde entonces. Días soleados y días de mucho frío a nuestro alrededor. Pero lo importante es atravesar la nieve sucia y llegar juntos al otro lado, sin resbalar. Desafiando las inclemencias y disfrutando de las treguas. Han pasado muchas cosas desde la madrugada de aquel 19 de mayo. Y también once años. 
Qué lujo poder escribir esto mientras siento cómo tu respiración aleja todas las formas del miedo. 

domingo, 6 de mayo de 2018

Dos meses después

Como la vida tiene sus abundantes dosis de crueldad y capricho, hoy, precisamente hoy, se cumplen dos meses de la muerte de mi amiga Loli. Y he pensado en ella, como casi todos los días, durante la mañana. Y en su marido, en sus hijos y en sus nietos, que no pudieron disfrutar de su risa, de su sentido del humor, de sus ganas de tomar ese último vino a la hora del vermú, en esta jornada de sol y de abrazos. Hoy, precisamente hoy, que todos sabemos que el día de las madres son todos los días, pero hay fechas en el calendario que no se pueden tachar cuando las ausencias los hacen -inevitablemente-más significativos. 
Es cierto que recordar a las personas que quisimos hace que no desaparezcan del todo de nuestra memoria. Pero también es cierto que hay días en los que recordar también hace daño. Hoy, precisamente hoy, es uno de ellos. 
Yo te sigo viendo, amiga, cada día, entrando en esos cines que sólo existen en un lugar privilegiado de nuestra memoria. Con tu melena rubia, tu diferencia, tus ganas de hacer mil cosas y de disfrutar de la vida. Como si el tiempo no hubiera transcurrido y no nos hubiese traído a este presente que hoy se nos antoja un poco más melancólico. 

viernes, 27 de abril de 2018

Un chute de vida

Me gusta caminar. Caminar hasta sentir cansancio en las piernas. Me gusta caminar acompañado y me gusta (mucho) caminar solo. Cuando camino solo, observo y escucho mejor todo lo que voy encontrando a mi paso. Durante esos paseos solitarios no me agrada especialmente encontrarme a gente conocida con la que tenga que detenerme a hablar, aunque sea gente que me caiga bien. Uno, con la edad, va teniendo sus manías. Me gusta caminar y pensar en mis cosas, sin dejar por ello de observar lo que me voy encontrando ni de escuchar las voces que van surgiendo. 
Un día de la semana pasada recorrí prácticamente la ciudad entera para conseguir un libro que sólo tenían en una biblioteca que está situada a unos cinco kilómetros de mi casa. Y durante el recorrido, escuché a mis espaldas la frase. "Quiero un chute de vida". La pronunció una mujer en voz alta a mis espaldas. Cuando me di la vuelta, su figura ya se había perdido entre la gente. No pude verle la cara. "Quiero un chute de vida". Fui pensando en esa frase hasta llegar a la biblioteca. La anoté en el cuaderno. ¿A qué se referiría exactamente aquella mujer? ¿A un cigarro, a un trago, a unas vacaciones? Sigue ahí, en el cuaderno, entre otras anotaciones e incógnitas. 

martes, 24 de abril de 2018

Aniversario

Y vas caminando y caminando, esquivando charcos, tapando heridas, pasando las hojas del calendario para que las ausencias y las decepciones se vayan haciendo menos dolorosas, y llega un día (hoy) y te das cuenta de que han pasado ocho años desde aquella luminosa mañana en la que te casaste, y comprendes una vez más que nada tiene demasiado sentido, nada, excepto que los charcos, las heridas, las ausencias, las decepciones y demás retahílas de las que nadie se librará tarde o temprano se hacen más llevaderas cuando su risa o su silencio inundan el espacio que compartís, y todo, aún con todas esas cicatrices a cuestas, vuelve a empezar con la misma ilusión con la que la aguja del tocadiscos se sitúa de nuevo al principio de esa canción que has escuchado dos millones y medio de veces y aún así te sigue erizando la piel como si nunca antes la hubieses escuchado. 

domingo, 15 de abril de 2018

Su último gesto

Su último gesto fue sencillo: apoyó su cabeza (endeble ya) contra mi pecho y se adormiló en aquel calor. Mis manos, más bien pequeñas, abarcaban por entero su frágil cuerpo. Y así, así, se adormeció. Al otro lado de la ventana, ya no sabíamos si hacía frío o calor. Estúpida primavera. Lo que había allí, al otro lado de la ventana, no nos importaba. A ninguno de los tres. 

sábado, 14 de abril de 2018

Milos Forman

Me gustan las películas de Milos Forman. Todas ellas forman parte de nuestra educación sentimental. Aunque algunos, por edad, hayamos visto buena parte de sus trabajos en aquellas primeras cintas de VHS, qué tiempos. Era un director más que notable. Era, a estas alturas, una especie de clásico. Su versión de 'Las amistades peligrosas' ('Valmont') era sobresaliente, está claro (¡aquella Annette Bening!), pero tuvo "la desgracia" de que la versión de Frears fuese una obra maestra desde el momento número uno.Mal ajuste de agendas, quizá. No importa. Todos sus títulos lo hacen merecedor de un lugar más que destacado en la historia del cine y en el de nuestro propio camino. Le recordaremos, qué duda cabe. 
Let the sunshine in. Como siempre. 

viernes, 13 de abril de 2018

Ausencia

Ayer nos deshicimos de todas las cosas de Francesca. Una buena amiga se quedó con lo que le interesaba y el resto se lo llevó para entregarlo a un albergue de animales que hay al lado de su casa. Pensábamos que al deshacernos de todo eso, la situación se volvería menos complicada. Qué ingenuos. Las cosas materiales son sólo eso, cosas materiales, por mucho apego que alguna gente les tenga (a las cosas materiales y al dinero). Los sentimientos siempre van por otro lado. Siempre. 
Es muy duro llegar a casa y que Francesca no salga a recibirte. Entrar en el estudio de madrugada y ponerte delante del ordenador sin ver su cara soñolienta y sin sentir su pata sobre tu brazo como un modo de darte los buenos días. Cocinar y no notar su presencia rondando cerca de los pies, alegremente. Llamarla y que no acuda a tu encuentro. Y así, tantos actos del día a día compartido durante nueve años, podría enumerar (si tuviera fuerzas) muchísimos más. 
Todo es cuestión de tiempo, lo sé. Pero qué tristes se vuelven algunas ausencias. Y qué vacío tan inmenso nos dejan.