Ya aliviados, tranquilos, serenos, después de tantos nervios y tensiones, no encuentro mejor manera de empezar este día que recordando la icónica imagen de Michelle Pfeiffer -que hoy está de cumpleaños, y aunque no lo estuviera aquí nunca la olvidamos- cantando sobre el piano. Comenzando una nueva etapa. Como en esas mañanas frías y soleadas de año nuevo en las que, pese a la resaca, no hay dolor: sólo muchas ganas de que sucedan cosas buenas, lejos de tinieblas y griteríos.
lunes, 29 de abril de 2019
domingo, 28 de abril de 2019
Votar
A mi amiga Loli, siempre de nuestro lado, allá donde se encuentre.
Con la compañía de las personas que quiero y el recuerdo de las que ya no están y lucharon por sus libertades y las nuestras, es la hora de hacer que pase y la hora de hacer que no pasen.
También pienso en mis abuelos maternos. Su amor fue más poderoso que todas las cosas a las que tuvieron que enfrentarse, incluido el fascismo. Siempre les tengo presentes cuando voy a votar. Hoy, como podréis imaginar, más que nunca.
Que las diosas o los dioses en los que cada cual crea repartan suerte.
sábado, 27 de abril de 2019
Reflexionemos
Reflexionemos. Cuando yo era muy joven, principios de los 90, una de las escritoras más vendidas de las ferias de libros era Carmen Martín Gaite, los premios significativos los ganaban autores como Soledad Puértolas o Antonio Muñoz Molina, las ciudades estaban llenas de cines, y muchas de las películas que se proyectaban en ellos eran españolas, y esas películas -españolas, sí- iban abriéndose paso en el mundo y daban la imagen de un país abierto, tolerante, moderno. Con ganas de dejar atrás la caspa y la tristeza de muchos años de dictadura y colores demasiado grisáceos. No estoy en contra de los avances tecnológicos, ni mucho menos, pero me gustaría que se recuperase un poco de aquel espíritu. No son batallas de alguien que se va acercando a los 50, sino expectativas a las que uno le gustaría agarrarse para continuar el viaje. Y que la gente joven supiese que esos escritores que he citado anteriormente (y tantos otros como ellos) no tienen nada que ver con las belenesesteban de turno que arrasan ahora en ferias y demás. Un respeto.
Luego, tras muchos esfuerzos y muchas luchas, llegarían las leyes que regulaban el aborto, las leyes contra la violencia machista y las leyes que aprobaban el matrimonio igualitario. Todo eso que la sociedad fue aceptando con naturalidad (siempre con excepciones, claro, pero la mayoría vivíamos -¡al fin!- ajena a esas excepciones: la tolerancia y el respeto -repito palabra, pero creo que es esencial en todo esto- eran más potentes que los gritos de los cuatro fanáticos de turno) y que llegó para quedarse. Pongo estos tres ejemplos porque son leyes muy significativas de una sociedad tolerante y avanzada. Y porque cuando la intolerancia se revuelve, las mujeres y el colectivo gay son las primeras personas afectadas. Sólo por esto, que ya es mucho, ni un paso atrás. Todo lo contrario: aún queda mucho por hacer, por avanzar, pero las bases están ahí, instauradas. Y únicamente deberían tocarse para mejorarlas.
Vivimos en un país libre y cada uno, como es natural, vota a quien mejor le parece. Volver a la caverna puede ser más sencillo de lo que pensamos. Hay que mirar hacia delante, recuperar del pasado sólo lo positivo (Martín Gaite frente a Belén Esteban, por ejemplo). Hay que reflexionar (mucho) y no dejarse llevar por esas voces peligrosas detrás de las que se esconden mensajes aún más peligrosos. No todo vale. En esta ocasión, menos que nunca.
Que la cordura y la serenidad se antepongan a todo lo demás. Y el respeto (insisto) a la dignidad de quien está enfrente.
lunes, 22 de abril de 2019
Día del Libro
Con estas palabras, que son un resumen de las publicadas (hasta la fecha) desde que 'Mujer en el bar' llegó a las librerías el pasado diciembre, os deseo desde ahora mismo una buena jornada del libro. Y comprad, comprad, que la historia también va de eso.
"Los cuentos de Parades me resultan adictivos, aunque en ellos apenas pasa nada (y si pasa, pasa fuera de escena). Será la delicadeza, la humanidad, la sutileza con que atisba vidas y retrata personajes, sobre todo femeninos". Laura Freixas, escritora.
"Ovidio Parades reúne 21 relatos cuyo tema gira alrededor de las mujeres, tomadas en distintas situaciones vitales, acariciando el detalle de la vida cotidiana y de la supervivencia con esa capacidad para subrayar la ternura, la reparación, la bondad, que el escritor ha demostrado ampliamente en libros anteriores, y que en este, a mi juicio, alcanza cotas muy logradas". Lola López Mondéjar, escritora.
"Les invito a que pasen y lean. No se arrepentirán". César Inclán, periodista.
"Ovidio Parades ya nos tiene acostumbrados a historias de mujeres en las que parece que no pasa nada, pero que contienen un mundo. En 'Mujer en el bar' se supera, si ello era ya posible. Relatos precisos y preciosos, que dejan con la sensación de que Ovidio nos conoce como nadie". Maite Núñez, escritora.
"Un relato de Ovidio Parades podría ser una canción de Tom Waits. Y una canción de Tom Waits podría ser un relato de Ovidio Parades". Belén Suárez Prieto, escritora y crítica musical.
"Conjunto de cuentos, sencillo sólo en apariencia y magníficamente construido, con que el autor nos asoma al abismo, al naufragio a veces, de otras vidas, siempre con una mirada compasiva hacia sus personajes y una melancolía suave que no hiere". Marta Navarro, escritora.
lunes, 15 de abril de 2019
En la muerte de Diego Galán
Mi memoria conserva la imagen de Diego Galán acompañando a una fragilísima Bette Davis cuando, a finales de los ochenta, la actriz americana vino a recoger su premio Donostia (quince días después moriría en el Hospital Americano de París). La cara de Diego era la cara de cualquier cinéfilo rendido a los pies de la que posiblemente sea la actriz más grande de todos los tiempos. Nosotros, tan jóvenes entonces, éramos Diego Galán en aquellas fugaces imágenes que emitía televisión española. Nuestra cara hubiese sido la misma. Luego vendrían más premios Donostia, más ediciones del festival en el que Jack Lemmon nunca estuvo, como dice el título de su jugoso libro sobre cine, y la cara de Galán ante personalidades tan importantes era la misma. La cara de un cinéfilo empedernido que no ocultaba la satisfacción de estar al lado de aquellos seres a los que tanto admiraba desde pequeño.
Leímos sus libros, vimos sus documentales, seguíamos puntualmente sus artículos. Pero yo hoy, cuando me encuentro con la triste noticia de su muerte en esta tarde de tormentas, pienso en aquellas caras de satisfacción ante tantos hombres y mujeres irrepetibles. Y pienso que tal vez se pueda ser igual de feliz en otras circunstancias, pero, desde luego, no más de lo que él lo fue en aquellos momentos. El cine también eran aquellas caras de Diego Galán. Nuestras caras.
Descanse en paz.
domingo, 14 de abril de 2019
Tarde de viernes
La luz de la tarde transmite sosiego después de tantos días de ajetreo. Es viernes y hace calor. Los dos hombres beben vino tinto en una terraza. Desde que estuvieron en Londres, donde la gente tomaba vino a las cinco o a las seis de la tarde, no tienen complejo por beber vino a la hora que les apetece. ¿Por qué hay que esperar a las ocho? Hay ciertas costumbres un poco estúpidas, la verdad. Se nota cierto revuelo alrededor. A pocos metros, Vox inicia su campaña con un mitin aquí, heroica ciudad que hoy ha decidido no dormir la siesta o ha decidido dormirla para siempre, no sé.
De repente, se oye un gran revuelo. Al parecer, el recinto se ha quedado pequeño para tanta gente y el líder ultraderechista ha salido a la calle a saludar a los que no han podido entrar. "¡Presidente, presidente!". Es el grito de numerosas personas. Los dos hombres se miran, sin decir nada, y le piden otro vino al camarero. Dos mujeres -madre e hija, no hay duda- pasan por su lado. La mayor lleva una banderita de España en la mano. Las dos dicen: "¡Qué guapo es, qué guapo es!".
Los dos hombres no dicen nada porque ya está dicho todo. Sólo queda beber algo más de vino y, como a pesar de ciertas cicatrices son de carácter positivo, confiar. Y eso hacen, bajo esa luz que sigue transmitiendo ese necesario sosiego, beben y confían.
miércoles, 10 de abril de 2019
Nadiuska
Su nombre aparecía habitualmente (en negrita) en aquellas columnas de Umbral, Nadiuska, junto a políticos de moda, literatos en ciernes, actrices existencialistas, folclóricas de rompe y rasga, presentadoras de televisión y Pitita Ridruejo, que nunca supimos muy bien a qué se dedicaba. Los ojos profundos. Los labios carnosos. La belleza exótica. El acento extranjero. Los desnudos legendarios. La reina del destape. Los amoríos. Las malas películas. La fama. El dinero. Los focos. El mito. Y de repente, como ocurre tantas veces, el olvido. La reaparición en programas sensacionalistas. El diagnóstico de una enfermedad. Y el fundido a negro.
Y a partir de entonces, de aquel fundido a negro, casi todos los años algún medio se acuerda de ella, de Nadiuska, y evoca aquello tan manido del juguete roto. Puede que sea la única manera de difinir su trayectoria. O puede, más bien, que la vida de los mitos, procedan del ámbito que procedan, también se dividen entre los que tienen buena suerte o mala suerte, por mucha negrita con la que Umbral recalcase su nombre en aquellas míticas columnas.
lunes, 8 de abril de 2019
De silencios y abandonos
Qué tristeza sentí estos días al comprobar el estado de abandono y deterioro en el que se encuentra la iglesia de La Cadellada, justo enfrente del hospital. Me asomé varias veces para ver su interior, cubierto de polvo y hojas secas revoloteando. La puerta siempre está abierta, aunque las rejas impiden el paso. Me pareció un buen lugar, con creencias religiosas o sin ellas, para refugiarse durante un rato en silencio y calmar los vaivenes del hospital. Ese entramado de incertidumbres y preocupaciones que los familiares de las personas ingresadas llevamos a cuestas. Me imaginé allí a muchas personas, con creencias religiosas o sin ellas, buscando un instante de evasión (rezando a su dios, atrapando un respiro). Me imaginé allí sentado, huyendo de ruidos y furias, tratando de comprender eso que tantas veces se nos escapa. Diez minutos de esa soledad -tan importante por momentos- que en los alrededores del centro hospitalario es casi imposible encontrar. Ni siquiera el viento que arrastraba aquel montón de hojas secas era más poderoso que aquel silencio, de repente tan necesario.
domingo, 7 de abril de 2019
Después del hospital
Mi madre ha estado una semana ingresada en el hospital. A vueltas con su enfermedad. Ha sido duro, como siempre. Quizá todavía más que en otras ocasiones. Los recortes en sanidad son cada vez más evidentes, y la impotencia se hace inmensa ante eso. Toca seguir luchando. Seguir luchando, siempre. ¿Qué otra cosa vamos a hacer? Ya está en casa, que es lo que todos, empezando por ella, queríamos. Ya está en casa, a nuestro lado. Sonriendo. Porque mi madre, pese a todo, siempre sonríe, vaya la procesión por donde vaya. Siempre sonríe y su sonrisa es alivio, dulzura, futuro abierto. Somos fuertes y somos frágiles. Soy fuerte y soy frágil. Supongo que como todos. No importa dar nombres aquí, aunque pocas personas sabían de ese ingreso, pero importa dar las gracias. Amigas, amigos. Cada palabra de apoyo es una palabra de alivio. Por insignificante que pueda parecer cuando la escribes. Alivio. Un segundo de alivio es un mundo de alivio en según qué momentos.
Y, finalmente, nada sería igual sin tu equilibrio, sin tu aliento, cada mañana, cada tarde, cada noche. A deshoras. Cuando el grito es más potente que la calma. Ese apoyo constante. El lenguaje que no hace falta nombrar. El lenguaje de la piel. El lenguaje de los sentidos. El lenguaje del silencio. Aquí. Ahora. A cada instante. Como si el huracán no hubiese pasado, y sin embargo... Y sin embargo, juntos, somos más fuertes que él.
viernes, 5 de abril de 2019
Dignidad
Vemos el vídeo donde Ángel ayuda a María José, su mujer, a morir, tras treinta años luchando contra la enfermedad. La ayuda a morir porque ella se lo pide. Lo que parece complicadísimo se vuelve de pronto muy sencillo. El derecho a morir dignamente. El derecho de cada persona a elegir cuando quiere desaparecer porque ya no soporta más su situación (su enfermedad estaba ya en fase terminal, según leemos). Vemos el vídeo. Y nos emocionamos, como no puede ser de otro modo. Lo comentamos con nuestras parejas, con nuestros amigos, con nuestros familiares. Nos acordamos de 'Amor', la película de Michael Haneke, que tanto nos conmovió aquella tarde y las tardes siguientes. La delicadeza de Haneke está también en ese vídeo casero y esclarecedor de una pareja normal y corriente, una pareja como cualquier otra pareja del mundo donde el amor y la compasión están presentes.
Y todo eso está muy bien. La emoción, la delicadeza, el amor, la compasión, el respeto. Pero la cosa no puede quedar ahí. Tiene que ir más allá. Tiene que existir una ley que regule estas situaciones. Una ley que permita a cada persona elegir cuando quiere poner punto final a su infierno. Así que, después de la emoción, la delicadeza, el amor, la compasión y el respeto, conviene plantearse bien las cosas. La reflexión. Quienes están con nuestro modo de pensar y quienes están en contra. Y ésta no es cualquier reflexión. Es una cuestión, sobre todo, de dignidad. Una vez más.
jueves, 4 de abril de 2019
Alberto Cortez
La infancia está llena de voces. Voces que, de repente, se hacen presentes de nuevo. La muerte de Alberto Cortez. Su voz pertenece a algún rincón de la memoria. Proviene de la radio de los abuelos, de los días sin colegio, de las tardes despreocupadas de los sábados. Días grises, bocadillos de chorizo, chocolate con almendras, dolores de garganta. El futuro por delante. Y la voz melancólica de aquel señor que llegaba hasta el balcón donde, ya entonces, uno se refugiaba con los primeros cuentos. La lluvia seguía cayendo y la canción que escuchaba la abuela en la radio era la misma que estaba escuchando la vecina de arriba (quizá también la de abajo), poco antes de despedirse de aquel marido que se iba a trabajar a la mina. Seguramente, la voz de Alberto Cortez (y la de tantos otros, voces de nuestra infancia llena de voces que se cruzaban en un patio sombrío) servía para que todas aquellas mujeres -mujeres de mineros- distrajesen el miedo. Un miedo que no se nombraba delante de los niños. Un miedo que se escondía tras las historias de aquel hombre que hoy se ha muerto. Estos recuerdos. Aquel dúo con la Pradera, que sonaría un poco más tarde. Aquellas voces que, como los castillos en el aire, nunca se irán del todo.
martes, 2 de abril de 2019
Recordando a Terenci
Hoy se cumplen 16 años de la muerte de Terenci Moix. Y he vuelto a leer aquel texto que tanto me acompañó en cines, teatros, bibliotecas, parques, penumbras... 'El domingo del joven triste'. Aquel muchacho que era él y era yo y éramos, sin saberlo entonces, tantos de nosotros, de nosotras. No sé cómo va envejeciendo su obra porque hace tiempo que no leo nada suyo, pero qué importa. Un puñado de páginas prevalecerán (las de sus memorias, sin ir más lejos: las de las estrellas del cine clásico, también), eso es seguro. Y me atrevo a aventurar con toda seguridad, dado el retroceso de los tiempos sobre todo, que la soledad de aquellos adolescentes -él, yo, nosotros- sigue vigente. Los domingos del joven solitario. Las noches que no tienen piedad con quien aborrece las costumbres de una mayoría. Todo eso, y tantas cosas más.
Se cumplen 16 años de la muerte de Terenci. Que ese recuerdo (y aquél), en medio de todo lo que uno va arrastrando, viene a decir unas cuantas cosas. Las de entonces, las de ahora. Las que prevalecen.
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