Abro la nevera y saco el paquete que me entregó ayer el carnicero. Le quito el papel y vuelco el contenido en una fuente que tiene tantos años como mi relación de pareja. Un kilo de carne picada. Cada vez me da más pereza hacer albóndigas, pero ya no tengo a nadie que me las prepare, así que si quiero comerlas no me queda más opción que espabilarme. Le pongo sal, pimienta, un huevo y un diente de ajo muy picado, y hundo mis manos en la carne. Roja y esponjosa. Les voy dando forma -pequeñas, redondas, bien prensadas con el pan rallado- y las coloco cuidadosamente en un plato grande y limpio. Aún me queda trabajo por delante y ya empiezo a sentir molestias en la espalda. Y es entonces, en medio del imponente silencio de la madrugada (entrar en ese silencio es como entrar en el mar, escribió Marguerite Duras), cuando me doy cuenta de las similitudes que existen entre cocinar y escribir. Da igual el plato que prepares, da igual el género literario que escojas. Ahí está, una masa de carne a la que darle forma. Ahí está, una historia que te ronda y a la que también debes darle forma. Siempre queda trabajo por delante y siempre termina por resentirse la espalda. Nunca, en todo caso, puedes huir. Dejar las cosas a medias si ya te has metido en el berenjenal, ya sean unas albóndigas o un nuevo libro. A ambas cosas hay que darles las atenciones y el tiempo que precisan. La misma paciencia. Lo contrario, abandonarlo todo, puede que sea otra manera de rendirse. De envejecer definitivamente. De encararte con la muerte antes de que llegue la hora.
sábado, 28 de septiembre de 2024
jueves, 26 de septiembre de 2024
Turrón en septiembre
Hoy se cumplen quince meses de la muerte de mi madre. Y hoy, precisamente, mientras estaba esperando en la cola del supermercado para pagar unas cosas (kiwis a cinco euros el kilo, ¿qué es todo esto?) descubrí las estanterías con el turrón. La Navidad ya no existe para mí, pero qué bajonazo. Con las noticias todo el día hablando del sobrepeso y de los elevados índices de azúcar en la población, ¿es necesario ofrecer turrón en septiembre? Calentando motores, imagino. Tira, tira. A punto estuve de decirle al chico de la caja, lento hasta la desesperación, que se animaran el año que viene a poner el dichoso turrón en junio, entre las chanclas de playa y los bronceadores. No vamos hacia el esperpento, no, ya estamos cómodamente instalados en él desde hace un buen rato.
viernes, 20 de septiembre de 2024
Segundo premio
No hace falta ser fan de Los Planetas (no lo soy) para que te guste esta película. La historia va más allá del típico (o clásico) biopic de un grupo musical. Aquí se trata de otra cosa. Digamos las raíces del meollo. O, mejor aún, las tripas. Donde más duele. La relación entre los miembros y la relación con la propia creación. Ahí está el delicado asunto. Y sobre ese complicado equilibrio se desarrolla esta historia con un permanente e inevitable giro hacia la tristeza. No creo que tenga muchas posibilidades en Hollywood (ese es otro asunto), pero es una buena película.
domingo, 15 de septiembre de 2024
Mi charla en la tele con el periodista Óscar López
Se puede ver en youtube, poniendo en el buscador mi nombre y el título del programa, 'El arpa de Bécquer'.
domingo, 8 de septiembre de 2024
Bravo por Almodóvar
Cuando se estrenó en esta ciudad 'La ley del deseo', en los desaparecidos cines Brooklyn, mucha gente abandonaba la sala a mitad de la proyección maldiciendo por lo bajo. Ese era el nivel entonces de parte de la sociedad ante una historia que mostraba la homosexualidad sin tapujos. Recuerdo esta anécdota a menudo, dados los revueltos tiempos que vivimos: sin caer en el pesimismo porque, a pesar de todo, el avance en las mentalidades es más que evidente. Aunque no convenga bajar la guardia en ningún momento.
jueves, 5 de septiembre de 2024
Los tipos de gentileza de Yorgos Lanthimos
'Kinds of kindness' es cruel, salvaje, despiadada. Brutal. Yorgos Lanthimos no se anda con medias tintas (no creo que lo haya hecho nunca), no le interesa quedar bien con el espectador mayoritario (¿por qué tendría que hacerlo?) ni mostrar el lado amable del mundo. Le gusta, eso sí, rodar con elegancia y que una buena fotografía lo ilumine todo. Que la buena fotografía ilumine el mal del mundo (también a los intérpretes, camaleónicos y sobresalientes), que sí existe, a diferencia del título de la última (y decepcionante) película de Ryūsuke Hamaguchi. El mal está en todas partes, no hay que ir a las zonas de guerra, cada vez más numerosas. Está ahí, a la vuelta de la esquina, en la cabeza de un señor de buen aspecto que se toma un vino blanco en la barra de un local lujoso y encantador, en una señora que se resiste a abandonar a una panda de chiflados con la que convive en una especie de secta macabra o en un marido que duda de que su mujer, tras un duro trance, sea realmente su mujer. Sí, el mal puede estar ahí, según Yorgos y su guionista, Efthimis Filippou. Y está. Como seguramente también está presente en algunos lugares de los que posiblemente no nos atreveríamos a dudar. No hay que ir a las guerras ya mencionadas o a la zona de interés, que nos contaba Martin Amis. Zonas oscuras, sombrías, despiadadas. Las que le interesan a Lanthimos y a Filippouue. Las que el director muestra sin rubor. Esto es lo que hay detrás de un bonito paisaje otoñal, en el interior de un bar caro y elegante o tras las hermosas facciones de una entregadísima (de nuevo) Emma Stone. Lanthimos camina por el lado oscuro, oscurísimo. No hay que engañarse, parece decirnos. Las películas, incluso tan tremendas como esta, sólo reflejan una parte de lo que está al otro lado, la realidad que vemos cada día en las noticias, cómodamente instalados en la rutina y en esa impotencia ante todo eso que nos desborda (violencias de varios tipos, guerras, injusticias...) y a la que no sabemos muy bien cómo enfrentarnos. Lanthimos traspasa las barreras y coloca lo más despiadado ante nuestros ojos. No engaña a nadie.
lunes, 2 de septiembre de 2024
La escritora Emma Prieto leyó este verano 'Mi madre y yo'
"Hay mucho dolor en este libro escrito por Ovidio Parades, tras la muerte de su madre. Y sin embargo hay también mucha vida en esta emocionante carta de amor y gratitud hacia ella. El autor adopta un lenguaje claro, sencillo, sin adornos, para hablarnos del tiempo pasado a su lado -ha sido ella una gran compañera en su vida- intercalando de forma certera y conmovedora presente y pasado. El libro se convierte también en testimonio de una época y en la búsqueda por parte del autor del consuelo y equilibrio que le proporcionan la literatura, el cine y la música."
domingo, 1 de septiembre de 2024
Septiembre
Septiembre siempre es una incógnita. Septiembre y todo lo que viene después. El verano ha sido largo y complicado. Aunque no tanto como el del año pasado, todavía camino a tientas, agarrado del brazo de quien me sostiene incansable desde que mi madre se fue. Comienzo este septiembre leyendo unas palabras de la escritora Sigrid Nunez (de quien acabo de terminar 'El amigo', tan fascinante como 'Cuál es tu tormento'): "De alguna manera, ver morir a alguien es una historia de amor". Y, aunque resulte doloroso, estoy de acuerdo. Hay que ser muy valiente, pienso con la perspectiva de los meses transcurridos, para vivir esa historia de amor a la que se refiere Nunez. Aparte de esa valentía, hay que sentir un amor desmedido por la persona que se está despidiendo de este mundo. Creo que por eso nos cuesta tanto volver a ser nosotros mismos, si es que alguna vez lo logramos, después de ese complicado tramo. Septiembre ya no tiene la emoción de otros años, ¿qué sucederá en esta especie de nuevo año que hoy empieza?, pero no importa demasiado. Si algo importa, es que ese ligero aire que entra en esta habitación al abrir la ventana aún me reconforta en cierta medida. La incógnita de septiembre, si es que en algún momento lo hace, ya se irá despejando poco a poco, día a día. Sin mayores planteamientos.