Eso que está ahí, al otro lado, que en ocasiones nos asusta y a lo que no sabemos muy bien qué nombre ponerle o donde encajarlo, pocas veces y de un modo tan sutil, se nos presenta como en los cuentos de Cristina Fernández Cubas. El misterio que se esconde detrás de los días y las noches, de determinados acontecimientos, historias del pasado reciente o lejano, o esas casualidades que nos sorprenden, que nos descolocan, que no encajan, que no coinciden exactamente con lo que esperábamos o con lo que debería ser lo lógico, lo previsible. Ese misterio, en los cuentos de la escritora catalana (sólida y original como pocas dentro de nuestra narrativa) que acaba de recibir el Premio Cervantes, siempre está ahí, presente, flotando en el aire, entre líneas, muy vivo. El desasosiego, como un hilo que se va tensando a medida que avanza la lectura de sus relatos, también.
El extraño viaje. El blog de Ovidio Parades.
miércoles, 4 de noviembre de 2026
Cristina Fernández Cubas, Premio Cervantes
sábado, 31 de octubre de 2026
Muertos, flores, cementerios
Estos días, como en 'Volver' (esa película de Almodóvar que está entre las diez mejores de su filmografía), los cementerios se llenan de gente (mujeres, sobre todo) que limpia y pone flores en las lápidas de sus muertos. Es casi un espectáculo. Es su manera de honrar a sus seres queridos. Yo, de pequeño, iba con mis padres a los cementerios correspondientes. Luego, las abuelas preparaban comidas exquisitas y abundantes. Vino bueno que terminaba derramándose sobre los manteles de los días señalados. Las comidas que corresponden a los tiempos del frio, aunque ahora el frío sea menor. Todo eso me parece bien. Cada uno expresa como puede o como quiere el dolor que siente por esas personas a las que no va a volver a ver nunca más. Nunca más. Qué dos palabras tan terribles cuando se juntan.
miércoles, 28 de octubre de 2026
Charo López está de cumpleaños
Cinco minutos. A Charo López, que hoy está de cumpleaños, le bastan cinco minutos en pantalla para demostrar que es una actriz enorme. El mundo en cinco minutos. Toda la vida de su personaje, pasado y presente, en cinco minutos. La tristeza, la picardía, la melancolía, la angustia, el temblor o la carcajada se le sube a los ojos y ya está. Eso hace la Nati, su personaje en 'La colmena' (obra maestra de Mario Camus basada en la novela de Camilo José Cela), cuando se encuentra con Martín, el pobre poeta que interpreta Pepe Sacristán. No necesita más. Y un enorme escalofrío te atraviesa cuando vuelves a verla. Poderosa Charo. Poderosa Nati, a la que la salmantina le pone clase y belleza, palabras y silencios, pasado y presente, futuro incierto y resignación.
sábado, 24 de octubre de 2026
Día de las bibliotecas
Cuando era joven, como ya tenía mucha imaginación y unos cuantos libros y películas a cuestas, pensaba que iba a encontrar el amor en una biblioteca. Iba a buscar libros (sigo haciéndolo), evidentemente, pero había algo en mi cabeza que me llevaba a ese pensamiento. ¿Por qué no?, me preguntaba. Quizá a alguien, más allá de los libros y las películas, le haya pasado. No fue mi caso. Ni cuando iba a buscar libros, a estudiar o a escribir. Mi destino estaba en otra parte.
miércoles, 21 de octubre de 2026
Patti Smith, Premio Princesa de Asturias
"Tomaos un tiempo para contemplar la luna", les dijo a los alumnos de un colegio de Mieres. Pura poesía. Mieres-Nueva York-Mieres. Por ahí volveremos a encontrarnos.
lunes, 19 de octubre de 2026
En el Día de las escritoras
Aquellas tardes pasaban lentas, y los dos agradecíamos que así fuese. Las de invierno las pasábamos en la vieja cafetería de un hotel, fumando y tomando un café detrás de otro. Las de verano, más largas aún, en alguna terraza, tomando café con hielo o copas de vino tinto. Hablábamos de todo: de cine, de teatro, de música, de literatura. Lo que más nos interesaba. Preferíamos estar allí que en las clases de la universidad, tan decepcionantes (salvo excepciones). Algunas de aquellas tardes, si la ocasión lo propiciaba, recorríamos las librerías de viejo o íbamos al cine. Luego, ya sentados en la vieja cafetería del hotel o en la terraza de la zona antigua de la ciudad, comentábamos los hallazgos que acabábamos de encontrar o analizábamos al detalle la película que habíamos visto en una de esas salas que ya no existen. Ella era cinco años mayor que yo, pero no importaba: aún éramos muy jóvenes y nuestros mundos e inquietudes eran similares. Juntos descubrimos a los autores norteamericanos: Capote, Shepard, Carver, Cheever… Los viajes de los Bowles, la nueva narrativa española, los entresijos de la buena novela negra y los poéticos desgarros de Marguerite Duras, entre otros muchos descubrimientos. Por citar, una vez más, a la Duras podríamos decir que por allí nada pasaba, nada, excepto eso, la vida. Un buen tramo de vida, aunque entonces no fuésemos plenamente conscientes de ello. Ninguno de los dos, ni mi amiga ni yo. En aquella primera juventud: tan lejos y tan cerca a la vez del hombre en el que me he convertido.
Un día, casualmente, llegó a nuestras manos ‘El bandido doblemente armado’, que ya llevaba un tiempo publicado y que había recibido el premio Sésamo. Otro descubrimiento. Aquella manera de narrar, de trazar a los personajes, de darle forma a una inquietud y a un mundo muy particular. No hace falta decir que nos deslumbró aquella historia, la voz de aquella narración. La voz de Soledad Puértolas, naturalmente. No podría recordar si era invierno o verano, pero sí podría enumerar las intensas sensaciones que compartimos aquella tarde tras la lectura de la primera novela de Soledad.
Por razones que no vienen al caso, mi amiga se fue de esta ciudad y ya nada volvió a ser lo mismo. Nos fuimos perdiendo la pista como la pierden esos amantes que viven un idilio a escondidas en algún hotel de las afueras de la ciudad durante unos meses. No sé si ella continuó leyendo los libros de Soledad Puértolas. Yo sí. Cada uno de ellos, varias veces. Los libros de esa autora siempre pendiente del detalle, del rumbo del personaje, de lo que se intuye, de la percepción de lo que puede llegar a ser (o no). Se convirtió en una de esas autoras imprescindibles y gracias a ella descubrí, por mencionar a una sola escritora, a Alice Munro, mucho antes de que sus libros se encontrasen con facilidad ni de que la canadiense recibiese el Nobel.
Escribí reseñas en revistas y periódicos sobre sus novelas, sus ensayos y sus cuentos (seguiré haciéndolo), estuve en las primeras filas de la Real Academia cuando leyó su discurso de ingreso (emocionante e inolvidable tarde) y desde hace un tiempo confío en que le otorguen alguno de esos premios importantes que tanto se merece, incluido el Cervantes. El afecto de la escritora es uno de esos pequeños regalos que la vida literaria me ha ofrecido.
La obra de Soledad perdurará en el tiempo, en un formato u otro, los años dirán. Y tal vez, algún día, cuando ya no estemos por aquí, un par de jóvenes vuelvan a sentir la emoción que aquella tarde sentimos mi amiga y yo al leer por primera vez uno de sus libros, en una vieja cafetería de hotel o en una de esas terrazas que hoy tampoco existen, delante de un café o de una copa de vino, ya no recuerdo bien.
sábado, 17 de octubre de 2026
El otoño ya está aquí
Suelo pasar habitualmente por esa calle. De regreso a casa, de vuelta del paseo, de camino a la biblioteca del Fontán tras visitar a mi padre. Ayer, a primera hora de la mañana, volvía a estar allí. Destemplado, con ganas de otro café y la intención de desterrar el pantalón corto hasta la próxima temporada. Hace años me gustaba el otoño, ahora empiezo a detestarlo. Necesito sol, cielos despejados, ausencia de frío. Mientras esperaba que cambiase el semáforo, me fijé en uno de los edificios de la calle. Hace unas semanas, finalizando el verano, una mujer se precipitó al vacío. Tenía, según los periódicos, 69 años. Las preguntas, aunque obvias, resultan inevitables: ¿por qué?, ¿cuáles serían las razones? Suele haber bastantes, por desgracia, así que vamos a dejar la duda en el aire.