lunes, 23 de marzo de 2026

Amarga Navidad: poderosa película

"Escribir es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba", apuntó Marguerite Duras en su último y magistral ensayo, 'Escribir', recientemente reeditado por Tusquets. Y eso, precisamente, es lo que le ocurre al cineasta de 'Amarga Navidad'(convincente Leonardo Sbaraglia), trasunto evidente del propio Almodóvar. Escribir, trazar historias, crear personajes, habitar en la ficción. Pese a los momentos de flaqueza, de decaimiento, de un vampirismo sutil o descarado. Y así, de la mano de ese director, pasamos a conocer la historia de la protagonista de su nueva película, directora a su vez de dos películas que pasaron sin pena ni gloria, aunque ahora sean consideradas de culto, y de publicidad. Ella, elegante y extraordinaria Bárbara Lennie, nos conducirá a las historias de otras dos mujeres (Victoria Luengo y Milena Smit, que sacan jugoso partido a sus personajes) y de un hombre con doble vida (gran trabajo de Patrick Criado). Cine dentro del cine. Realidad, ficción, autoficción. Piezas de un puzle que va encajando con maestría, elegancia, exquisitez, sutileza. La música sublime de Alberto Iglesias y los dedos tecleando siempre el ordenador. Buscando, buscando, buscando. Palabras, historias. Reales, inventadas. Esas tres mujeres están -literalmente y por diferentes motivos- al borde un ataque de nervios, sin que suene esto a algo cómico, tópico o manido. Como la Leo (Paredes) de 'La flor de mi secreto', la Pepa (Maura) de 'Mujeres...' y la Manuela (Roth) de 'Todo sobre mi madre'. Problemas, neuras, maletas, insomnios, pastillas para el sufrimiento, huidas, duelos. El fantasma de la madre muerta, no como la Irene (Maura) de 'Volver', sino como el dolor, casi lorquiano, por los seres amados que ya no están en este mundo. Un dolor seco, mudo, intensísimo, que no desaparece (ni desaparecerá). Planos bellísimos (¡esas dos amigas y el niño en la playa de arena negra!). Esas cosas sencillas tan difíciles siempre de alcanzar. Y la voz de Chavela cuando Chavela ya no tenía apenas voz. Un susurro que hiere como viento helado. 


En el contrapunto, otra mujer, la ayudante del director. Aquí es mejor no decir nada para no hacer algo parecido a un spoiler. Bueno, sí, la rotundidad de una Aitana Sánchez-Gijón de rostro maduro y endurecido, voz que brota de las entrañas, rebosante de talento. 

Almodóvar ha filmado una película dura, compleja, nada complaciente con el público ni consigo mismo. Una película que escarba en la condición humana -la gloria y la miseria, la fragilidad y la fortaleza-, que rasga la sensibilidad del espectador como aquella Juliette Binoche del 'Azul' de Kieslowski rasgaba la piel de las manos contra las piedras de un muro. Diferentes perspectivas, similares dolores. Poderosa película que, a corazón abierto, jamás apuesta por las medias tintas.  

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