lunes, 22 de agosto de 2022

Alcarrás

Domingo por la tarde. Ha llegado el momento de verla (Filmin), después de los horarios restringidos e imposibles (para nosotros) de los únicos cines que quedan en esta ciudad. La película refleja luz y verdad. Y la crueldad de unos tiempos, los que estamos viviendo, en los que parece que todo lo que merece la pena va a desaparecer en cualquier momento. Ese miedo también está muy acentuado en la película. El pasado y el presente. La luminosidad de la infancia, la delicadeza de arrancar un higo del árbol, la sabiduría de los ancianos, la belleza de una caja de melocotones, la perversión económica, el coraje por mantener tu medio de vida, los eternos conflictos familiares cuando surgen los problemas, el maldito dinero. La fuerza de la tierra y quienes quieren debilitarla. Lo cotidiano y su esencia. El sudor del trabajador y las manos que reparan la piel cansada y herida. Hombres y mujeres fuertes y luchadores. La supervivencia. Muchos contrastes. Muchos lugares para la reflexión. Y una cámara, la de Carla Simón, que lo recoge todo con naturalidad, sutileza y elegancia. Qué Oso de Oro del festival de Berlín tan merecido. 

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