sábado, 10 de diciembre de 2022

Mantícora

Lo que logra Carlos Vermut en su cuarta película, 'Mantícora', es extraordinario. La manera de presentar al personaje central (ese monstruo que Nacho Sánchez recrea magníficamente con mirada penetrante y con cada movimiento de su cuerpo), la sutileza que emplea para evitar mostrar lo más descabellado, el intento de redención a través del amor (vamos a llamarlo así), la apoteosis antes del final y la apoteosis definitiva. Todo transcurre con aparente normalidad y debajo de esa aparente normalidad, muy cerca, está la inquietante sensación de que todo va a estallar por los aires en cualquier momento. Y cuando lo hace, cuando todo estalla con la precisión del artefacto más sofisticado, ya no le quedan al espectador ni muchas palabras ni mucho aliento. Sabíamos que caminábamos sobre un terreno minado, y aun así resulta imposible salir indemne del golpe. Tal es el prodigio con el que Vermut, desde una sobriedad casi imprescindible y con un excelente guion, representa el horror más absoluto. Eso que, a veces, se esconde detrás de vidas aparentemente normales y corrientes, y que vemos con frecuencia en las noticias de los periódicos y los telediarios. Un paso adelante en su interesantísima carrera. Nominada en cuatro apartados para los Goya (dirección, guion original, actor protagonista y actriz revelación), merecía también figurar entre las mejores películas. Porque, de hecho, lo es. Una de las mejores de este año glorioso para el cine español.  

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