Dos hombres regresan a casa después de tomar unos aperitivos por los alrededores. Como uno de los hombres vive solo en esa casa, está acostumbrado a tener la televisión siempre encendida. Y la enciende en un gesto casi automático. Es entonces cuando los dos hombres sienten una punzada en el estómago, un vuelco en el corazón. La presentadora del telediario comenta, entre los nervios y el asombro, las imágenes que están emitiendo. Un avión atraviesa una de las dos Torres Gemelas de Nueva York. Está sucediendo ahora mismo. Ninguno de los dos hombres ha estado en la ciudad, pero los edificios son icónicos: aparecen en numerosas películas, series y publicaciones. No saben qué decir, qué hacer, a quién llamar. Aquello parece una alucinación, una pesadilla, una broma pesada. ¿Qué está sucediendo? ¿Será el tan anunciado fin del mundo?
El extraño viaje. El blog de Ovidio Parades.
viernes, 11 de septiembre de 2026
Aquel 11 de septiembre
domingo, 30 de agosto de 2026
Último viernes de agosto
Viernes. El último de agosto. Salgo, como cada mañana, sobre las nueve para caminar alrededor de dos horas. Ha refrescado. Ya se va notando por aquí la agonía del verano. Ese sol frío que intenta abrirse paso entre nubes y árboles. El hombre que todos los días está sentado en un banco del parque y que imagino que duerme en un albergue o en un piso que tiene que abandonar temprano, hoy está en la terraza de un bar que todavía permanece cerrado comiendo una lata de sardinas con un pequeño bollo de pan. No tiene bebida, pero no me atrevo a ofrecerle un café porque nunca lo he visto pidiendo. Quizá pueda sentirse ofendido.
jueves, 27 de agosto de 2026
El ser querido
Me quito el sombrero, una vez más, ante el trabajo de Rodrigo Sorogoyen. Qué talento. Y qué manera tan inteligente de manejar ese talento con el de los demás. Queda claro desde el principio, desde esos veinte minutos iniciales: el director y su guionista habitual, Isabel Peña, van a por todas. Esos veinte minutos iniciales que conmueven, que perturban, que incomodan, que insinúan todo lo que vendrá después. Un famoso y prestigioso director le propone un papel a su hija, actriz en horas bajas y a la que hace mucho tiempo que no ve, en su nueva película.
sábado, 22 de agosto de 2026
La rotundidad de Ana Belén
Decadencia en 'Islas', la nueva película de Marina Seresesky. La decadencia de unos lugares que conocieron tiempos mejores y de unos personajes que ya poca gente recuerda. Esas grandes actrices (también actores) que, por el motivo que fuera (la edad, el retiro, la vejez, determinadas circunstancias...), van quedando perdidos en la memoria del público. Ahí sitúa la directora argentina, a través del personaje de Ana Belén, esta historia. La actriz que se mira en el espejo y su rostro queda congelado en él. En lo que en su momento fue. Una diva, sin duda. Una Blanche Dubois, una Baby Jane, una Gloria Swanson (imposible no recurrir a estos ejemplos). Incluida la emblemática confianza depositada en la bondad de los desconocidos, Tennessee Williams mediante. De hecho, la diva se esfuerza por atrapar ese último tranvía, aunque no sea el del deseo.
martes, 18 de agosto de 2026
El día que reivindicamos a Lorca
Hoy, que tantas bocas se llenan reivindicando a Lorca (algo que me parece muy bien si la reivindicación viene acompañada de la lectura de su obra), leo:
domingo, 16 de agosto de 2026
Mark Rydell
Ha muerto Mark Rydell, director indispensable de aquellos años 80. 'La rosa', 'En el estanque dorado', 'Cuando el río crece' y 'For the boys'. Cuatro historias inolvidables con unos intérpretes siempre en estado de gracia. Para revisar de nuevo en cualquier momento. Como entonces.
jueves, 13 de agosto de 2026
Luis Antonio Suárez
Cuando algunos llegamos, cuestión de edad, Luis Antonio ya estaba allí. Sentado en el mismo lugar que ocuparía durante todas las noches de aquella juventud que se prolongó lo suyo. Elegante, sonriente, seductor, un punto sofisticado y otro punto misterioso. ¿Qué malo podría pasar si él estaba allí y Yolanda al principio de la barra? Si alguna voz fuera de lugar nos hacía llegar desde la calle sus improperios, él, ajeno a todo aquello y sin perder la compostura, se encajaba las gafas, bebía un sorbo de la copa y se reía con más fuerza de lo normal, sin perder el aplomo ni la elegancia. La música, que también se elevaba, quizá ante un gesto de la propia Yolanda (movimiento de mano, movimiento del vaso ancho del whisky, movimiento de aquel pañuelo morado que por entonces lucía habitualmente), hacía el resto.