miércoles, 16 de enero de 2019

Croquetas

Dicen por aquí que hoy es el día de la croqueta. Mi madre me enseñó a prepararlas, muchos años atrás ya. Como la mayoría de los platos que sé cocinar, frixuelos incluidos, que no sé yo en qué colegios enseñan a hacerlos, pero bueno ésta es otra historia. Revolver con paciencia y arte (con cuchara de madera, nada de batidoras ni otras máquinas) la bechamel para que no se creen grumos, llegar a la textura precisa (ni gruesa, ni demasiado líquida). dejarla enfriar el tiempo necesario, hacer la forma (grande o pequeña: según el día, según los gustos) y freírlas a la temperatura adecuada, siempre pendiente de que no se quemen ni queden crudas. Lo elemental, si tienes ganas y le pones voluntad. Porque la croqueta -como la mayoría de los platos, en realidad- precisan de eso: de ganas y voluntad. 
Dicen por aquí que hoy es el día de la croqueta. Pues vale. Si las ocupaciones me lo permiten, me pondré a ello en un rato, aunque en esta casa el día de la croqueta se celebra a menudo. Uno de esos platos estrella que se preparan para celebrar algo o para aligerar los problemas. 
Más gratificante aún que su sabor, es ver la cara de satisfacción de quien las comparte contigo. Porque la croqueta, como todos los platos (creo), hay que disfrutarla en compañía. En la barra de un bar o en la cocina de tu casa. A ser posible con una buena copa de vino y al hilo de la charla. Quizá esto último también forme parte del secreto de su éxito. Quién sabe.  

martes, 15 de enero de 2019

Martha

El jueves celebraremos la segunda edición de 'Mujer en el bar' en el Club de Prensa de La Nueva España, a las 20 horas. Estaremos Leticia Sánchez Ruiz, Azucena Vence, Samuel Castro y un servidor. Y todas las personas que queráis acompañarnos. Dice Belén Suárez Prieto que también estará la Martha de Tom Waits, y yo la creo. Porque esa Martha no ha dejado de susurrarme cosas desde que la conocí en aquellos días de rosas, poesía y prosa en los que ella tenía un marido y unos recuerdos, pero yo, tan joven aún, sólo la tenía a ella. A Martha, sí, y a otras tantas como ella que empezaban ya a ayudarme a crear mis recuerdos y mis historias. Las reales y las inventadas. Todo eso que, a veces, se confunde y entremezcla en las páginas de un libro. 

sábado, 12 de enero de 2019

Celebración

Siempre he pensado que las cosas positivas hay que celebrarlas. Agotar la primera edición de un libro de cuentos en menos de un mes es motivo de celebración. Quizá pensando en eso mismo,  Maria José Iglesias me acaba de proponer hacer algo el próximo jueves en el Club de Prensa, a las 20 horas. Una reunión para hablar de 'Mujer en el bar', para comentar impresiones, para enredarse con la literatura y con lo que surja. De inmediato, sin pensarlo dos veces, le he dicho que sí. Así que todo el mundo está invitado. No habrá vino ni champán (sorry), como el que toman mis protagonistas en el bar. Pero me acompañarán dos mujeres fabulosas: Leticia Sánchez Ruiz (que saca novela en marzo, así que apuntadlo, apuntadlo) y Azucena Vence, compañera de numerosas batallas y alegrías. 
Allí, si queréis, podéis y os apetece, nos vemos. 


martes, 8 de enero de 2019

Segunda edición

¡Última hora!

Me escribe mi editora, Esther Prieto, para decirme que ya está en marcha la segunda edición de 'Mujer en el bar'. 
A las amistades de este blog que contribuisteis a ello, muchas gracias. 
Contento y agradecido. 

martes, 1 de enero de 2019

Primer paseo del año

El primer paseo del año: sol, frío, cielo despejado y algunos restos de la noche.
De regreso: luces en las ventanas, varias sombras, cielo casi nocturno ya.
En silencio, entendemos que los cambios se suceden dentro de nosotros mismos. Pocas variaciones en el paisaje. Enero, pasado todo el periodo festivo, es una especie de trampolín. Averiguar el lugar al que nos llevará es asunto de todos esos días que vendrán y que pasarán todavía más veloces que en años anteriores. Esas incógnitas, sí.
Alguien debería plantearse quitar las luces navideñas que iluminan las calles este primer día del año. Hay ciertas rutinas que son cansancios acumulados, y ciertos cansancios acumulados que no logran ahuyentar a la tristeza. 
Y por un instante, sorprenderte al ver tu propio rostro en el cristal del escaparate de una librería donde descubres tu último libro con la sensación (extraño calambre) de que colocado ahí ya no te pertenece. 

sábado, 29 de diciembre de 2018

Feliz cumpleaños, rubia

Parábamos por allí en algunas ocasiones, finalizando ya la noche. Recuerdo que por aquel tiempo estaba leyendo la biografía de Marianne Faithfull y en aquel local, mientras hablábamos de ella, la imaginaba sentada en uno de aquellos ajados sofás. La melena rubia, la carcajada fuerte, la mano un poco temblorosa sujetando el cigarrillo, la copa cerca... De vez en cuando, incluso, llegaba hasta mí su voz. La voz de entonces que, aunque lo parezca, no era la misma que la de ahora. A ratos, escuchando estos días su último trabajo, uno tiene la sensación de estar asistiendo a una especie de despedida. Hay algo solemne en esa voz, en esas canciones. Nada que ver con aquella voz de entonces, en aquel tugurio, donde, aunque cualquier noche podía haber sido la última para ella, no había rastro de esa solemnidad. Había muchas cosas, evidentemente, porque la voz refleja aún más que el rostro o las manos todas las erosiones vividas, todos los temblores. Pero no esa solemnidad que también está en la preciosa foto de ese último cedé. Una señora que sujeta un bastón y mira fijamente. Una señora que hoy cumple 72 años. Una señora a la que imagino lejos ya de tugurios y andanzas peligrosas. 
Aunque la luna de París ya no sea la misma, como canta hoy, pondré un puñado de flores cerca de sus fotografías. Rendido, como siempre, ante ese complejo entramado de sensaciones que transmite, incluida ahora esa solemnidad que te deja, como un cuento de Fleur Jaeggy, un escalofrío por todo el cuerpo. 

lunes, 24 de diciembre de 2018

Recordando a Loli

En días como hoy, a una hora u otra, siempre recibía la llamada de mi amiga Loli para preguntarnos cómo estábamos y felicitarnos las fiestas. Hablábamos un rato de esto y de lo otro, del bar que acababan de abrir no sé dónde, de la película que no había que perderse en el cine, del sinsentido de todos estos excesos de comida, bebida y exaltaciones varias que propician estas fechas. Con ella, siempre terminaba uno riéndose porque con su ironía y su sentido del humor era inevitable. A veces, si el ajetreo lo permitía, tomábamos un vino al mediodía, midiendo que ese vino, en tal ocasión, no derivara en cuatro o cinco, porque había que llegar a la noche en correcto estado, no fueran a criticarnos las voces de aquella esquina. Y seguían las risas y el buen rollo, en ese bar recién inaugurado o en los de siempre, porque ella sabía ponerle la puntilla con elegancia a cualquier tema. 
Hoy no recibiremos la llamada de nuestra amiga. Pero en el recuerdo están todos aquellos momentos de amistad compartida (las risas, las risas). No es consuelo barato. Es tratar de aceptar con serenidad que hace tiempo que la vida va en serio. Brindaremos por ella. Y nos reiremos recordando alguna de sus gracias. 
Que tengáis una buena jornada. Y que no falten las risas, a pesar de los pesares.