miércoles, 28 de agosto de 2019

Azucena Vence

Azucena Vence es mi amiga desde hace unos cuantos años ya. Empezó siendo una voz que escuchaba en la radio mientras era feliz trabajando en una librería y poco después fue la voz que leyó mis textos en todas las presentaciones de mis libros hasta la fecha. Pero no es mi amiga por eso. Es mi amiga porque viene y me alegro de verla y la beso y la abrazo como beso y abrazo a mi hermana y a mi madre (besos sonoros, lejos del roce protocolario de las pieles), y ella me besa a mí de igual modo. Es mi amiga porque le digo hay este problema y me dice tranquilo, aquí está mi mano y todo lo demás para lo que haga falta. Es mi amiga porque no huye, porque no se esconde, porque tiene un alto concepto de la ética. Porque dice la verdad, siempre, y siempre con suavidad y firmeza. Porque dice, también con suavidad y firmeza, cuenta conmigo (y cuento con ella, y ella cuenta conmigo, y los dos lo sabemos), aunque el camino (el suyo, el mío, el de todos...) sea duro e injusto a veces. La quiero mucho. Y esto es todo lo que quería decir por aquí. 

domingo, 25 de agosto de 2019

Recordando a Truman Capote

La primera vez que estuve en Nueva York (septiembre, 2008) y visité la casa de Brooklyn donde Truman Capote escribió 'A sangre fría', aquel libro que le llevó a la gloria y de ahí -como en un brutal abrir y cerrar de ojos- al infierno, sentí un tremendo escalofrío. Allí, en aquella especie de sótano, en muchas mañanas frescas y soleadas como aquella, aquel hombre bajito y de voz chillona, adicto a casi todo, de un modo incansable y obsesivo, había escrito aquella impresionante obra. La genialidad ahí, a escasos metros de los ojos de este mitómano. 
Recuerdo hoy, cuando se cumplen 35 años de su muerte, al escritor, aquella mañana tan lejana ya de septiembre caminando por las calles tranquilas de Brooklyn y también al gran actor Philip Seymour Hoffman, que supo reflejar con maestría sus gestos y su tormento, acaso demasiado parecido al suyo propio. 

sábado, 24 de agosto de 2019

Desayuno

De repente, desayunando un pincho de calamares con mi madre, regreso a la infancia. Tengo ocho, diez, doce años. Tomamos calamares fritos con el aperitivo, en Grao. Apuramos el verano. El regreso al cole, a la vuelta de la esquina. Nadie sabía lo que iba a suceder en los años que estaban por venir. Cuarenta años. Toda una vida. No importa eso ahora. Hemos llegado hasta aquí, hasta esta mañana de 2019 en la que también apuramos el verano. Sin pensar en nada más. Sólo en escoger la parte más soleada de la terraza, compartiendo charla y desayuno. 

viernes, 23 de agosto de 2019

La voz de las mujeres

La memoria casi siempre es fuente de inspiración, de controversia, de conflicto. La memoria, reconstruida o levemente deformada, como territorio para la búsqueda y la exploración. La memoria, tan necesaria, como material para tejer desde el presente sueños, esperanzas, quimeras, realidades, dolor, recuerdos, imágenes con diversas tonalidades y las dos caras de una misma moneda. La memoria, siendo honestos, como seña de identidad. La memoria personal y la memoria colectiva. La memoria para saber quiénes somos y, sobre todo, quiénes fuimos. O, quizá habría que apuntar más correctamente, quiénes fueron nuestros antepasados: nuestros padres, nuestros abuelos, nuestras madres, nuestras abuelas. Ellas, todas esas mujeres, cada una con su carácter y su voluntad, con su perfil y su determinación, que, casi en silencio, aprendieron rápidamente a levantar el mundo que les había tocado en suerte, sabiendo que su papel, de cara a la sociedad o a la historia, iba a ocupar, injustamente, un lugar secundario. Recuperar la voz de esas mujeres, tan diferentes entre sí, es uno de los temas más destacados de la segunda y magnífica novela de Gema Nieto, 'Haz memoria', que acaba de publicar la editorial Dos Bigotes en una edición muy cuidada. 
Nieto navega por aguas turbulentas, por recovecos a los que algunas personas aún les cuesta adentrarse, por senderos donde la luminosidad de la infancia contrasta con lo sórdido de tiempos oscuros e injustos. Hacemos caso y hacemos memoria, sí, para no perder la perspectiva de las cosas, de los hechos, del pasado. Un pasado que, como siempre, determina irremediablemente el presente. Y que no conviene olvidar porque su lado más tenebroso siempre está al acecho, como un nubarrón espeso que se resiste a desaparecer. 
Novela para degustar lentamente, para pensar, para reflexionar. Leyéndola, en sus vaivenes hacia atrás y hacia delante en el tiempo, se puede entrever el esfuerzo de Nieto para llevar esta historia a buen puerto. Y también se pueden entrever las influencias de dos de las escritoras favoritas de la autora, Virginia Woolf y Ana María Matute. Las sombras de ambas revolotean por aquí, entre las voces de una memoria que resulta tan compleja como cercana. 

martes, 13 de agosto de 2019

Lo que nos protege del miedo

La vida es un un latido, un pulso, un aullido, una presencia, un olvido. Siendo honestos, como intentamos ser, habría que escribirlo mejor así: muchos latidos, muchos pulsos, muchos aullidos, muchas presencias, muchos olvidos. La vida es también un prólogo y un epílogo. Y todo lo que vamos haciendo (o nos van dejando hacer, que esa es la verdadera historia que nunca nos relatan completa) entre el uno y el otro. La vida es un aquí y ahora, una mirada que fulmina y se va (o se queda y nos pierde: nos pierde un poco más si es posible), una charla, una noche (o mil noches solitarias o en gozosa compañía), una despedida (mil despedidas, claro). La vida es fuego y es tempestad. La vida es, sobre todo, un corazón que palpita, y goza, y sufre, y se detiene finalmente. Y eso, todo eso, es lo que Lauren García va desgranando, poema a poema, en su último libro, 'La muerte de la tristeza', editado primorosamente por Más Madera, con prólogo de José Luis Rey. 
Un entusiasta afán por encontrar la belleza (en la búsqueda está también parte de la aventura, del secreto, de la gloria y, hay que decirlo, del fracaso), por perderse en unos ojos o en una melena, por escribir un puñado de sentimientos que dejan al poeta en estupenda evidencia. La vida es el rastro que dejamos en los demás y el rastro que los demás nos dejan a nosotros. Eso también está presente en este puñado de poemas. Y las noches, y las tabernas, y las calles de esta ciudad o de otras ciudades que conocemos y donde también buscamos cobijo en las palabras, en los besos (reales o imaginarios) y en la copa de vino que nos eleva y nos protege del miedo, que, como aquella parte del relato que nunca nos terminan de contar del todo, también existe. De hecho, cada palabra siempre está escrita contra él, contra el miedo, y sus devastadores efectos. La palabra, por momentos, puede hacernos superiores al miedo. Y eso, entre otras cosas, es lo que ha conseguido Lauren García con este poemario que recomiendo sin vacilar.  
Importantes palabras que llevan implícitos importantes sentimientos. Los que, en definitiva, cuentan. Palabras y sentimientos -hondos- que hacemos nuestros y consiguen separarnos de ese miedo que siempre termina transformándose en abismo. 
  

domingo, 11 de agosto de 2019

Ropa limpia

Pronto, según dicen, empezará a llover. Entro en la cocina, pongo la cafetera y recojo la ropa del tendal. Ha refrescado. En pleno verano, de repente, pequeñas ráfagas de otoño. El olor del café se mezcla con el de la ropa limpia. Me viene a la memoria la ropa en el tendal de mi abuela, secándose al aire libre, mecida por el viento de los veranos inestables del norte. El olor del jabón y el olor del campo. Las sábanas tocando aquel cielo azul y una vida entera por delante. La cara de aquel niño es ahora la cara de mis padres, de los dos, de mi padre y de mi madre, tocada por el tiempo. La cara de quien sufre y goza, de quien conoce la serenidad y el abismo, la risa y su contrario. La vida se debate entre ambos conceptos. La vida, esa constante búsqueda del equilibrio. Nada de eso sabíamos entonces, cuando el viento mecía la ropa que la abuela acababa de tender, y el sol iba y venía, y las manos olían a chocolate y a ciruelas. Seguimos aquí, aprendiendo lecciones, descubriendo -a estas alturas, sí- quien está de nuestro lado y quien está en el lado contrario. Todos nos definimos por nuestros posicionamientos. Es lo que hay. 
Doblo la ropa limpia, me sirvo otro café. Aún no ha comenzado a llover, quizá no lo haga después de todo. Los domingos siempre son días extraños. 

martes, 6 de agosto de 2019

Toni Morrison

Leí 'Jazz' hace muchos años, más o menos cuando le concedieron el premio Nobel a Toni Morrison. Rosa Montero había escrito una crítica muy elogiosa sobre la novela, y no lo dudé ni un instante. Me deslumbró aquella historia llena de amor, dolor, rabia, humor y una música que estaba por debajo de todas aquellas palabras. Luego leí otras obras suyas, pero ninguna me pareció tan poderosa como aquella. 
Cada cual -siempre ocurre así- tendrá su historia favorita de esta mujer que luchó por los derechos de las mujeres negras con firmeza y decisión, y que ahora se acaba de morir. 
Sirvan estas breves palabras como pequeño homenaje de despedida.