Cuando era joven, como ya tenía mucha imaginación y unos cuantos libros y películas a cuestas, pensaba que iba a encontrar el amor en una biblioteca. Iba a buscar libros (sigo haciéndolo), evidentemente, pero había algo en mi cabeza que me llevaba a ese pensamiento. ¿Por qué no?, me preguntaba. Quizá a alguien, más allá de los libros y las películas, le haya pasado. No fue mi caso. Ni cuando iba a buscar libros, a estudiar o a escribir. Mi destino estaba en otra parte.
Más allá de estas fantasías de juventud, toda mi gratitud para todas las personas que trabajan (o han trabajado) en las bibliotecas. Qué triste sería el mundo sin ellas.
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