domingo, 25 de julio de 2021

De madres y fotografías

Pensemos en la imagen. Una pequeña localidad alemana arrasada por las inundaciones. Casas derribadas. Enseres enfangados. Intimidad destruida. Y en medio de este panorama desolador, dos días después de la tragedia, cuando parece que el sol vuelve a asomar tímidamente, una mujer. Una mujer, según cuentan en la radio, que quiere adentrarse en ese escenario apocalíptico para recuperar las fotografías que tenía de su madre. ¿Dónde estarían esas fotografías?, me pregunto al escuchar la noticia. ¿En una estantería, en una mesa de trabajo, en una pared? Puede que estuvieran en el interior de una carpeta, de una revista o de un libro muy manoseado. Podría tratarse de uno de esos libros a los que recurrimos habitualmente, señalando tal vez un poema que evocase la figura de la madre. No lo sabemos. La noticia no entra en esos detalles. Por eso, y porque no puedo quitarme esa imagen de la cabeza, lo imagino. Una pequeña localidad arrasada. Una mujer adentrándose en el barro, pisando ramas de árboles caídos, esquivando tejas y otros elementos que podrían hacerla resbalar y caerse. Una mujer que lo ha perdido todo. Una mujer, en medio de todo ese caos, con una idea fija: recuperar las fotografías de su madre.

La historia también se va conformando con imágenes así. 

martes, 20 de julio de 2021

Vacuna

Doy las gracias, faltaría más, a la sanidad pública porque somos afortunados y justo es reconocerlo tantas veces como sea necesario. Tenemos acceso a las vacunas que nos protegen de ese dichoso virus que, al hilo de los nuevos datos pandémicos, resulta ya más cargante que aquel alien que atormentaba a la pobre Sigourney. Que, dicho sea de paso, lucía tan esplendorosa con aquellas minúsculas bragas como en el cartel del festival de San Sebastián de este año. La Weaver ya tiene el Donostia, pero, como a Glenn, le falta el Oscar. A ver si alguien nos escucha (ilusos) y convertimos a estas mujeres en trending topic antes del juicio final. Agradecimiento total al personal sanitario que tanto esfuerzo está realizando. Todo homenaje se queda corto. Mi aplauso, y poca cosa es ya, a ese sanitario que le dijo a un tipo en el metro que se pusiese la mascarilla y casi pierde la vista tras recibir varias agresiones del tipo en cuestión. Apunte: ¿no se deberían controlar más esta clase de situaciones, tan cansinas ya como el propio virus? 

Ya estoy ahí, saliendo del recinto hospitalario, con la segunda dosis de la vacuna (Moderna) puesta. La vida está llena de problemas que se añaden a otros problemas (me los voy a callar todos), pero luce el sol y estoy bien acompañado. No voy a la playa porque sol y vacuna puede que no sea una buena combinación. No voy a beber cerveza por el mismo motivo. No pasa nada. Tengo la pauta completa. Soy afortunado en este sentido. Me siento en un rincón a la sombra. Leo. Damos un largo paseo. Entro en una librería y echo un vistazo a las memorias de Tove Ditlevsen, que hoy reseña Elvira Lindo en Babelia. Las compraré en cuanto pueda, pienso. Dejo pasar las horas con tranquilidad. Nada. Ningún efecto secundario. A las diez de la noche, casi doce horas después de ser vacunado, todo está en orden. Ni siquiera estoy cansado. 
Alrededor de las once y media, poco después de acostarme, comienza la fiesta. Sudores, escalofríos, dolor de cabeza, garganta reseca... Treinta y ocho y medio de fiebre. Tomo el paracetamol indicado. En Radio 5, al fondo, un chico canta a capella una canción de la Jurado. Es lo último que escucho antes de quedarme dormido. Me duermo y me despierto, voy y vengo, sueño cosas raras, bebo agua. Me duele todo el cuerpo. Paso una noche infernal. El día no resulta mucho mejor. Intento entretenerme con alguna serie. Intento juntar palabras en la cabeza para escribir algo sobre la Bardem. Intento contestar algunos wasaps. Intento leer un poema de Louise Glück (siempre me tranquilizan sus palabras). Me quedo dormido. Me despierto. La fiebre sube y baja. Más paracetamoles. Muchos botellines de agua. El impacto sigue ahí. Qué sensaciones tan desagradables. Me quedo dormido, finalmente.
Me despierto a las siete de la mañana. No tengo fiebre. Tengo el cuerpo algo cansado, pero ya ha pasado todo. Bebo café. Abro la ventana. Escribo sobre la Bardem. Salgo a pasear. El mundo sigue en movimiento.   

lunes, 19 de julio de 2021

La Bardem

Un puñado de gloriosas interpretaciones. Una galería memorable de secundarias. Cómicas o trágicas. Más bien trágicas, haciendo balance. Con esa mueca entre el dolor y el sarcasmo. El sarcasmo para vencer el dolor. A la Bardem, con aquellos ojos y aquella manera de interpretar, no le hacía falta hablar, pero si lo hacía, si hablaba, con aquel vozarrón maravilloso, el placer del espectador se duplicaba. Todo eso, sí, que no es poco. Y luego esa pareja inolvidable que, bajo la batuta de Agustín Díaz Yanes, formó con Victoria Abril en 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto'. Las escenas con Abril y también los paseos con María Asquerino. La dignidad de los perdedores. La fuerza para salir de la miseria, de todas las miserias. "El verbo echar echa la hache por la ventana", le decía a Abril, su nuera. Y estremecía (estremece en cada nuevo visionado de la película) escuchar esa frase. La dignidad de los perdedores, la fuerza para salir de la miseria, etcétera.

Mucha Pilar. Mucho recorrido. Mucho arte. 
La Bardem. 

martes, 13 de julio de 2021

Pensar en Chabrol

Pensar en Claude Chabrol es pensar en los desaparecidos cines Clarín, donde proyectaban casi todas sus películas. Pensar en Claude Chabrol, de repente, es pensar en pasiones arrebatadas, asesinatos, juegos perversos, turbios triángulos, lucha de clases, animales heridos y en pequeños detalles que dejan al descubierto los más bajos (o rastreros) instintos. Pensar en Claude Chabrol es pensar en Stéphane Audran. Y en Isabelle Huppert, naturalmente. Y en Sandrine Bonnaire, y en Jacqueline Bisset. Y 'La ceremonia', protagonizada por estas tres últimas y magníficas actrices (tan diferentes entre sí las dos primeras y que tan bien se complementan en esta historia), es la película a la que quería llegar. Anoche, veinticinco años después de su estreno, volví a verla. Todo sigue en su sitio. No ha envejecido en absoluto. Sigue siendo una pieza maestra. Con la historia escrita por Ruth Rendell como base y los ecos de 'Las criadas' de Jean Genet al fondo, todo encaja de manera magistral. Arriba y abajo. La gente cultivada y la gente analfabeta. La gente con dinero y la gente sin él. La gente con suerte y la gente sin ella. Arriba y abajo, sí. De hecho, ese plano donde Huppert y Bonnaire, desde el piso superior de la casa, perdidas ya en su locura, observan a la familia que se deleita con la ópera de Mozart, define a la perfección la película. Violencia y muerte. Y ese detalle final que hiela y delata. Un clásico. 

jueves, 8 de julio de 2021

Y de repente esta lluvia

"Y de repente esta lluvia", palabras que pertenecen a un poema de Jack Gilbert. "Suddenly/ This rain". Y que también dan título a un magnífico libro de relatos de Sergio Royo. "Y de repente esta lluvia" es también lo que dices una tarde de julio en esta ciudad, cuando estás preparándote para salir a dar un largo paseo y tomar luego una cerveza en una terraza sin demasiada gente y olvidarte de tanto ruido y tantas malas noticias como están sucediendo estos días (hartazgo infinito). Y de repente esta lluvia, sí, que se transforma en granizo, a las cinco de la tarde de ese día de julio que de repente se convierte en un día de diciembre. Ya no hay nada que hacer respecto al paseo y a la cerveza. La tarde, en este sentido, está perdida. Y hay que encender la luz porque el granizo también trae oscuridad y asimilar que aquí, en el norte, lo mejor es no hacer muchos planes, por sencillos que parezcan. Y abres la ventana y te consuelas con ese olor que remite a tantas tardes de verano como ésta, y buscas un refugio (un libro, una serie, una película), pero ya nada será lo mismo. Lo que quieres es pasear y no hundirte en el sofá, beber cerveza helada y no chocolate caliente, luz (mucha luz) y no tiniebla. Lo que quieres para el verano son días de verano. Numerosos días de verano. Sol, calor, pereza. Hasta que ya no puedas más, y entonces sí, desees encender la luz cuando el granizo arrastre oscuridad y sentir cómo reconforta la lluvia. "Los matices del olor de lluvia", dice Royo en una de sus historias. "Los matices del olor de lluvia. Diferentes formas de vivir". 

Now/ Suddenly/ This rain. 

martes, 6 de julio de 2021

Semana Negra

He estado en la Semana Negra buscando libros, asistiendo a presentaciones, trabajando como librero... Este año estaré firmando ejemplares de 'La noche se detiene'.

Será el sábado, de 17,30 a 19,30.
Si os apetece, allí nos vemos.

domingo, 4 de julio de 2021

Destello bravío

Lo diré claro desde el principio: 'Destello bravío', de Ainhoa Rodríguez, es una película brutal. Insólita en estos tiempos, y brutal. Un reflejo sobre la incomprensión, el aislamiento, la soledad. Sobre la España profunda y la tiranía del atraso. Sobre la aridez de la tierra y la aridez de sentirse perdido. Sobre aquellos susurros que partían entre visillos (pero a lo bestia). Sobre el machismo. Sobre la violencia. Sobre mujeres que quieren huir y no pueden. Sobre mujeres poseídas por la fuerza de un deseo tantas veces reprimido (¡qué escena tan memorable: esas mujeres a cámara lenta sintiendo todo ese ardor!). Sobre la oscuridad. Roza, por momentos, lo terrorífico. La música contribuye a ello de forma deliberada. No importa que sea de noche o de día: el terror está ahí, de una forma u otra. Y también la violencia. 

Un puñado de vidas rotas. O a punto de romperse. 
Una historia que a ratos parece un documental. Una historia que conmueve y que debería hacer reflexionar sobre los estragos de unas épocas que tendrían que haber quedado atrás hace muchos años. 
Hay que verla.