Veo a Patti Smith, primera artista, preciosísima voz, y veo a Lou Reed, a Bob Dylan, a Robert Mapplethorpe, a Jessica Lange, a Sam Shepard... Recordemos que Patti acompañó al actor y escritor en los últimos tiempos de su tremenda enfermedad. Veo a Patti Smith, digo, y veo a todos esos amigos. Imagino cosas: encuentros, conciertos, charlas, bancos de un parque, tragos compartidos, risas, poesías, lágrimas, fotografías, músicas, reivindicaciones, luchas, palabras, silencios. Días perfectos. Días imperfectos. Imagino cosas que, probablemente, fueron así. La imaginación aquí no se despista. La imaginación aquí sirve para hacer aún más grande al personaje. Veo a Patti Smith en Mieres (¡en Mieres!), uno de los escenarios de mi infancia y juventud, el lugar donde está enterrada mi madre. Y pienso: quién nos lo iba a decir entonces, quién. La veo ahí, en Mieres, y me emociono. Éramos unos niños, titula Patti uno de sus libros fundamentales. Nosotros también lo éramos asomados a aquellos ventanales. El tiempo va y viene. El tiempo es ahora y es entonces. El tiempo se rige por todos esos latidos, por todos esos círculos. Se abren, se cierran. No se olvidan.
Mieres-Nueva York-Mieres.
Cuántas noches regresan a la memoria viendo a Patti Smith por las calles asturianas. Cuántas amistades, irremediablemente perdidas. Patti, a lo lejos, en aquellos bancos destartalados de un parque de Nueva York, parecía simpática pero inalcanzable. Y Patti, simpática y cercana, está ahora aquí, a la vuelta de una esquina, dispuesta a recoger su flamante premio, riendo y cantando, alzando su voz, solo para nosotros. Casi podemos tocar su brazo, su mano, su rostro, su legendario cabello (suelto o recogido en dos trenzas). Casi podemos acercar nuestras botas a las suyas. No pierde la sonrisa ni la humildad en ningún momento, síntoma inequívoco de inteligencia. Cuánto debería aprender alguna gente de esa sabiduría. El mundo fluiría de un modo más adecuado, más sereno.
"Tomaos un tiempo para contemplar la luna", les dijo a los alumnos de un colegio de Mieres. Pura poesía. Mieres-Nueva York-Mieres. Por ahí volveremos a encontrarnos.
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