sábado, 31 de octubre de 2026

Muertos, flores, cementerios

Estos días, como en 'Volver' (esa película de Almodóvar que está entre las diez mejores de su filmografía), los cementerios se llenan de gente (mujeres, sobre todo) que limpia y pone flores en las lápidas de sus muertos. Es casi un espectáculo. Es su manera de honrar a sus seres queridos. Yo, de pequeño, iba con mis padres a los cementerios correspondientes. Luego, las abuelas preparaban comidas exquisitas y abundantes. Vino bueno que terminaba derramándose sobre los manteles de los días señalados. Las comidas que corresponden a los tiempos del frio, aunque ahora el frío sea menor. Todo eso me parece bien. Cada uno expresa como puede o como quiere el dolor que siente por esas personas a las que no va a volver a ver nunca más. Nunca más. Qué dos palabras tan terribles cuando se juntan. 


Yo no puedo hacerlo. No puedo ni siquiera acercarme a las puertas del cementerio donde está enterrada mi madre. Saber que sus cenizas (cenizas que ya no son madre) están ahí, detrás de una piedra helada, me descompone por completo. El dolor me desgarra, me hace aullar. No puedo hacerlo. No puedo soportarlo. Posiblemente, si lo hiciera, acabaría en el hospital de un ataque de ansiedad. La tensión por las nubes. Una rabia y una angustia que me comen vivo por dentro. Mi madre no querría verme así. Eso lo tengo claro. 

Yo honro a mi madre todos los días, recordándola constantemente. Escribiendo sobre ella. Pensando en sus risas, en sus consejos, en su bondad, en qué haría ante cada nueva disyuntiva. Pensando en sus manos. Esas manos que yo besaba como las gatas lamen el cuerpo indefenso de sus cachorros. Manos, madre, tierra, mar. Pensando en el olor de esas manos. Olor a limpio, a gel suave, a colonia fresca. A madre buena y sabia. Madre hermosa en todos los sentidos. Madre que ya no está.

Es mi manera de honrarla, cada día. Haciendo que habite en mí, lejos de cementerios, ruidos y flores (las flores, en mi opinión, siempre en vida: las cenizas no pueden tocarlas, sentirlas, olerlas...) que se marchitarán más pronto que tarde. Antes, probablemente, de que llegue el frío del invierno. 

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