martes, 10 de septiembre de 2019

De viajes y naufragios

La vida nunca es una línea recta, un camino fiable, una idea inquebrantable, una balsa segura. La vida es un revoltijo de contrastes, altibajos, luces, sombras, silencios, pasiones, búsquedas, naufragios, secretos, traiciones, luchas y olvidos. La vida está compuesta de historias que ocurren, que se nombran, y otras, tan destacadas como esas, que se ocultan, que no se nombran porque el miedo algunas veces es demasiado poderoso y paralizante. (Puede que el miedo, en cualquiera de sus variantes, sea lo que nos impide prolongar esos instantes de felicidad efímera que a ratos nos conceden y, al cabo de un tiempo, casi se vuelven espejismos, bruma). La vida, en definitiva, es como un río largo y caudaloso en el que a veces puedes bañarte con placidez, sin preocupaciones, disfrutando de una calma que puede ser engañosa, pero que en esos momentos no lo parece en absoluto, y también puede ser una corriente que te arrastre definitivamente, sin vuelta atrás, acarreando numerosos conflictos y variadas y peligrosas consecuencias. 
Me vienen todas estas reflexiones a la cabeza después de leer la última novela de Laura Castañón, 'Todos los naufragios', publicada -como la anterior, 'La noche que no paró de llover', con la que tiene más de un punto de conexión- por la editorial Destino. Una novela en la que, desde la primera página, te sumerges como en un viaje al que, a pesar de los trompicones y vaivenes que sufren sus protagonistas (los contrastes de la vida a los que antes aludía: siempre presentes, siempre tratando de alcanzarnos con sus mordiscos y vendavales), no quieres renunciar. El viaje comienza y no hay retorno. El viaje, a pesar de tratarse de una novela de más de seiscientas páginas, se hace corto. Y esto es así por la maestría con la que su autora entrelaza historias, narra acontecimientos (personales y colectivos), provoca encuentros y desencuentros, analiza las pulsiones humanas y sus inestabilidades. 
No quisiera terminar sin destacar la presencia de un personaje femenino importante, la maestra Flora Mateo, que a su manera trata de cambiar el mundo, de huir de los convencionalismos y de la rigidez de aquellas épocas pasadas (primeras décadas del siglo XX), tan injustas con las mujeres y con todo aquel que quisiera alejarse de rígidos convencionalismos. Épocas pasadas que, si nos descuidamos, viendo lo que estamos viendo (y lo que está por venir, me temo), como esos fantasmas que se resisten a desaparecer, pueden regresar en cualquier momento. Conviene estar al acecho. 
Laura Castañón lo ha vuelto a conseguir: trazar un viaje apasionante a pesar de esos inevitables naufragios. Un viaje al profundo y complejo conocimiento del ser humano. 


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