martes, 13 de enero de 2026

Aquellos paseos con Lola

Voy a trabajar con el peso de las noticias leídas sobre la cabeza. Intento dejarlas a un lado (demasiado peso) y pienso en Noah Wyle, que se ha llevado de nuevo el Globo de Oro por una serie estupenda a sus 54 años, que son los mismos que los míos. No entiendo los premios a 'Una batalla tras otra', pero eso ya va en gustos. Wyle sigue siendo un buen actor y un tipo atractivo. Esas calles por las que ahora transito camino de la librería son las mismas que hace unas semanas recorría en compañía de mi hermana y de Lola. Han subido las temperaturas y es agradable sentir esa leve cercanía de la primavera. Hoy me sobra la bufanda. Veo a muchas personas con sus perros. Y sobre todos ellos, más feos o más guapos, se impone la imagen de Lola, la bella Lola, tan revoltosa ya a esas horas de la mañana. Cómo la echo de menos. Cómo puede cambiar la vida, aunque suene a tópico, de un día para otro. Ya no habrá más paseos matutinos en su compañía, ni más tardes de vinos con ella a nuestros pies más feliz de lo que nosotros seremos jamás. Estás y ya no estás, y punto. Te vas en 24 horas, hasta siempre, Bye bye love, que cantaban al final de 'All that jazz'. Lo injusto de la vida puede caber en ese espacio de tiempo, ya lo vamos sabiendo. Cuestión de suerte. Y así con todo. Y ya me callo, que tengo que abrir la librería (a ver qué novedades llegan hoy en esas cajas) y mantener la cabeza muy ocupada para no pensar demasiado en tanta ausencia como vamos acumulando. 

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