miércoles, 29 de marzo de 2017

Pájaros

Esta mañana, muy temprano, al abrir la ventana, pude sentir el murmullo de algunos pájaros cerca. Era una sensación curiosa: aún no había amanecido y ahí estaban, quizá sobre un cable o un tejado, alborotados. Me gusta ese sonido, el de los pájaros. Y también me asusta un poco. Cuando mi abuela, consumida por el cáncer, estaba en el hospital, veía pájaros por el suelo de la habitación. Nos mandaba callar y decía: ¿no los oís? Nos entraba una risa nerviosa que no era otra cosa que la exaltación de la inquietud. Pensándolo ahora, pese a lo tremendo de la enfermedad, había algo poético en todo aquello. La abuela podía escuchar pájaros que no existían a los ojos de los que no estábamos enfermos. 
Y recordándolo esta mañana, mientras escuchaba el alboroto de estos pájaros reales, sobre un cable o un tejado, me ha parecido que esa historia, la de la abuela enferma que veía y escuchaba pájaros por el suelo de una habitación de hospital, bien podría ser una historia de Flannery O´Connor. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

La vida, un instante

Te levantas, escribes, sigues la rutina establecida. Y de repente, el mediodía. Preparas la comida. Tocan lentejas. Sabes que a él no le gustan demasiado, pero hay que comerlas de vez en cuando: son económicas y saludables. Él llega de la oficina. Habláis de las cosas de la jornada, como todos los mediodías. Podíamos ir a dar una vuelta por el FNAC, propones. Él dice: Vale, cuando termine de trabajar. Cogéis el coche, vais hasta Parque Principado (o como se llame ahora). Te apetecen muchas cosas, eso ya lo sabías de antemano. No deberías comprar ese libro, pero lo compras. Él te mira, sonríe, sabe que no vas a salir de allí sin nada. Es el Día de la Poesía, hay que celebrarlo (aunque el libro que has escogido no sea de poemas, sino de relatos). Llueve con fuerza. Sientes la lluvia sobre la cabeza hasta llegar al coche. Siempre es una sensación agradable. Ya en el coche, de regreso, recibes en el móvil un mensaje de tu hermana: Os invito a un vino, si os apetece. Le contestas: Nos apetece. Ya casi estáis llegando a casa, en dirección al garaje, al bar donde habéis quedado. Y de repente, una loca a toda velocidad no se detiene donde tendría que haberse detenido y sientes que la loca y su enorme coche ya están encima de ti, de tu marido, de vuestro pequeño coche. Sientes el fin, los cristales rotos por todas partes, el cuerpo paralizado. Pones los pies hacia delante y aprietas con fuerza el libro que llevas en las manos, como si con esos gestos detuvieses la desgracia. La loca consigue (por escasos segundos) detener la desgracia. El corazón te sale del pecho. Todos los nervios del mundo en la boca del estómago. No articulas palabra. Ni siquiera le dices a la loca: estás loca. Sólo sientes que la vida no es más que eso, un instante.   

martes, 21 de marzo de 2017

Adiós (Poema inédito)

Estás muerto, 
y no siento nada. 
Mi cuaderno 
reclama unas palabras. 
Supongo que solicita
un esbozo de aquel
tiempo de amor
incendiario, 
inmaduro, 
inconsciente.
Pero no puedo
escribir lo que no siento. 
Ya no eras nada 
para mí
mucho antes de 
tu desaparición.
Humo, cenizas, ruina. 
El paisaje que queda
después de una guerra.
Ya sólo recuerdo eso. 
Ese fue el equipaje 
que me llevé en los 
bolsillos 
cuando cerramos 
-violentamente-
aquella puerta. 
A veces, con ese 
equipaje, 
uno puede sentirse el 
hombre más desdichado de
la tierra.
Y también el 
más ridículo. 
Aunque aún no
hubiese llegado 
a los treinta. 
Estás muerto,
y lo siento. 
No quiero decir más. 

jueves, 9 de marzo de 2017

La quietud

Hace frío. El sol entra por la ventana entreabierta (me gusta sentir esas pequeñas ráfagas de frío) y va dejando luces en el suelo, en el cristal, en mi mano, en el lomo de la gata. Siento las piernas algo cansadas por el largo paseo. Es una sensación agradable, no obstante. Tengo que leer lo que escribí esta mañana, antes de que amaneciese. Corregir lo escrito. He terminado un cuento y eso siempre es motivo de euforia y de vértigo. Pero voy aplazando el momento. Leo el último libro de Ignacio Ferrando, 'La quietud'. No quiero dejar de hacerlo. 
A veces, aproximándose el mediodía, uno se encuentra con una paz extraña y placentera. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo

No tuvo que enseñarme a respetar a las mujeres porque, observando desde muy pequeño cada uno de sus comportamientos, ya estaba implícito ese respeto. El respeto, sí. Y la educación, los buenos modales, la libertad (y los medios, claro) para que nos convirtiésemos en aquello que deseábamos. Todo eso lo aprendí de ella, de mi madre. No hacía falta más que seguir su modo de actuar, que es lo que solemos hacer cuando tenemos pocos años y empezamos a descubrir el mundo. Observar y actuar como los mayores lo hacen. Mi madre me compró mi primer libro y, ayer mismo, tantos años después, el último hasta la fecha. Ella también me compró mi primera muñeca porque consideraba que no había nada de malo en que un niño jugase con muñecas. Esa naturalidad -que no deja de ser otra manera de expresar el respeto y de diferenciarse de los intolerantespara todo es una de las cosas que más admiro en ella. Por eso, y por otras razones que os imagináis, mis palabras en este día van para ella. La solidaridad y la complicidad, con todas las demás. Como todos los días, vaya. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Loli, esa amiga

Ahí viene, con su abrigo de leopardo y su melena rubia bajo un sombrero que le sienta de maravilla. Ahí viene, Loli, mi amiga, amiga de nuestra familia desde que mi memoria recuerda, tantos años ya. Ya escribí más veces sobre ella. Loli es glamour, es estilo, es diferencia. Loli, vamos a decirlo claramente, es única. Va más allá de esta ciudad. Loli es un personaje de Madrid, de París, de Londres, de Nueva York. Mi madre (son amigas desde muy jóvenes) siempre me cuenta que, antes de casarse, iban juntas por Mieres y ella, Loli, llevaba un abrigo rojo espectacular y todo el mundo se volvía para mirarla. Ella no quería llamar la atención: ella era así. Yo aún no había nacido, como el protagonista de la última novela de Ian McEwan, pero puedo imaginarla. Tan rubia, tan llamativa (sin pretenderlo), tan auténtica. Como Marilyn, como Catherine, como Sara. Pertenece a esa misma estirpe de mujeres, de estrellas (no hace falta ser actriz ni cantante, ni siquiera escritora, para ser una estrella). Aunque no haya sido actriz, ni cantante, ni escritora, ni falta que le hace. Ha sido (y es) nuestra amiga. Estuvo en nuestra boda, está en nuestras vidas, siempre tan cercana. Es un personaje de esta ciudad y es un personaje de Studio 54. La recuerdo una Nochevieja, finales de los ochenta, con un mono de lentejuelas digno de la mismísima Liza. Los diferentes nos encontramos. Sobre todo, en lugares tan pequeños como éste. Yo lo tuve fácil. Ya estaba en mi vida cuando nací, y ahí sigue, formando parte de ella. Un espíritu libre. Mi amiga. En este Oviedo ruinoso y en aquel otro lleno de luces donde todo parecía posible.  

sábado, 4 de marzo de 2017

La felicidad (o así)

No voy a andar contando aquí mis problemas, pero lo reconozco: ayer no tuve mi mejor día. Pero lo positivo de los malos días es que, de repente, todo puede cambiar. Vas al cine (el lunes hablaré de 'El viajante' en LaEscena, pero la recomiendo desde este mismo instante), sales con esa satisfacción que da siempre ver una buena película en pantalla grandedespués te tomas un par de vinos y la cosa parece que va mejorando. Entretanto, recibes la llamada de una amiga que te dice que se acaba de acordar de ti y que quiere saber cómo va todo. Y qué coño: te alegra que se acuerden de ti inesperadamente tus amigas. Para terminar, entre vino y vino, tu marido te regala esos cuentos de Daniel Monedero que tenías tantas ganas de leer y, aunque los problemas siguen ahí, todo cambia como por arte de magia. En el fondo, tampoco es tan difícil hacer feliz a un hombre (de letras).