Pura carnalidad, puro lirismo. Y esa peligrosa dosis de divismo que, cuando se traspasa más de la cuenta, puede dar en conflicto. Quizá la edad haya conseguido calmarla.
sábado, 31 de mayo de 2025
Grace Jones
viernes, 30 de mayo de 2025
Feria del Libro de Madrid
Javier Castro Florez, editor de Newcastle, escribía esto después de la lectura de 'Mi madre y yo':
viernes, 23 de mayo de 2025
Fotografías
Me ha emocionado mucho la fotografía del ministro Puente con su padre, un anciano, y su hijo, un bebé de apenas unos días. Los ojos, con una alegría y un entusiasmo que no se ocultan, del padre y del abuelo. Los del bebé, como es lógico, están cerrados. Qué contraste con esas otras imágenes de interminables guerras que estamos viendo estos días. Hay esperanza, parece decirnos esa fotografía, aunque sea débil y a veces sólo consiga colarse por una grieta abierta en medio de la pared. Luz que se filtra por esas rendijas.
jueves, 22 de mayo de 2025
Mi madre y yo, por Leticia Sánchez Ruiz
Hace un año -cómo pasa el tiempo, aunque haya heridas complicadas de curar-, presentaba en Oviedo mi libro más personal (el que nunca hubiese querido escribir), 'Mi madre y yo'. Horas antes, Leticia Sánchez Ruiz (publica nuevo libro en unos días, atención), que me acompañó en el trance, escribía uno de los textos más hermosos de los muchos que se han escrito sobre él. Mi agradecimiento de nuevo para ella y para toda la gente que se sigue acercando a este trabajo. Aquí está el texto de la amiga y escritora:
martes, 20 de mayo de 2025
Una foto de Navidad
Íñigo trajo ayer de casa de sus padres una de esas fotografías que nos hacíamos de pequeños en Galerías Preciados sentados sobre las piernas de un Rey Mago. Mi hermana y yo también tenemos las nuestras. Todos los niños de la época tenemos una (o varias). Un clásico. Creo que el negocio sigue en El Corte Inglés, aunque la Navidad para mí ya sea algo borroso donde sólo se acumulan recuerdos y largos paseos por una ciudad que no es la mía. Siendo una foto preciosa de un niño guapísimo (un poco asustado, eso sí) que se convirtió en un hombre igual de guapo, no era a esto a lo que iba. A lo que iba es al Rey Mago. Gaspar, deduzco. Un chico sobre los treinta, quizá menos, con ojos marrones y bonitos, ¿un poco achispados?, ¿oliendo a tabaco rubio?, con la barba postiza y toda la parafernalia del asunto. Pienso en ese chico. ¿Qué habrá sido de él? ¿Querría en esa época, finales de los 70, ser actor, poeta, mimo, maestro, ingeniero de minas, peluquero, tabernero? O simplemente quería sacarse un dinero extra para salir el fin de semana con una novia de la que ahora, si sigue vivo, posiblemente no sepa nada. Quizá estén muertos los dos. La droga empezaba a causar estragos, ya recordamos. Es otra posibilidad. También puede ser que con esa chica o con otra formasen una familia y ahora sea un hombre viejo y cansado. O sea un hombre más o menos feliz -viudo o aún casado- viviendo en un apartamento del sur con vistas al mar, leyendo las memorias de Nabokov por las mañanas y jugando al bingo por las tardes, escuchando Radio Clásica y tomándose después un gin-tonic de Beefeater poco cargado mientras cae la noche y algunos pescadores siguen faenando en sus barcas. Quién sabe.
sábado, 17 de mayo de 2025
Contra la LGTBfobia
En este Día Internacional contra la LGTBfobia podría decir muchas cosas. Algunas ya las he escrito en mis libros. Y otras, como el caso que me contó ayer un antiguo vecino sobre el bullying que están ejerciendo contra su hijo, no las cuento porque no me pertenecen. Pero me duelen, todavía me duelen. Puedo contar una anécdota reciente que refleja bien el odio de algunas personas. Cuando salía a pasear con mi madre, nos encontrábamos a menudo con una mujer que ella conocía porque coincidían en los mismos comercios. Bien. Esta mujer se dirigía en todo momento a mi madre, como si yo no estuviese presente. No me iba la vida en ello, como entenderéis, pero era desagradable porque si algo no soporto, además de la homofobia, es la mala educación. Y esta tipa, aparte de homófoba, era una maleducada. Es. Porque la encuentro a menudo por el barrio y, aunque la encuentre cara a cara, jamás me saluda. No pasa nada. O no pasa nada de momento. Porque gente como ella es la que cuando algo sí puede pasar, se ponen los primeros en la fila a tirar piedras.
viernes, 16 de mayo de 2025
Paisaje
Viernes. 7 y media de la mañana. Acompaño a mi hermana a la estación de autobuses. Una mujer de unos sesenta años cuenta en voz alta su vida: lo que tuvo que limpiar, lo que le costó comprar su casa, lo mal que la trata este país, y en este plan. Me despido de María. El monólogo de la mujer continúa cuando salgo de la estación. Prosigo mi paseo debajo de una lluvia fina. Paso por delante de un tugurio que pensaba que llevaba años cerrado. El portero saca a los últimos clientes. Apenas pueden sostenerse en pie, pero agarran con fuerza la última copa que les han puesto en un vaso de plástico. Gente de mi edad más o menos. Un poco después un tipo, también en torno a los cincuenta, se despide con besos que lanza al aire de una chica que está a unos metros de él. Les cuesta mantener el equilibrio. Él apura un cigarrillo y se mete en un taxi. Ella sigue caminando como puede. ¿Han vuelto a ponerse de moda las noches de los jueves para salir? Agradezco, con moda o sin ella, no estar en edad de salidas nocturnas. Agradezco también las pocas ganas que tengo de ello. En contraste, niños que van al colegio. Caras de sueño, caras risueñas, algarabía infantil. Una niña diminuta, también esperando a que cambie el semáforo, me dice hola. Le contesto de la misma manera. La madre, al ponerse el semáforo en verde, tira de ella como diciendo no son horas de hacer amistades, nena. Paso por delante de una panadería cuyo olor me seduce. Entro y compro una barra de pan. Aún está caliente. Ese calor me reconforta. Le hago una foto a ese paisaje donde decían que hoy iba a lucir el sol. Pienso en Raymond Carver y sigo caminando. Hoy van a ser más de seis kilómetros, seguro