lunes, 28 de noviembre de 2011

Compartiendo mesa con Antonio Masip

A veces, en este ir y venir en el que andamos los escritores, nos encontramos con colegas con los que empatizamos de inmediato. Así, la otra tarde, en el Rastrillo de Nuevo Futuro (donde Marta Polledo y Mar Eguidazu siempre tienen la gentileza de invitarme), con Antonio Masip, alcalde que fue de Oviedo y que acaba de publicar "Con vistas al Naranco", publicado por Septem Ediciones (la editorial que dirige Marta Magadán, generosa y siempre detallista amiga), que aguarda desde ya en mi mesita junto a la nueva recopilación de artículos del gran Javier Marías (me adelanto un poco en esto de los balances anuales y digo que su novela, "Los enamoramientos" es una de las mejores de este año, el 2011, que se va agotando). Ahí estamos, los dos, Antonio y yo, compartiendo mesa, recibiendo flashes, firmando de cuando en cuando a los que se acercan a comprar nuestros libros, charlando sobre nuestros gustos literarios, recordando anécdotas de mujeres estupendas, dejando pasar la tarde entre unas cosas y otras. Abre, Antonio, uno de mis libros al azar y trae de ellos el nombre de alguno de los escritores que los habitan. Los Aldecoa, los Bowles, los escritores norteamericanos con Truman Capote a la cabeza... Coincidimos en todos ellos. No podía ser de otra manera. En las dos Marguerite, Duras y Yourcenar. Y en Ángel González, claro, tan grande poeta como era, como es. Palabra sobre palabra. Hablamos, de pasada, de su enfermedad, de ese ictus que le dio hace un tiempo y cuyas secuelas intenta neutralizar haciendo un montón de tareas: el ordenador, las lecturas, la escritura, los artículos del periódicos, los viajes a Bruselas... Y de cómo eso, la enfermedad, lo relativiza todo. Las enfermedades siempre separan las cosas importantes de las que no lo son. Bien lo sabemos los que, de un modo u otro, pasamos por ellas. Mirar hacia delante, siempre, no queda otra. Nos despedimos, Antonio y yo, después del encuentro con los lectores y de nuestra charla. Y al llegar a casa, abro su libro y leo: "El camino es mi patria, mi esfuerzo, mi vida, mi inexcusable razón de ser". No puedo estar más de acuerdo con esas palabras, don Antonio. Y espero que ese camino por el que transitamos haga que nos volvamos a encontrar pronto, compartiendo de nuevo alguna mesa como la de la otra tarde.

5 comentarios:

  1. Querido Ovidio.
    Vivir de forma inteligente es un continuo relativizar las cosas.
    Encontrarse con los escritores, muchas veces, es una razón ser y la amistad: una patria a defender sin bandera.
    Un beso fortísimo, amigo. Y, enhorabuena, por el escrito.

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  2. yo recuerdo los años de Antonio Masip como alcalde y los recuerdo con cariño y añoranza
    eran otros tiempos, otras ilusiones, otra forma de ver las cosas y de hacer política
    él siempre fue un adelantado a su tiempo y leyendo tu glosa, veo que ese contratiempo en su salud no ha hecho más que engrandecerlo, queda probado en su dedicatoria hacia ti,
    sigue sabiendo reconocer lo mejor entre lo bueno

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  3. no soy chauvinista, pero...
    Antonio Masip y tú sois dos lujazos para esta ciudad de Oviedo

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  4. no me gusta ser chauvinista, pero...
    Antonio Masip y tú sois dos lujazos para esta ciudad de Oviedo

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  5. Marta Polledo y Mar Egidazu son dos mujeres imprescindibles y fantásticas, que siempre llamen a Ovidio es una prueba más de su saber hacer

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