martes, 19 de mayo de 2026

Mudanza

Mañana será miércoles. Mañana será el último día que vamos a estar aquí, en la casa que fue nuestra en los últimos once años. La dueña, dice, necesita la vivienda para un hijo. Aquí vivimos momentos felices y momentos de incertidumbre (la pandemia). Aquí pasamos muchas navidades con mi madre, con mi padre y con mi hermana. Yo cocinaba y le decía a ella, venga, mamá, ayúdame, aunque sólo fuera para que se sintiera que la necesitábamos en todas partes, que yo la necesitaba en todas partes (la sigo necesitando, cada puto día), pelando ese último ajo. Se acabó la navidad con su muerte y se acaba esta casa que tantos recuerdos tiene de ella, de todos nosotros. Cerraremos esa puerta y nos iremos a esa otra casa, carísima para nuestro presupuesto (todo es carísimo, incluso en una ciudad pequeña y provinciana como esta, llena de pisos turísticos), que tanto nos ha costado encontrar. Esa casa que nos obliga a pagar un extra importante por tener una gata (adopta, adopta). Gena será nuestra última gata. Sin ella, jamás nos hubiéramos ido a ninguna parte. Pero no habrá más mascotas con esta sociedad tan hipócrita. Adopta, adopta, pero no se admiten mascotas en ninguna parte. Hemos cumplido. Aunque nuestro deseo sea otro. Lo sentimos. Somos viejos y estamos cansados. Nos vamos a esa otra casa, luminosa, con mucha pena, con mucho dolor. A la otra punta de la ciudad. Sobreviviremos, como hemos hecho siempre. Que nadie lo dude.

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