"Tomaos un tiempo para contemplar la luna", les dijo a los alumnos de un colegio de Mieres. Pura poesía. Mieres-Nueva York-Mieres. Por ahí volveremos a encontrarnos.
El extraño viaje. El blog de Ovidio Parades.
miércoles, 21 de octubre de 2026
Patti Smith, Premio Princesa de Asturias
lunes, 19 de octubre de 2026
En el Día de las escritoras
Aquellas tardes pasaban lentas, y los dos agradecíamos que así fuese. Las de invierno las pasábamos en la vieja cafetería de un hotel, fumando y tomando un café detrás de otro. Las de verano, más largas aún, en alguna terraza, tomando café con hielo o copas de vino tinto. Hablábamos de todo: de cine, de teatro, de música, de literatura. Lo que más nos interesaba. Preferíamos estar allí que en las clases de la universidad, tan decepcionantes (salvo excepciones). Algunas de aquellas tardes, si la ocasión lo propiciaba, recorríamos las librerías de viejo o íbamos al cine. Luego, ya sentados en la vieja cafetería del hotel o en la terraza de la zona antigua de la ciudad, comentábamos los hallazgos que acabábamos de encontrar o analizábamos al detalle la película que habíamos visto en una de esas salas que ya no existen. Ella era cinco años mayor que yo, pero no importaba: aún éramos muy jóvenes y nuestros mundos e inquietudes eran similares. Juntos descubrimos a los autores norteamericanos: Capote, Shepard, Carver, Cheever… Los viajes de los Bowles, la nueva narrativa española, los entresijos de la buena novela negra y los poéticos desgarros de Marguerite Duras, entre otros muchos descubrimientos. Por citar, una vez más, a la Duras podríamos decir que por allí nada pasaba, nada, excepto eso, la vida. Un buen tramo de vida, aunque entonces no fuésemos plenamente conscientes de ello. Ninguno de los dos, ni mi amiga ni yo. En aquella primera juventud: tan lejos y tan cerca a la vez del hombre en el que me he convertido.
Un día, casualmente, llegó a nuestras manos ‘El bandido doblemente armado’, que ya llevaba un tiempo publicado y que había recibido el premio Sésamo. Otro descubrimiento. Aquella manera de narrar, de trazar a los personajes, de darle forma a una inquietud y a un mundo muy particular. No hace falta decir que nos deslumbró aquella historia, la voz de aquella narración. La voz de Soledad Puértolas, naturalmente. No podría recordar si era invierno o verano, pero sí podría enumerar las intensas sensaciones que compartimos aquella tarde tras la lectura de la primera novela de Soledad.
Por razones que no vienen al caso, mi amiga se fue de esta ciudad y ya nada volvió a ser lo mismo. Nos fuimos perdiendo la pista como la pierden esos amantes que viven un idilio a escondidas en algún hotel de las afueras de la ciudad durante unos meses. No sé si ella continuó leyendo los libros de Soledad Puértolas. Yo sí. Cada uno de ellos, varias veces. Los libros de esa autora siempre pendiente del detalle, del rumbo del personaje, de lo que se intuye, de la percepción de lo que puede llegar a ser (o no). Se convirtió en una de esas autoras imprescindibles y gracias a ella descubrí, por mencionar a una sola escritora, a Alice Munro, mucho antes de que sus libros se encontrasen con facilidad ni de que la canadiense recibiese el Nobel.
Escribí reseñas en revistas y periódicos sobre sus novelas, sus ensayos y sus cuentos (seguiré haciéndolo), estuve en las primeras filas de la Real Academia cuando leyó su discurso de ingreso (emocionante e inolvidable tarde) y desde hace un tiempo confío en que le otorguen alguno de esos premios importantes que tanto se merece, incluido el Cervantes. El afecto de la escritora es uno de esos pequeños regalos que la vida literaria me ha ofrecido.
La obra de Soledad perdurará en el tiempo, en un formato u otro, los años dirán. Y tal vez, algún día, cuando ya no estemos por aquí, un par de jóvenes vuelvan a sentir la emoción que aquella tarde sentimos mi amiga y yo al leer por primera vez uno de sus libros, en una vieja cafetería de hotel o en una de esas terrazas que hoy tampoco existen, delante de un café o de una copa de vino, ya no recuerdo bien.
sábado, 17 de octubre de 2026
El otoño ya está aquí
Suelo pasar habitualmente por esa calle. De regreso a casa, de vuelta del paseo, de camino a la biblioteca del Fontán tras visitar a mi padre. Ayer, a primera hora de la mañana, volvía a estar allí. Destemplado, con ganas de otro café y la intención de desterrar el pantalón corto hasta la próxima temporada. Hace años me gustaba el otoño, ahora empiezo a detestarlo. Necesito sol, cielos despejados, ausencia de frío. Mientras esperaba que cambiase el semáforo, me fijé en uno de los edificios de la calle. Hace unas semanas, finalizando el verano, una mujer se precipitó al vacío. Tenía, según los periódicos, 69 años. Las preguntas, aunque obvias, resultan inevitables: ¿por qué?, ¿cuáles serían las razones? Suele haber bastantes, por desgracia, así que vamos a dejar la duda en el aire.
martes, 6 de octubre de 2026
La película de mi vida. Libro colectivo.
Manolo Abad me pidió un texto para este libro colectivo. Podría haber elegido varias películas españolas (hoy se celebra el día del cine español), pero creo que he escrito mucho sobre la importancia de algunas de ellas en mi vida. Tampoco eso era demasiado importante, ciertamente. Cada uno escribe sobre lo que le gusta, sobre lo que le da la gana, sobre lo que forma parte de su universo particular. Podría haber elegido muchas películas de cualquier país. Todas trazarían un mapa íntimo y muy personal. Un rastro que me definiría como lo hacen mis gestos, mis actitudes o mis lecturas. El cine me ha acompañado desde muy pequeño y lo sigue haciendo: en pantalla grande y en las pantallas caseras. El cine me ha ayudado a sobrellevar momentos muy difíciles de mi vida. Continúa haciéndolo porque la vida no se cansa de poner trabas.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Recuerdo a Gonzalo Suárez
Recuerdo a Gonzalo Suárez hablando con fascinación de Charo López y a Charo López, a carcajada limpia y con los ojos vidriosos, hablando de Gonzalo Suárez.
sábado, 26 de septiembre de 2026
La bola negra
"Todo lo perdemos porque todo se queda, menos nosotros", escribe Javier Marías en 'Negra espalda del tiempo'. Todo lo perdemos. Todo lo perdieron quienes tuvieron que ocultar su amor por ser un amor diferente al de la mayoría, siempre aceptado. Todo lo perdieron, pero todo se quedó dentro de sus corazones "porque todo se queda, menos nosotros". Todo se quedó, menos ellos, que ya se fueron. De esto, en gran parte, es de lo que nos hablan Javier Ambrossi y Javier Calvo en su última y rotunda película, 'La bola negra'. Del amor que no se podía nombrar (y que aún sigue sin poder hacerse en numerosos lugares, conviene recordarlo), de la sexualidad que no se podía nombrar (y también continúa así en esos lugares), de la sinrazón, de las bolas negras que golpeaban los pechos y los destinos como repugnante letra escarlata. Y más aún, si cabe, dentro del horror de una guerra, de cualquier guerra.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
El cumpleaños de Romy
Romy Schneider también aparece en mi último libro publicado, 'Frances Farmer no murió en Seattle'. Una especie de presencia fantasmal (o no tanto) que camina por la Viena de nuestros días. O tan solo por la cabeza de quien la recuerda y piensa en ella. Realidad o deseo. El deseo, casi siempre, es más poderoso que la propia realidad. Quien lea el relato, escogerá la opción que más oportuna le parezca. Ella, en todo caso, realidad o deseo, seguirá allí. Aquí. Dentro y fuera de la pantalla. Dentro y fuera de nuestra memoria.