domingo, 26 de mayo de 2024

El escritor Ernesto Calabuig sobre Mi madre y yo

Tarde de domingo. Termino de leer el último libro de Ovidio Parades, impresionado por su belleza, su autenticidad y el modo tan clarividente y sobrio de contar desde el dolor. Podría decírselo a él en privado, pero creo que estas cosas deben compartirse y celebrarse.

Enhorabuena por este libro tan difícil de escribir y tan logrado.

miércoles, 22 de mayo de 2024

La escritora Leticia Sánchez Ruiz sobre Mi madre y yo

Leí `Mortal y rosa' de Paco Umbral en un aeropuerto, y también leí así, entre esperas y aviones, 'Mi madre y yo' de Ovidio Parades. Fue algo casual pero me pareció relevante: los dos son libros que hablan sobre la pérdida de un ser querido, los dos son libros hermosísimos, los dos son pura literatura. Supongo que esta clase de historias hay que leerlas en un estado de tránsito. Parades habla de la muerte de su madre, de ese camino de no retorno que fue haciendo poco a poco con ella, del dolor que le produjo, de la devastación que supuso el fin, del vacío que esta ausencia le dejó; el pecho temblando por el agujero de una bala que se ha llevado parte de su corazón y late distinto, desprotegido, desnortado. Pero en este libro no se habla únicamente de muerte, sobre todo se habla de vida. De lo que Ovidio vivió con su madre, de quién era ella, de quién es él y de quiénes eran ellos dos juntos. 'Mi madre y yo', como todo buen libro, está plagado de contrastes. El verano brumoso en que su madre fallecía y los tiernos veranos de la infancia bajo el sol mediterráneo que vivieron j(y los locos veranos de amor en Gijón). El dulce pájaro de la juventud en el que cualquier cosa era posible, y la nostalgia de una vida ya pasada. El inabarcable amor que encontró con Íñigo, y el desprecio que halló en unos compañeros de colegio que se hacían fuertes insultando al que era distinto. Está lleno de libros, de cine, de terrazas, de comidas, de teatro, de viajes, de fruta jugosa, de copas de vino, y también de hospitales, partes médicos, convalecencias, dudas, temores, manzanas podridas, incomprensión. Dolor y alegría. Mucha alegría, y mucho dolor. 'Mi madre y yo' no sólo es un hermosísimo canto de amor a Nuria Álvarez Alonso , sino también, a mi parecer, la mejor obra de Ovidio Paredes, en la que su literatura llena de detalles brilla como nunca y ni una sola línea tiene desperdicio.

Hoy, en la librería Matadero Uno

 Hoy, miércoles 22, a las 19 horas, presentación en la librería Matadero Uno de 'Mi madre y yo'.


"Un libro precioso y necesario". Laura Riñón, escritora y librera en Amapolas en Octubre. 

"Este relato breve tiene algo de la señora Dalloway, incluso de los tres personajes femeninos de aquella magnífica película". Justo Sotelo, escritor y profesor. 

"Es muchas, muchas cosas; entre otras, una gran obra literaria". Leticia Sánchez Ruiz, escritora. 
 
"Trasforma el duelo en palabras y las palabras en belleza." Rafa Gutiérrez Testón, librero. 

"Conmovida, emocionada y orgullosa". Azucena Vence, periodista. 

"No se regodea ni en el dolor ni en la pérdida, se regodea en el amor y en el pasado". Jesús Feliciano Castro Lago, escritor.  

"Háganse un favor y lean Mi madre y yo". Maite Núñez, escritora. 

"Una hermosísima carta de amor". César Inclán, periodista. 

""Me gustó mucho este nuevo libro de Ovidio Parades." Esther Prieto, escritora y editora en Ediciones Trabe. 

lunes, 20 de mayo de 2024

Mi madre y yo, por el escritor Jesús Feliciano Castro Lago

«MI madre murió la madrugada del 26 de junio de 2023.» Esta es la primera frase del libro. Ya sabemos el final, pero cada muerte es diferente, como cada vida. Esta historia es la de una muerte que une vidas. No se regodea ni en el dolor ni en la pérdida, se regodea en el amor y en el pasado. Es un reconocimiento maravilloso a la labor de una madre. ¡Cuánta ternura! ¡Cuánta verdad! ¡Cuánta emoción! ¡Qué delicadeza cuando tiene que describir el momento inevitable! Tuve que cerrar el libro durante un rato y activar mi fábrica de recuerdos. Uno empatiza con el autor porque habla de sentimientos universales con nombres propios.


sábado, 18 de mayo de 2024

Mi madre y yo, por el escritor Justo Sotelo

 "Leyendo "Mi madre" y yo", de Ovidio Parades".

He hecho un alto en los muchos exámenes que tengo que corregir este viernes y me he bajado a la Plaza de Callao, a desayunar un chocolate con churros en la cafetería Valor. Cada vez que paso por la puerta es como si me trasladase a Villajoyosa, en Alicante, que es de donde viene este chocolate. Y a su playa de nudistas que tanto me gusta.
¿He dicho alguna vez que cojo cariño a las cosas que me gustan?
Ovidio ha sido librero en su tierra, Oviedo, donde nació en 1971. Es narrador, crítico y gestor cultural, y esta tarde presenta este libro en Gijón. No nos conocemos en persona, pero hemos leído algunos de los libros del otro. Me gusta cómo escribe, incluso cuando ama y siente dolor ante la reciente muerte de su madre. Este relato breve tiene algo de la señora Dalloway, incluso de los tres personajes femeninos de aquella magnífica película. Y tiene mucho de él, en este ir y venir hacia atrás y hacia delante de su vida.
Y su madre lleva flores en el pelo. Ovidio y yo sabemos porqué.

jueves, 16 de mayo de 2024

Presentaciones Mi madre y yo

Estoy un poco nervioso. La presentación de este libro, circunstancias obvias, será diferente a las demás. Al contrario de las once veces anteriores, mi madre no estará ahí, en primera fila, señalándome con la mirada que todo va bien. Pero, como corresponde, allá vamos. Llegó la hora. Mañana, viernes 17, a las 20 horas, en la librería La Buena Letra de Gijón. Y el miércoles 22 aquí, en Oviedo, a las 19 horas, en la Librería Matadero Uno. Os espero. Os esperamos.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Buen viaje, señora Munro

Hace ya unos muchos años, cuando aún no había recibido el Nobel ni casi nadie la leía en este país, me acerqué a algunos de sus libros, los que estaban publicados en castellano. En alguna parte, Soledad Puértolas -cuya literatura guarda más de un punto en común con la de la canadiense- comentó que sus cuentos se encontraban entre sus favoritos y ese mismo día fui a buscar alguno de sus títulos a la biblioteca del Fontán, donde tantas tardes de mi vida he pasado. Alice Munro era canadiense como Margaret Atwood y como Margaret Laurence (ojalá Libros del Asteroide continúe rescatando sus historias), cuyas obras había leído con gran entusiasmo. Se trataba de una ama de casa que había decidido escribir. Lo hacía en su habitación, mientras sus hijas pequeñas jugueteaban alrededor. Uno de los primeros libros que leí de Munro fue "Las lunas de Júpiter", en una edición del año 82 de la editorial Versal. Me impactó. Los relatos de Munro encerraban novelas enteras. En unas cuantas páginas, quedaban plasmadas historias familiares completas. El ir y venir de sus miembros, las alegrías y las desdichas, las zonas oscuras y las luminosas: vidas enteras plasmadas en aquellas pocas páginas. La miseria y la grandeza de lo cotidiano. Muchas historias de mujeres. Madres, hijas, abuelas. Mujeres que vivían atrapadas en sus destinos, que se rebelaban contra ellos, que buscaban su camino. Pequeñas piezas que encajaban a la perfección dentro de un puzle. Algunos años después, cuando Alice Munro aún seguía sin estar de moda y sus libros continuaban siendo inencontrables más allá de especializadas librerías de viejo, hallé aquel libro, "Las lunas de Júpiter", en una de ellas y a un precio astronómico. La mitomanía literaria siempre cuesta dinero, mucho dinero, ¿quién dijo lo contrario? Y me hice con él. Hoy, junto a otro título editado por Versal, "Amistad de juventud", sigue en mi biblioteca. Alice Munro, la mujer que un día dijo: "El triunfo de mi vida ha sido que ninguno de los ambientes en los que me encontré dominaron sobre mí". Alice Munro está ahí, en mi biblioteca, junto a las otras escritoras canadienses y también junto a los libros de quien me la recomendó aquella lejana tarde, Soledad Puértolas. Poco a poco, gracias a RBA y Lumen, se fueron publicando sus nuevos títulos y recuperando los antiguos. En las estanterías de las librerías en las que trabajé, siempre estuvo ella, Alice Munro. También en los escaparates. A algunos grandes aficionados a la buena literatura, les recomendé aquellos libros y se quedaron maravillados con aquella prosa sencilla que escondía detrás miles de historias, de sentimientos, de latidos. Poderoso mundo literario el suyo. Se acaba de morir y yo rememoro hoy alguno de aquellos viajes, los que iban de la casa de mis padres a la biblioteca pública del Fontán. Sin duda, algunos de mis mejores viajes. Y tan fascinantes y llenos de expectación como si hubiesen sido al otro lado del mundo.