jueves, 9 de marzo de 2017

La quietud

Hace frío. El sol entra por la ventana entreabierta (me gusta sentir esas pequeñas ráfagas de frío) y va dejando luces en el suelo, en el cristal, en mi mano, en el lomo de la gata. Siento las piernas algo cansadas por el largo paseo. Es una sensación agradable, no obstante. Tengo que leer lo que escribí esta mañana, antes de que amaneciese. Corregir lo escrito. He terminado un cuento y eso siempre es motivo de euforia y de vértigo. Pero voy aplazando el momento. Leo el último libro de Ignacio Ferrando, 'La quietud'. No quiero dejar de hacerlo. 
A veces, aproximándose el mediodía, uno se encuentra con una paz extraña y placentera. 

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