Suelo pasar habitualmente por esa calle. De regreso a casa, de vuelta del paseo, de camino a la biblioteca del Fontán tras visitar a mi padre. Ayer, a primera hora de la mañana, volvía a estar allí. Destemplado, con ganas de otro café y la intención de desterrar el pantalón corto hasta la próxima temporada. Hace años me gustaba el otoño, ahora empiezo a detestarlo. Necesito sol, cielos despejados, ausencia de frío. Mientras esperaba que cambiase el semáforo, me fijé en uno de los edificios de la calle. Hace unas semanas, finalizando el verano, una mujer se precipitó al vacío. Tenía, según los periódicos, 69 años. Las preguntas, aunque obvias, resultan inevitables: ¿por qué?, ¿cuáles serían las razones? Suele haber bastantes, por desgracia, así que vamos a dejar la duda en el aire.
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sábado, 17 de octubre de 2026
El otoño ya está aquí
En el aire se quedó la duda mientras contemplaba los edificios de esa calle, una vez más. Todos con espléndidas vistas a ese Campo que sirve de refugio para solitarios, melancólicos, paseantes, gente cansada o niños en busca de un columpio, ajenos aún al devenir del tiempo.
Pocas horas después, a través de los medios digitales, descubro que la policía encontró muerta en uno de esos edificios a otra mujer dentro de su vivienda. Tenía 80 años, causas naturales.
No hay nada extraño en esta última historia, suelen estar a la orden del día. Nada que añadir, salvo tal vez una reflexión sobre la soledad. La soledad de las personas mayores y de las que no lo son tanto. La soledad, quizá, no deseada. Quién sabe.
Esa soledad que, en un momento u otro, de una manera u otra, acaba formando parte de cualquier vida. Aunque ahora nos pueda parecer algo lejano.
Hoy hace frío, llovizna. El otoño ya está aquí. Y los pantalones cortos, definitivamente, en el fondo del armario.
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