sábado, 16 de mayo de 2026

Mátate, amor

Coincidiendo con la escritura de un texto que me han pedido sobre Gena Rowlands, veo 'Mátate, amor', dirigida por Lynne Ramsay, basada en la novela de la argentina Ariana Harwicz, y protagonizada por Jennifer Lawrence, Robert Pattinson, Nick Nolte y Sissy Spacek (por esa larga y ejemplar carrera, aunque esto sea otra historia, se merecía mucho antes un Donostia que Lawrence). Es evidente que Lawrence revisó la filmografía de Rowlands antes de rodar esta complicada película. Muy especialmente, el papel de Rowlands en 'Una mujer bajo la influencia'. Hay que reconocer que digirió bien el aprendizaje, teniendo en cuenta que la actriz recientemente desaparecida está por encima del bien y del mal, y ofrece la mejor interpretación de su carrera hasta la fecha. Desinhibida física y emocionalmente, rozando todos los infiernos posibles, desamparada y perdida, toda la actuación de Lawrence abrasa desde el primer momento.

La maternidad, la fragilidad, la vulnerabilidad, el miedo, el fracaso, la página en blanco, la locura. Ese cuchillo que roza la hierba del bosque donde viven y también las pieles de los seres a los que ama. Ese cuchillo borra de golpe todo rastro de sensiblería. Ramsay, decididamente, opta por el lado salvaje. No tiene piedad con sus personajes: marca de la casa, por otro lado. Los arrastra hasta el límite de sus posibilidades, donde se enroscan y confunden ya todos los términos. Es evidente que ella también ha revisado las películas de Cassavetes.
Y queda también, junto a todo lo mencionado y una constante sensación de desasosiego (el cuchillo, el cuchillo), las buenas interpretaciones de Pattinson y Nolte. Y, naturalmente, la de esa inmensa Spacek de rostro arrugado, ojos vidriosos, larga melena, fuerte carácter y esa escopeta -siempre hay que estar alerta- que no abandona ni cuando duerme.

lunes, 27 de abril de 2026

Diez relatos memorables

 

Diez relatos memorables

 

Soledad Puértolas a lo largo de su larga y fructífera trayectoria ha ido alternando la novela con el relato (más largo, más corto). También, aunque de manera más distanciada en el tiempo, ha cultivado el ensayo en títulos como 'La lucha por la vida’, ‘La vida oculta' (Premio Anagrama), 'Nostalgia de los demás', ‘Lúcida melancolía’ (dentro de la colección Baroja & Yo) o 'Alma, nostalgia, armonía y otros relatos sobre las palabras', delicioso acercamiento al fascinante mundo del lenguaje. Recuerdo que hace tiempo alguien le preguntó por la poesía y, de un modo un tanto huidizo, la escritora no quiso confirmar ni desmentir nada, aunque algo hacía vislumbrar que podría tener material inédito a este respecto en un cajón. El tiempo, como siempre, tendrá las respuestas, despejará las incógnitas. 

Regresa ahora Soledad al relato corto, que podríamos emparentar con títulos como 'Una enfermedad moral', ‘Compañeras de viaje’, ‘Chicos y chicas’ o 'El fin', siendo el cuento que da título a ese volumen uno de los mejores que Puértolas ha escrito. Y decir esto, como imaginarán, es mucho decir. Un incidente cotidiano servía en aquella historia para poner negro sobre blanco algunos de los temas preferidos de la autora: el miedo, el azar, la complejidad de las relaciones humanas (entre familia, parejas, amigos o desconocidos), lo que se esconde al primer golpe de vista, lo que se intuye, la cercanía de la muerte... 

Temas que vuelven a estar en este espléndido libro, 'En el camping', compuesto por diez relatos memorables, que dejan, en cierta manera, como ocurría en 'El fin', un escalofrío y la sensación de que la vida, siendo algo único y formidable, puede llegar también a pesar demasiado en numerosas ocasiones.  

Así ocurre con relatos extraordinarios como ‘Amigas’, 'Teléfonos' (que nos remite de inmediato a Raymond Carver), 'Amores', 'Annemasse' o 'En el camping'. La vida se disfruta. La vida se complica. La vida tiene su lado inexplicable, incomprensible. La vida, finalmente, pasa, se escapa. Y con ella, hallazgos y certezas, vaivenes y deslices, amores (posibles, imposibles) y desamores, momentos un tanto inquietantes y pequeños momentos de placer aparentemente -y sólo aparentemente- insignificantes (un paseo, un café o una copa en una terraza, una conversación con un desconocido, un encuentro inesperado, una lectura a la sombra, un planteamiento intenso o fugaz, una observación...). 

Hay que ser, en todo caso, pacientes con la vida. No perder la calma. Eso también vienen a decirnos algunos de los personajes de este nuevo libro, repleto de reflexiones tan certeras, hermosas y contundentes como esta:

 

“¡Cuántas partes tiene la vida y qué inconexas parecen cuando son contempladas desde lejos, mientras se va reduciendo la distancia que separa lo vivo de lo inerte! Morirás en breve, aun cuando esa brevedad pueda transcurrir despacio. La mente es atravesada por ráfagas de pensamientos solemnes, como sacadas de las páginas de un libro encuadernado en piel o de una obra de teatro. Ya nadie contará tu vida. Tú no estarás para escucharla. Querida Liliana: estas serán nuestras últimas palabras”.

Palabras mayores. Como las que recorren este libro y el resto de la obra de una escritora cuyo nombre ya debería ir acompañado de los grandes premios de este país. Busquen este nuevo título que acaba de llegar a las librerías, rastreen los anteriores si no lo han hecho ya, y luego estoy convencido de que estarán de acuerdo conmigo.

 

(Este artículo fue publicado en la revista El Cuaderno). 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 25 de abril de 2026

The Pitt

Pienso que la segunda temporada de 'The Pitt', como apuntó alguien no recuerdo dónde, es todavía mejor que la primera. Qué gran serie. Y qué grandes intérpretes. Y ese final, ese final... Ahora, a esperar un año (imagino) por la tercera.

jueves, 23 de abril de 2026

Feliz Día del Libro

Recapitulando en este Día del Libro. Feliz jornada de compras y lecturas. Que nada ni nadie nos quite esa emoción de entrar en una librería como si fuese la primera vez. 



"A veces me encuentro de refilón en los libros, aunque sea un libro tan triste y tan hermoso como éste."
David Torres, escritor. 

"Historias de mujeres que hablan entre sí, que hablan con nosotras. De lo cotidiano, de la vida, de la ternura y, sobre todo, de la superación a pesar de las dificultades. Gracias por tu sensibilidad, Ovidio Parades".
Maribel Verdú, actriz. 

"Ovidio Parades es una luz brillante en nuestro panorama cultural. Y que no tardará en saltar fronteras".
Graciano García, Director Emérito Vitalicio de la Fundación Princesa de Asturias.

"Frances Farmer no murió en Seattle' es una de esas lecturas que se te quedan aferradas en la garganta. Leyéndolo fui imposible no acordarme de Raymond Carver o de la melancolía de Lorrie Moore, sobre todo por esa violencia silenciosa que palpita justo por debajo de la normalidad". 
Natacha G. Mendoza, escritora. 


domingo, 19 de abril de 2026

Mudanza

Hay que deshacer la casa. Una llamada inesperada así nos lo indica. Después de once años aquí, la dueña del piso lo necesita para su hijo. A la locura económica de encontrar uno nuevo, se añade el trastorno de la mudanza y la melancolía que conlleva abandonar una casa en la que has vivido momentos excepcionales. Una casa que ha sido refugio para las tormentas que no cesan y para las alegrías compartidas. Tendré que desprenderme de algunas cosas, pero no pienso dejar atrás ninguno de los libros. Todos, incluso los que no voy a volver a leer, forman parte de un momento vital que me ayudó a hacer más llevadera esta existencia. A ver cómo lo arreglamos. 


Aparecen fotos, recortes, apuntes, entrevistas, palabras que ya no recordaba que habían escrito sobre mis libros. Como estas de Laura Freixas sobre mi diario 'Ventanas compartidas' en la revista Clarín en un artículo que se centra en los diarios y en los grandes diaristas. "Ovidio Parades, joven y culto librero asturiano, es capaz de una introspección inteligente y sutil (admirable la emoción sin estridencias con que habla sobre la vejez de los padres o la muerte de un tío)". 

Ya no soy joven ni librero. Soy un hombre de cincuenta y cuatro años que estos días, entre bolsas, cajas, maletas, escribe a tientas su nuevo libro. También estoy escribiendo un texto que me han pedido para un libro colectivo sobre una de mis películas favoritas. Pensar en su protagonista femenina siempre calma el desorden por desordenada que esté su cabeza en esa historia. Son esos momentos, los que aprovecho para escribir, los que me hacen olvidar una realidad que no me apetece nada vivir en estos complicados momentos. Es lo que toca. 

Aparece mamá, claro. En fotos y en cada rincón de la casa. Su alegría, su risa, sus ganas de vivir y de estar con nosotros. Su presencia, en mi memoria, viene en medio de todo este atolladero como una ráfaga de equilibrio y serenidad. Y a ella me agarro, nos agarramos. 
Cuando dentro de unos días cerremos definitivamente esta puerta, ella -silencio y presencia- también vendrá con nosotros.  

domingo, 12 de abril de 2026

El plato favorito de mi madre

El plato favorito de mi madre era el pescado. Fresco, congelado, frito, guisado, a la plancha. Que estuviera bien hecho. Mi madre era exquisita al respecto. Mi madre era exquisita con todo. Yo manejaba bien eso. Las mañanas, a primera hora, en las pescaderías del Fontán o en las que hay por los alrededores de casa. El jolgorio, allí, de quienes madrugan mucho y tienen que llevar con alegría el asunto. Las recetas de las abuelas, que ella tenía en sus cuadernos. Yo me guío mejor por la memoria y la intuición. Los avisos por internet de que esto era mejor que lo otro. Algún apunte de última hora, alguna novedad, vamos a probar, mejor la receta clásica. Y así. Calidad, precio, olor, sabor. La maestría de aquellas chicas del Fontán cortando el pescado como lo solicitabas. Limpio, sin espinas, en rodajas, abierto por la mitad... Mi madre confiaba en mí.

Vamos a lo nuestro: pescado fresco. Ayer preparé calamares guisados en salsa americana, acompañados de arroz blanco, y recordé todo esto. Y todas las variaciones de la célebre magdalena proustiana, de repente. Los tiempos del esplendor, que diría Lidia Jorge en su magnífico libro de relatos. La vida que pasa y la memoria que duele. La vida que duele y la memoria que permanece.
Luego, llamé a mi padre para que viniese a buscar un tupper o táper, según recomienda la RAE.

martes, 7 de abril de 2026

Lange y AHS

Qué decepción. Leo que la última parte de 'American Horror Story' es la continuación de 'Coven', la tercera y la más flloja de las cuatro protagonizadas porJessica Lange (la mejor, para mí, con el personaje más redondo y complejo para la actriz, es la cuarta, a partir de ahí, abandoné la serie), que, tras asegurar que no volvería, está presente en esta nueva temporada. Estirar el chicle, hacer caja, lo de siempre. Le daré una oportunidad por Lange, claro, pero no sé yo... La mitomanía, como todo, ya va teniendo sus límites.